París, 17 de diciembre de 1639
Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí ayer por la tarde la suya del día de san Nicolás, que me ha proporcionado un consuelo muy sensible tras la preocupación que tuve por el lugar donde podía estar y el estado de su salud. Bendito sea Dios de que está ya en Angers y alojada en casa del buen señor abad de Vaux. No le contestaré por la presente a todo lo que me indica, ya que todavía no he podido ver a las hermanas de La Chapelle y el mensajero tiene que marcharse enseguida.
Le he escrito esta semana para contestar a la suya de Saumur, y dirigí mi carta al señor abad de Vaux, al que me tomé el honor de escribir.
Hoy es el sábado de las cuatro témporas, que me obliga a ir a decir misa en Notre-Dame por la Caridad. Después de comer, con la ayuda de Dios, iré a La Chapelle, hablaré con la señora Turgis y empezaré a dar las órdenes a las hermanas que pide; pero creo que no hay que pensar en María, la de san Germán, ni en la de san Pablo. Procuraré enviarle a las demás lo antes posible y pensaré un poco en la señora Turgis. Hay muchas cosas que decir en pro y en contra.
¡Ay, Dios mío! ¿qué podremos hacer por Nancy, donde es necesario que enviemos algunas cuanto antes? Así se lo hice esperar ayer a la señora duquesa de Aiguillon. Sobre Enriqueta, todavía no sé nada de nada.
De los artículos, creo que ha respondido bien y que no es necesario hacer más; ya veremos dentro de algún tiempo, durante el cual se podrá hacer alguna prueba de lo que Dios quiere. Me parece que hará bien en hablar de este asunto, e incluso en mostrar su pequeño reglamento de vida, al señor de Vaux y a algún otro que él crea conveniente, y especialmente en robustecer a las hermanas en la resolución de guardarlo bien y de seguir la dirección en la forma que se indica en dicho reglamento; y les inculcará, tanto a esos señores como a ellas, la importancia de cambiarlas. La señora duquesa de Aiguillon me lo decía uno de estos últimos días.
Estuve ayer, sábado, en La Chapelle, donde vi a todas. Están muy bien, gracias a Dios. La señora Turgis está muy contenta de ellas.
Enriqueta sigue en su casa. Su hermano ha venido a decir que antes de ir a Saint-Germain vendría a La Chapelle. No es conveniente que vaya allá. Hay que enviar a alguna otra a Saint-Germain y retenerla a ella aquí para hacerle conocer su falta.
Encuentro ciertas dificultades para enviarle a la señora Turgis. Creo que será bueno enviarle a Genoveva, que estuvo con usted cuando vivió por aquí, o bien a María 13, que estaba con los niños expósitos. Si le enviamos a ésta, enviaremos a aquélla a Saint-Germain, o al contrario. Procuraré hacerlas partir dentro de tres días.
Su hijo sigue bien; todavía no he hablado con él debido al ajetreo que tengo. Enviaré a buscar a las hermanas esta tarde después de comer para que salgan pasado mañana, con la ayuda de Dios, en cuyo amor soy, con tal que cuide de su salud, señorita, su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
Dirección: A la señorita Le Gras, alojada en casa del señor abad de Vaux, en Angers.
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