109. La Cofradía de la Caridad de mujeres viudas y solteras del pueblo, ha sido instituida para honrar a Nuestro Señor, su Patrón, y a la Santísima Virgen, y para imitar en cierto modo a las mujeres y jóvenes del evangelio que seguían a Nuestro Señor y administraban las cosas que le eran necesarias a El y a sus Apóstoles. Y al hacer esto, trabajar en su propia perfección, en la salvación de su familia y en la asistencia corporal y espiritual de los pobres enfermos de dicho lugar y de las aldeas (vecinas), sirviéndoles por sí mismas en su Parroquia, y procurando que estén bien asistidos en las aldeas por2. Los miembros de la Cofradía de la Caridad. las buenas Hermanas 2 de la Caridad que hay en las mismas proporcionando de los fondos de su bolsa común a las Caridades de dichas aldeas, las cuales no los podrían asistir sin dicha ayuda, y procurarán también que unas y otras hagan todo lo posible para que los pobres que sanen vivan bien el resto de sus días y los que mueran salgan de este mundo en buen estado.

Dicha Cofradía estará dirigida por tres viudas, o solteras de cierta edad, miembros de la misma, que serán elegidas por los demás miembros a pluralidad de votos, de tres en tres años; dichos votos serán recogidos por el Superior de la Misión u otro encargado por él: de las tres, una será la Superiora, otra la tesorera y otra la ecónoma.

110. La Superiora cuidará de que el presente reglamento sea observado, llevará 3. El texto está aquí corregido por el Señor Vicente.la dirección de dichas viudas 3 en lo relacionado con la Cofradía, recibirá en la misma Cofradía a 4. Primeros esbozos de la Compañía de las Hijas de la Caridad (Nota de la traductora).las jóvenes del campo a las que juzgue aptas 4 para ella, las despedirá cuando vea que no reúnen las condiciones requeridas para la Cofradía, las trasladará de un lugar a otro, las dirigirá por los caminos de la salvación, les enseñará la forma de asistir bien a los pobres enfermos según los fines de la compañía, así como a llevar la escuela en las aldeas, y las corregirá.

En una palabra, será el alma que anime el cuerpo y le haga funcionar según el designio que Dios tiene sobre él; todo ello, no obstante, ateniéndose al parecer del Sacerdote de la Misión nombrado por el Superior, y de las otras dos oficiales, cuando residan en la Casa, o si no residen en ella, tomará su consejo solamente en las cosas más importantes.

La tesorera servirá de consejera a la Superiora y para ello llevará un libro de ingresos y gastos, tendrá una llave del arca en que se guarden los documentos y el dinero de dicha Cofradía, a excepción de 100 escudos que quedarán en manos de la que desempeñe el cargo de ecónoma, y dará cuenta todos los años a la Junta en presencia de dicho Superior.

La ecónoma servirá también de consejera a la Superiora, en caso de necesidad, y cuidará, siguiendo el parecer de dicha Superiora, de que no falten las provisiones y de que la que haga sus veces en la Casa, si ella no reside allí, las desempeñe cuidadosamente; dará cuenta el mismo día que la tesorera.

111, Dichas viudas mirarán a la Superiora en Nuestro Señor y a Nuestro Señor en ella; estafan obligadas a observar este reglamento y las que residan fuera, el que les sea indicado; unas y otras contribuirán a la conservación de esta buena obra, según sus facultades y devoción; se querrán mutuamente unas a otras, como hermanas a las que Nuestro Señor ha unido con el lazo de su amor; amarán a4. Primeros esbozos de la Compañía de las Hijas de la Caridad (Nota de la traductora). las jóvenes 4 como a hijas de Jesucristo, y se reunirán por lo menos todos los meses para tratar juntas acerca de las cosas contenidas en este reglamento.

Las referidas viudas harán ejercicios espirituales una vez al año, para lo cual se retirarán a la Casa; irán a visitar las Cofradías de la Caridad de las aldeas cuando la Superiora se lo ordene y ellas puedan, pero siempre siguiendo órdenes del Superior de la Misión o del Sacerdote por él comisionado.

Las jóvenes mirarán a las viudas como a sus Señoras y Madres, honrarán a la Santísima Virgen contemplándola en ellas, obedecerán a su Superiora mirando a Nuestro Señor en ella y a ella en Nuestro Señor; irán de buen grado a donde se las envíe, sea a la ciudad o a las aldeas, regresarán de la misma forma cuando la Superiora las llame, servirán a los pobres enfermos y enseñarán a las Hermanas de la Caridad de aquel lugar cómo hay que asistirlos, enseñándoles también a preparar y administrar los medicamentos, a curar las llagas y otros males. No saldrán de su habitación sino de dos en dos, en cuanto sea posible, para ir a la iglesia, a comprar las provisiones y a visitar a los pobres en sus casas, no se detendrán a hablar con nadie por el camino, enseñarán a las niñas de las aldeas cuando estén allí, y tratarán de formar a algunas jóvenes en el mismo lugar para que en ausencia suya continúen haciendo lo mismo, todo ello por amor de Dios y sin retribución alguna.


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