[i]E. 58 (A. 36) (Pensamientos en la fiesta de San Fiacrio). pp.764-765
186. San Fiacrio dejó su país, la casa del rey, su padre, para irse a vivir al desierto de Brie: el motivo que movió a este santo a hacer acción tan generosa, no pudo ser otro que un fuerte toque interior que, al mismo tiempo, iluminó su entendimiento dándole a conocer la grandeza de Dios y el desprecio que ha de hacerse de todas las grandezas de la tierra.
Y movió también su voluntad hablándole en lo más íntimo de su corazón y quitando de su alma todos los obstáculos para las disposiciones que la divina bondad quería poner en ella; para tornarlo hombre perfecto, lo hirió tan poderosamente con su amor, que llegó a despreciar todas las cosas para poseer plenamente ese divino Amor.
Al considerar y comprender esa operación, mi alma ha deseado que Dios obrase en ella suprimiendo todos los obstáculos a la gracia que El quería darle y poniendo las disposiciones necesarias; y mi resolución inmediata ha sido la de cooperar a esa obra de Dios tratando de despojarme de mis malas inclinaciones, causa con tanta frecuencia de pecado que es la nada que quiere rebelarse contra la omnipotencia de Dios. Y evitar la pereza tan de temer puesto que mantiene al alma en una continua pobreza viciosa, puesto que, a cada momento, si el alma obra con Dios puede adquirir grandes tesoros.
San Fiacrio no sólo dejó su país, sino que lo hizo porque no quería ser rey temporal, y como era buscado con este fin por los diputados de su remo, pidió a Dios verse cubierto de lepra para que le dejasen libre en su ermita.
187. Queriendo mi espíritu seguir a este santo para considerar su vida y sus designios, he visto cómo al dejar su reino tomó las riendas de otro de mayor Importancia, ya que se ha dicho que el hombre es un mundo en pequeño.
Le he visto, pues, como pacífico poseedor de su pequeña república, dominando, o mejor, habiendo dominado todas sus pasiones al haber abandonado por este motivo todas las ambiciones del mundo, las cuales nos abandonan a su vez cuando llega la hora de la muerte.
Pero los súbditos de nuestro Rey espiritual no le abandonarán nunca puesto que han pasado a ser de terrenos, carnales y temporales que eran, celestiales y espirituales ¡Ah! ¡qué hermoso será ver subir al cielo a un alma así!… Será como un príncipe que, acompañado por toda su corte, es recibido por el Rey de reyes con triunfo y magnificencia, para hacer de él uno de sus principales cortesanos. Mucho he deseado imitarle en el abandono total y voluntario de todas las cosas y en especial en el desprecio de todo empleo que lleve consigo mando; trataré de verme libre de ello antes de mi muerte o más bien durante mi vida, ya que no tengo ningún interés en (saber) quién ha de ocupar mi puesto cuando las cosas deban alejarme de él, debiendo estar convencida de que Dios es el Dueño absoluto de la dirección de las almas.
No habiendo ido, por razonamiento mío, al viaje y habiendo recibido el consejo de que pidiera a Dios la salud, lo he hecho así, pero con el deseo de que fuera con los mismos sentimientos con que San Fiacrio pidió la lepra y si no había de hacer de ella el mismo uso, preferiría no sanar pero que mi alma se viese libre de toda sospecha inútil con relación al prójimo.
188. Nuestra meditación sobre las peregrinaciones me ha traído al pensamiento que el designio de Dios al crear las almas era enviarlas a la tierra como peregrinas no debiendo gozar de la compañía de su cuerpo sino por cierto tiempo; y por lo que se refiere a la mayoría de nuestros antiguos Padres, no tuvieron morada permanente y con frecuencia emprendieron, por devoción, peregrinaciones, posiblemente, para tener ante la vista que su verdadera patria no era la tierra, y para confirmarlos en esta verdad, fue a las veces del agrado de Dios bondadoso que se vieran acompañados por un Angel. Esto debe servirme para ayudarme a aceptar de grado los cambios de lugar cuando la divina Providencia quiera permitirlos, sintiéndome interiormente acompañada por el Angel de mi Guarda.
He pensado también que nuestro primer padre, Adán, quebrantó las órdenes de Dios comiendo la fruta prohibida por querer eternizarse en la tierra y que en vez de adquirir la vida, mereció la muerte; para remediar este mal, vino el Hijo de Dios en persona haciéndose peregrino, ya que su vida fue una continua peregrinación, que debe ser el modelo de la nuestra. Por eso, he tomado la resolución de fijarme cuidadosamente en su santa vida para tratar de imitarla; me he detenido con insistencia en el nombre de cristiano que llevamos pensando que requiere conformidad (con Cristo) y he pensado que debía informarme de qué manera había adquirido yo ese santo nombre y de qué palabras se sirve la Iglesia para dárnoslo, y cómo he recibido ese santo nombre, a fin de llegar a ser verdaderamente cristiana.
[i]E. 58 Rc 5 A 36. Original autógrafo
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