Orígenes. Primera etapa: Evangelización rural

Feyda nace de la inquietud de un grupo de jóvenes que quieren vivir su fe a nivel personal y, a su vez, expresarla en un compromiso solidario de servicio al mundo rural y ambientes marginados.

La primera experiencia fuerte tuvo lugar en Julio de 1976. Acampamos bajo unos olivos en Aceña de la Borrega, una zona rural próxima a San Pedro de Alcántara (Cáceres), donde una Comunidad de Hijas de la Caridad, en la localidad de El Pino, acababa de iniciar un proyecto nuevo de evangelización rural. Nuestro grupo, unos 20 jóvenes, de ambos sexos, de edades comprendidas entre 16 y 22 años, con dos Hijas de la Caridad y un sacerdote paúl, se denominó “Comunidad del Olivar” por el simple hecho de acampar debajo de unos olivos. Pero sí que hay que destacar lo de “Comunidad”, ya que la idea de “vivencia comunitaria”, expresada solidariamente en el servicio al mundo rural y a los pobres en general, fue largamente debatida y elegida por votación, como constitutiva del proyecto cristiano del grupo. Todos estos jóvenes procedían del norte: Álava, Vizcaya y Cantabria.

La Comunidad del Olivar, en aquella primera etapa de entusiasmo, siempre estuvo arropada y animada pastoralmente por miembros de la familia vicenciana, Paúles e Hijas de la Caridad; ocasionalmente también participaron otros sacerdotes y religiosos: Hermanos de la Salle y Franciscanos. El espíritu vicenciano siempre aleteó sobre aquel grupo verdaderamente vocacionado. Y crecieron en número y en extensión geográfica. Llegó a constituirse otro grupo con jóvenes procedentes de Madrid, casi tan numeroso como los del norte.

La experiencia de los veranos no era algo aislado en la vida de aquellos jóvenes. Aparte del impacto de la acampada, aquel grupo llegó a constituir una verdadera comunidad de vida cristiana, con núcleos diferenciados, según la procedencia de las persona integrantes del “Olivar”: Vitoria, Baracaldo, Corrales de Buelna (Cantabria), Villarreal de Urretxu (Guipúzcoa) y Madrid. Más tarde, estos cinco grupos se concentraron en dos núcleos: Baracaldo (o zona norte) y Madrid (o zona centro).

Y nació una segunda acampada de verano en el 78: Torme (Burgos). Fue precisamente aquí, durante el verano del 78, donde se acuñó el nombre de “Feyda” (Fe y Vida), en sintonía con lo que de quería ser y vivir. Se creó  un Boletín informativo trimestral propio que mantenía al corriente de las distintas iniciativas y proyectos de los diferentes núcleos, con humor, con ilusión desbordante… Los grupos Olivar-Feyda, desde sus orígenes, combinaban, en perfecta simbiosis, vida de oración (personal y de grupo), vida apostólica (centrada principalmente en la catequesis de niños y en la animación litúrgica de las parroquias respectivas) y compromiso social (encaminado hacia niños con problemas estructurales de familia, en zonas o ambientes marginados o con problemas de drogadicción, hacia emigrantes y transeúntes, en colaboración con Hijas de la Caridad…).

La necesidad de recursos económicos se hizo notar desde el primer momento. Las pequeñas cuotas o aportaciones mensuales de los miembros eran como gotas de agua en el mar. Recurrimos a los donativos de las Hijas de la Caridad, a subvenciones de distintas entidades… Todo se quedaba corto. Un buen día descubrimos que los cursos de inglés que habían comenzado a funcionar precisamente ese mismo verano, Agosto del 76, podrían ser, además de una plataforma de evangelización, una fuente digna de recursos humanos y económicos que sostuvieran el entramado de obras sociales que, en poco tiempo, habíamos montado. Y así, comenzamos a cabalgar con nuevos aires y hacia nuevos horizontes.

De aquellas primeras comunidades de vida surgieron auténticos voluntarios que participaban intensamente en la vida parroquial, en proyectos sociales locales, en misiones populares y “Ad gentes”, y hasta hubo algunos y algunas que se atrevieron a dar un “sí” radical a Cristo y a la Iglesia ingresando en la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad.

Honduras, colaborando con los PP. Paúles de la Provincia de Zaragoza, y Bolivia, colaborando con las Hijas de la Cariad de Cochabamba, han sido, a lo largo de los años, los países de preferencia para desarrollar las inquietudes misioneras. Esta primera etapa va desde su fundación hasta el 94, fecha en que, por causas ajenas, se interrumpieron las acampadas rurales de evangelización en los veranos. Durante estos años tuvimos las siguientes acampadas: cuatro veranos en Cáceres, un verano en Torme (Burgos), un verano en Villavicencio (Valladolid), ocho veranos con los Paúles de Zaragoza en la zona de Socovos (Albacete), dos veranos en Teruel: Santa Eulalia y Jabaloyas, cuatro veranos en Mogente (Valencia)… Hoy contemplo con admiración, casi con incredulidad, la obra admirable de aquellos pequeños grupos de jóvenes, su entusiasmo, su vitalidad, su creatividad, su entrega generosa. Baste una pequeña reseña de las obras que ellos crearon, animaron y mantuvieron:

  • Acampadas de evangelización rural.
  • Cursos de inglés de verano, en varios sitios simultáneamente.
  • Editorial propia, con especial dedicación a la música religiosa juvenil.
  • Representación de obras teatrales: “Godspel”, al vivo, que representaron en Benagalbón y en 30 lugares más.
  • Convivencias y Pascuas rurales.
  • Encuentros de formación cristiana para jóvenes y padres de familia.
  • Animación catequética y litúrgica de sus parroquias respectivas.
  • Distintas obras sociales al servicio de niños con problemas familiares, de marginados, drogadictos, ancianos, transeúntes…
  • Colaboración en misiones populares y “Ad gentes”.
  • Revista “Misión Feyda”, anual, distribuida gratuitamente a todos los colegios religiosos de España y a todos los cursillistas de los tres últimos años, hasta alcanzar una tirada de 12.000 ejemplares.

Los cursos de inglés de verano, nueva plataforma de evangelización de la infancia y juventud. Consolidación y expansión. La pastoral en los cursos Feyda

El cese de la actividad de las acampadas de evangelización rural supuso una relajación del espíritu originario de la Asociación, en su expresión más auténticamente vicenciana. Por otra parte, estaba naciendo en España, poco a poco, pero apresuradamente, una nueva forma de evangelización de la infancia y juventud. Los compromisos fuertes que nacen de las raíces profundas de fe se iban diluyendo o quedaban ancladas en grupos minoritarios de jóvenes o de congregaciones religiosas. Los grupos juveniles de parroquias y colegios religiosos iban perdiendo mordiente, como plataformas prioritarias de evangelización de la juventud. La nueva juventud emergente requería otras plataformas de evangelización… Y éstas no podían ser otras que los nuevos centros de interés de los niños, de los jóvenes y de las familias… Es el momento de la eclosión de la educación en el tiempo libre, de las colonias, de los campamentos, de la animación de las fiestas de colegios y de pueblos, de las ludotecas y actividades lúdico-recreativas, de los cursos de idiomas en una ambiente vacacional…

En contacto con Europa, la sociedad española descubre la necesidad apremiante de mejorar el conocimiento de los idiomas modernos. Y esta es la gran intuición de Feyda, que se da en el momento oportuno: intentar hacer de los cursos de idiomas una plataforma adecuada de evangelización de la infancia y juventud. A la vez, estos cursos, que empezaban a ser centro de interés preferente de la familia española para el verano de sus hijos, podía proporcionarnos recursos financieros para mantener nuestros proyectos sociales y pastorales de mayor calado. El distintivo específico de los cursos de Feyda, lo que los distingue de los cursos de idiomas de cualquier otra organización es, precisamente, que Feyda tiene como objetivo final la formación integral de la persona, la educación en valores permanentes de los niños y jóvenes que se acercan a la Asociación, desde una perspectiva cristiana y vicenciana. El monitor de Feyda, consciente de su misión educativa cristiana, tendrá buen cuidado en ser, en todo (palabras, gestos, actitudes, puntualidad, disponibilidad para el servicio, sensibilidad hacia los débiles, etc.) modelo de identidad para los niños y jóvenes que se les confían.

La pastoral en los cursos Feyda, como expresión celebrativa o como modo de educación en la fe, tiene distintos ritmos y líneas operativas:

1. Buenos Días

Breve reflexión diaria de 15-20 minutos. Normalmente deben girar, de forma progresiva y sistemática, en torno a los valores que se intentan inculcar en los cursos Feyda, en línea con la unidad temática central de los cursos, que se designacada año. El temario de los “Buenos Días” se elabora previamente por un equipo de expertos en pastoral juvenil. Debe de estar en sintonía con el temario central designado anualmente. El desarrollo y puesta en marcha de los “Buenos Días” corresponde al equipo de monitores de cada curso, bajo la dirección del sacerdote, si lo hay, o de una persona adulta experimentada y cualificada para esta tarea.

Los “Buenos Días” tienen carácter obligatorio para todos los cursillistas y monitores. Éstos, a su vez, tienen un espacio de reflexión o de oración matinal, como grupo de monitores. Los “Buenos Días” particulares del equipo de monitores juegan un papel muy especial a la hora de integrar el equipo y de motivarlo en el cumplimiento de su misión educativa cristiana.

2. Tardes de encuentro

Es una reunión semanal, por niveles de edad, de una hora a dos horas y media de duración. Tienen como objetivo prioritario profundizar en los valores cristianos que tratamos de inculcar en los niños y jóvenes, en sintonía con el Ideario vicenciano.

El temario es cuidadosamente elaborado, teniendo en cuenta, normalmente, la temática anual propuesta por la Familia Vicenciana en España. Los monitores utilizan los materiales y técnicas más adecuados para cada nivel de edad, en la ejecución práctica de estos “Encuentros”, de modo que resulten dinámicos, creativos, participativos, adaptados a la realidad concreta de cada grupo.

3. Celebración dominical de la eucaristía.

Hemos de destacar que la mayoría de los  cursillistas provienen de familias creyentes. No obstante, aumenta de día en día el número de niños y de jóvenes que van dejando de ser practicantes habituales; también hay quienes provienen de familias no creyentes. A pesar de eso se mantiene la eucaristía dominical obligatoria para todos: quiere ser una experiencia compartida de fe y de búsqueda de formas nuevas de celebración juvenil vivencial.

Es tarea del coordinador del curso, con el asesoramiento y apoyo del sacerdote celebrante, hacer que la eucaristía dominical de los cursos sea una celebración gozosa de la fe, al estilo juvenil, imaginativa, creativa, con cantos apropiados. Debe crearse tal clima en los cursos Feyda que todos se sientan atraídos a participar en la eucaristía dominical. Tiene especial relieve la misa del día de padres, a mitad del cursillo. Se prepara con especial esmero, se hace más participativa, se invita a los niños y a los mismos padres a dar su propio testimonio de vida. Se da una información adecuada a los padres de lo que es Feyda, de sus objetivos prioritarios expresados en su Ideario de inspiración vicenciana… Y se les anima a colaborar en los proyectos solidarios con una colecta especial y enviando a sus hijos a las convivencias y a los cursos de verano organizados por Feyda.

4. Celebración comunitaria del sacramento de la reconciliación

Desde los orígenes se ha mantenido la tradición de celebrar el sacramento de la reconciliación a lo largo del cursillo, normalmente la última semana del mismo. Se hace así por dos razones principales: primero, porque es al final del cursillo cuando los jóvenes están más motivados y sensibles interiormente; segundo, porque nos parece pastoralmente más operativo el presentar este sacramento, ante todo, como un proyecto de vida nueva: es precisamente en este momento cuando se resalta la idea de que el cursillo no termina, sino que todo lo que se ha vivido y compartido durante el cursillo debe proyectarse en un compromiso de vida nueva durante el nuevo año escolar. Se invita a formular dicho compromiso por escrito y a revisarlo y evaluarlo de vez en cuando, en momentos serenos y de tranquilidad. Con el fin de hacer más operativo y dinámico el compromiso de fin de cursillo, se invita igualmente a los cursillistas mayores de 14 años a participar en la convivencia de Navidad y a los premonitores y monitores a asistir a la Pascua Joven.

La celebración del sacramento de la reconciliación tiene lugar en el contexto de una celebración de la luz o paraliturgia de la Vigilia Pascual, en la que se presenta a Cristo como la luz que ilumina la vida del joven y al que se le invita a ser testigo vivo de la misma luz de Cristo en su entorno y en su mundo juvenil.

Es difícil evaluar la misión evangelizadora de los cursos de inglés. Pero me atrevo a afirmar que el éxito de los cursos se debe principalmente al planteamiento pastoral de los mismos, llevado a cabo por los monitores, cuidadosamente seleccionados y preparados por la Escuela ed Tiempo Libre Feyda, creada con este fin, y debidamente legalizada como tal en la Comunidad de Aragón.

Miles de niños y de jóvenes, unos 40.000 aproximadamente, a lo largo de 31 años, recuerdan los cursos del verano en Feyda con nostalgia, como una experiencia que dejó huella en su vida y que les hizo descubrir nuevas perspectivas para su futuro. En estos momentos, de fuerte competitividad, se mantiene una asistencia anual media a los cursos de verano de 1.300-1.400 niños y jóvenes, provenientes de toda la geografía española y repartidos en 10-12 centros diferentes, incluidos dos centros en Irlanda, Dublín y Cork. En un pasado relativamente reciente también se han organizado cursos en Limerick y Navan (Irlanda), Toronto (Canadá), Denver (Colorado, USA), y hasta dos años a Alemania con un curso de alemán.

Búsqueda permanente de nuevos caminos. ECAI Feyda, Colegio de Alicante, Fundación Feyda.

El carisma vicenciano es de una riqueza inagotable: ahí están las instituciones y proyectos de todo tipo nacidos al rescoldo de este fuego, a lo largo del tiempo, que lo prueban.

Feyda vive, con sencillez, desde sus orígenes, este sentido de búsqueda permanente de nuevos caminos para plasmar el evangelio de una manera adecuada a las exigencias y demandas de nuestra sociedad, atenta a los signos de los tiempos. Nace de la inquietud de un grupo de jóvenes que quieren vivir su fe comunitariamente, encarnada en el servicio al mundo rural más desfavorecido. Intuye las necesidades nacientes de una juventud que busca llenar su tiempo libre en una combinación polivalente de lo lúdico, lo cultural y lo celebrativo…Crea su propia Escuela de Tiempo Libre y sus propias plataformas de información para responder a los nuevos retos pastorales… En este contexto de búsqueda permanente de sentido a su devenir, en línea vicenciana, hay que situar las últimas innovaciones en Feyda. Sólo resaltaré las tres más importantes, que ya quedan señaladas en este epígrafe.

ECAI Feyda

Un buen día viene a Feyda una pareja preocupada porque no podía tener descendencia, expone las muchas dificultades que encuentra para poder a adoptar a través de las instituciones sociales nacionales y sugiere la idea de lanzarnos a la adopción internacional, dando por supuesto que Feyda, desde el carisma vicenciano, debíamos tener muchas conexiones en países en vías de desarrollo… “Seguro que muchas Hijas de la Caridad que trabajan en esos países les agradecerían que les ayudasen a compartir la responsabilidad enorme del mantenimiento de esos orfanatos que regentan, dando a tantos niños abandonados unos auténticos padres…”, dijeron.

Hoy, la Ecai Feyda (Entidad Colaboradora en Adopción Internacional, eso es lo que significa) cuenta con 15 años de rodaje. Creo sinceramente que la pequeña exortación de aquella pareja fue una inspiración de lo alto: fue la chispa que encendió el candil de otra gran línea de acción social vicenciana, la preocupación por los niños abandonados, o expósitos, en tiempos de San Vicente. Los tiempos han cambiado mucho, pero no hubo ninguna duda: institucionalizarse legalmente en España como una ECAI suponía la adaptación a nuestro tiempo de aquella gran obra de Vicente de Paúl que, en nuestro mundo desarrollado, empezaba a caer en desuso.

No fue nada fácil ponerse en marcha. Fueron muchos los requisitos: afortunadamente, en la Europa occidental, los requisitos y garantías legales que se exigen para iniciar un proyecto social de esta envergadura son enormes. Y otro tanto hay que decir de las dificultades legales que se encontraron en los países desde donde se quería adoptar. Feyda estuvo a punto de abortar el proyecto, casi como aquellas Damas de la Caridad que se opusieron enconadamente al proyecto de San Vicente…

En primera instancia se contactó con Bolivia, concretamente a Cochabanba, donde algunas Hijas de la Caridad de la Provincia de San Sebastián, que habían colaborado con Feyda anteriormente en España, comentaron que había muy buenas posibilidades… Ellas, las Hijas de la Caridad de Bolivia, cuya obra piloto es precisamente la atención a los niños abandonados, apoyaron decididamente a Feyda con todos los medios a su alcance. Y así fue… Pero se tardó casi tres años en conseguir llevar a buen término la primera adopción de un niño boliviano.

Una vez iniciado el proceso, la cosa se ha desarrollado por los cauces normales y hoy son más de doscientos los niños adoptados de ese país, a través de los servicios de Feyda. Omito los trámites y requisitos legales que hay que realizar en las distintas autonomías nacionales donde Feyda está legalmente reconocidos: sería demasiado prolijo; no obstante, todos estos detalles están en la página Web de la ECAI Feyda.

Puedo decir, con humildad vicenciana

  • que hoy la ECAI Feyda cubre prácticamente todo el territorio nacional…;
  • que está ampliando los países de procedencia de adopción: hace un par de años la ECAI fue reconocida oficialmente en Etiopia, con el apoyo decidido de sacerdotes y religiosas nativos, incluido el apoyo moral de los obispos paúles de Addis-Abeba…;
  • que también se están tramitando, actualmente, los permisos necesarios para el reconocimiento oficial en la India y en Rusia…;
  • que en las autonomías nacionales donde está, la ECAI Feyda goza de reconocido prestigio y buen nombre, manifestado públicamente por las entidades públicas con las que nos relacionamos…

Aquellos esfuerzos y devaneos iniciales de la ECAI Feyda han merecido la pena: no tengo miedo en afirmar que, en estos momentos, el proyecto de adopción internacional desarrollado por Feyda es la obra más gratificante, quizá también más vicenciana, de la Asociación Feyda. Remito a la página Web de Feyda para ver los testimonios vivos de las familias adoptantes.

Colegio de Alicante

La Providencia, como diría San Vicente, todavía ha ido reservando otras sorpresas de última hora. En Feyda nunca se había planteado la posibilidad de dedicarse, también, a la enseñanza formal como medio de evangelización de los niños y jóvenes. Lo de Feyda siempre ha sido algo mucho más modesto y de andar por casa, en ese campo. Pero un día la Asociación se tropezó de frente con unas religiosas que, por falta de vocaciones,  andaban buscando desesperadamente una Institución eclesial que garantizase la continuidad del Ideario católico de su colegio en Alicante, justo en el mismo centro de la ciudad, junto a la plaza de toros por más señas: ellas lo traspasarían, léase venderían, en condiciones de pago asequibles. Gracias a la recomendación del Obispado de Alicante estas religiosas contactaron con Feyda.

¿Y quien dijo miedo? Feyda se lanzó a la obra… Se consultó, eso sí, todo lo que había que consultar, a los expertos en las distintas materias… Feyda se tomó un año de tanteos y experiencias compartidas con las religiosas… Se sondeó al profesorado, sorteando los recelos de los padres de los niños del colegio… Por fin, se llegó a la conclusión de que la compra, por parte de Feyda, era económicamente viable: con un poco de imaginación y de creatividad y una economía ajustada, el colegio podría autofinanciarse. Y, también, los problemas inherentes a la gestión pedagógica y pastoral se han ido resolviendo fluidamente: se contaba con el apoyo incondicional del colectivo de profesores y de la Junta de AMPAS.

Hoy el colegio “Santísimo Sacramento-Feyda” de Alicante, después de cuatro años de rodaje, goza de buena salud y tiene buenas perspectivas de futuro: una nueva aura inunda sus espacios vitales, hasta los mismos niñoss han estrenado sonrisas y guiños, alentados por las caras nuevas de la Institución que dirige sus destinos.

La experiencia enriquecedora del colegio de Alicante nos empuja, una vez más, a la búsqueda de nuevos caminos seglares vicencianos. Ha llegado la hora de preguntar seriamente a las instituciones y movimientos católicos seglares: ¿No seréis vosotros los llamados a coger el testigo de tantas congregaciones religiosas de enseñanza que se ven abocadas a abandonar sus centros por la crisis galopante de vocaciones? Feyda ya ha iniciado el camino de reflexión en esa dirección: de momento, los signos son afirmativos. Por eso, en estos mismos momentos, Feyda tiene contactos con otros colegios religiosos en vías de traspaso o de abandono. Seguro que la Providencia irá abriendo el camino, poco a poco, sin prisa pero pero sin pausa.

Hacia una nueva concepción de Feyda: Feyda-Fundación polivalente.

Los tiempos cambian a velocidades incontrolables: las viejas formas o esquemas quedan obsoletas, en el mejor de los casos, inadecuadas. Lo vamos viendo en esta misma exposición sucinta del proceso regenerativo de Feyda a lo largo de sus más de 30 años de existencia. Los primeros moldes de la Asociación, con haber sido de marcado signo evangélico y vicenciano, se han quedado ostensiblemente pequeños. Feyda se ha hecho grande en extensión territorial y en proyección de obras. Resulta prácticamente imposible dirigir a Feyda desde una sola dimensión… Por otra parte, hay que asegurar la fidelidad al carisma que vio nacer a la Asociación. Una larga y profunda reflexión ha hecho vislumbrar los posibles riesgos que conlleva mantener la actual estructura de Feyda. Señalo escollos y posibles vías de solución:

  • En estos momentos, la Asociación Feyda está compuesta de distintos Departamentos cuyas decisiones y gestión dependen de una sola Junta Directiva y de una única Asamblea general. Vemos como apremiante dotar a los Departamentos de autonomía de gestión y de poder de decisión en los asuntos que les afecten directamente…
  • La constitución jurídica actual de Feyda como Asociación pone en riesgo la pervivencia del espíritu vicenciano originario, ya que las decisiones últimas dependen de los votos de los miembros de la Junta y de la Asamblea, cuya composición futura es incierta, cambiante e insegura. Se impone una profunda reflexión, que lleve a la constitución de Feyda como Fundación. Evidentemente que los fines y bienes patrimoniales de esta nueva entidad fundacional, así como sus miembros fundadores, deben ser de una fiabilidad contrastada y segura.
  • Pero la composición de Feyda en estos momentos es multiforme, como hemos señalado anteriormente. Queda por determinar cómo encajar los distintos Departamentos actuales en el engranaje de la futura Fundación Feyda. Parece claro, en estos momentos de tanteos, que dicha Fundación debe ser polivalente o múltiple. Y en esto se está. La experiencia del pasado garantiza que la luz iluminará una vez más los caminos de Feyda.

Entre la realidad y el deseo. Asentamiento jurídico actual. Entronque con la Familia Vicenciana.

Implantación del carisma

Los primeros años de Feyda fueron de búsqueda en estado puro: no se necesitaban normas preestablecidas, ni aprobaciones legales estables, ni sutiles dependencias. Era la fuerza del Espíritu la que guiaba los pasos. Cuando presenté los primeros Estatutos a los más adictos, en aquellos momentos, a mi persona y a las obras que habíamos ido realizando, me sentí un poco como San Vicente al entregar las Reglas después de tantos años de haberlas vivido en comunidad. Perdón por mi atrevimiento, pero esas fueron mis palpitaciones íntimas: no había nada en esos Estatutos primeros que no hubiéramos vivido gozosamente en la primera andadura de Feyda.

Hoy las cosas han cambiado, como sucede con todo lo humano, pero la misma fuerza inspiradora que nos dio a luz sigue empujando a la renovación interior y a la búsqueda de nuevos caminos de encarnación del evangelio en nuestro mundo actual, en línea vicenciana.

Asentamiento jurídico actual

La primera aprobación de los Estatutos de Feyda vino del entonces Provincial de Zaragoza, P. José Ignacio Fernández Hermoso de Mendoza, y de su Consejo Provincial. Los aprobaron casi íntegramente, tal como los habíamos presentado, salvo la modificación de dos artículos. En estos dos artículos quedaba claro que el Consiliario de la Asociación, cuyo nombramiento dependía del Provincial de Zaragoza, tendría derecho propio a asistir a todas las reuniones y asambleas de la Asociación, con derecho a voz, pero no a voto, ni activo ni pasivo; que, por tanto, el Consiliario no sería, propiamente hablando, miembro ni de la Junta ni de la Asamblea. Quedaba así definido, con claridad meridiana, el carácter estrictamente seglar de la Asociación.

La aprobación canónica vino del obispo de la Diócesis de Teruel-Albarracín, Mons. Antonio Algora, en cuya demarcación diocesana, Teruel capital, quedaba fijada la sede oficial de la Asociación. Por esta misma razón, la aprobación diocesana exigía que el nombramiento de Consiliario fuese ratificado por el obispo. Quedábamos constituidos de este modo como Asociación privada de fieles.

A nivel público, el reconocimiento oficial correspondía a las autoridades legales constituidas. La primera aprobación oficial pública la emitió el departamento correspondiente del gobierno de la provincia de Teruel, que nos daba el número asignado en el Registro Civil de Asociaciones. Poco más tarde obteníamos el número oficial de Registro a nivel nacional, con lo que el ámbito oficial de actuación de Feyda abarca todo el territorio nacional. Otras aprobaciones oficiales hemos obtenido con motivo de traslado de sedes oficiales de Feyda o de la implantación de la ECAI en otras autonomías nacionales, pero con lo dicho queda suficientemente clarificado el carácter legal de la institución a nivel público.

Entronque con la Familia Vicenciana

Queda suficientemente perfilado el carácter vicenciano de Feyda desde sus orígenes. Pero, ¿dónde situar a Feyda en el actual marco de la Familia vicenciana, a nivel nacional y a nivel universal? Habrá que hacer un esfuerzo de imaginación, de creatividad y de buena voluntad, por parte de todos, para clarificar esa realidad palpitante de Feyda en la Familia Vicenciana. Intentos ya se han hecho. Menciono algunos: El 13 de Enero de 2001, el P. Santiago Azcárate, actuando como portavoz del Consejo de los Visitadores de España, reconocía oficialmente el carácter vicenciano de la Asociación Feyda e invitaba a los otros miembros de la Familia Vicenciana de España a incluirla en el listado de entidades con derecho propio a participar en las reuniones y asambleas conjuntas. Transcribo textualmente sus palabras:

Te escribo en calidad de Presidente de la Conferencia de Visitadores de España durante este año 2001. En dos de nuestras reuniones, la del 8 de Junio del 2000 y la del 11 de Enero del presente año, hemos considerado la realidad de la Asociación Feyda y nos hemos congratulado de su creciente consolidación y desarrollo.

Sabedores del origen de Feyda en tu labor pastoral como misionero paúl, conocedores de su espíritu y de sus Estatutos y conscientes, además, de los múltiples servicios de acción cultural, social y pastoral a lo largo de sus 25 años de existencia, la Conferencia de Visitadores de la Congregación de la Misión en España quiere reconocer de forma oficial el carácter vicenciano de dicha Asociación.

Recogiendo el empeño del Superior General de la Congregación de fomentar el conocimiento y la colaboración de las ramas de la Familia Vicenciana entre sí, e impulsados por las propias determinaciones en ese sentido de nuestra última Asamblea General, pensamos que sería bueno que, en adelante, la Asociación Feyda fuera incluida oficialmente en las convocatorias generales de la Familia Vicenciana en España, siendo considerada, a todos los efectos, como un miembro más de dicha Familia.

Como parte de la Familia Vicenciana no podemos sino alegrarnos del empuje de este nuevo brote de nuestro carisma, expresión sin duda de su fuerza interior y de la actualidad de su misión. ¡Quiera el Señor bendecir a la Asociación Feyda y mantenerla fiel al espíritu vicenciano para que, en unión de cuantos compartimos ese mismo espíritu, promueva cada vez con mayor vigor la causa del evangelio entre los pobres”.

Posteriormente, a primeros de 2003, en visita privada al P. Maloney en Roma, del entonces Presidente de la Asociación, Francisco Javier Fernández Chento, y de un servidor como Fundador, solicitamos que la Asociación Feyda fuera incluida oficialmente como un nuevo miembro de la Familia Vicenciana mundial y que el Superior General de la Congregación nombrase directamente al Consiliario, previa consulta a los miembros de la Asociación. El P. Maloney, con su habitual cordialidad, nos felicitó por la gran obra, impregnada plenamente del espíritu vicenciano, que estábamos realizando; nos animó fuertemente a seguir adelante, pero nos dijo, con sencillez vicenciana, que no consideraba necesario, en esos momentos, incluirnos en la lista de las ramas de la Familia Vicenciana a nivel mundial; que había otras muchas instituciones locales en el mundo inspiradas e impulsadas por el espíritu vicenciano, sin depender directamente del Superior General de la Congregación.

Sea a nivel español o mundial, la incorporación de Feyda a la Familia Vicenciana supone, creo yo, un enriquecimiento mutuo importantísimo. Reseño algunos aspectos:

  • La Asociación Feyda, en continuo proceso de crecimiento, garantizaría su fidelidad al espíritu vicenciano, en contacto con las fuentes de la Familia Vicenciana.
  • La impronta de las experiencias vitales de las distintas ramas de la Familia Vicenciana contribuiría a ahondar en la identidad vicenciana de Feyda.
  • Pero, también Feyda aportaría savia nueva a las distintas ramas de la Familia Vicenciana. Sería como un complemento revitalizador en el actual marco de la Familia.

Creo humildemente que a todos los hermanos de Familia (MISEVI, JMV, AIC, etc.) Feyda puede aportarles nuevos impulsos o fuerzas motrices. Destaco algunos:

  • Imaginación e ilusión creativas, en búsqueda permanente de adaptación a los nuevos tiempos.
  • Visión de futuro para apoyarse en los centros de interés de la juventud actual, a la hora de planificar un nuevo plan de evangelización.
  • Clarificación del papel del seglar en las instituciones vicencianas.
  • Ideas nuevas sobre autofinanciación económica.
  • Aportaciones económicas y humanas a proyectos sociales y pastorales.
  • Métodos innovadores de evangelización de la infancia y juventud.
  • Audacia a la hora de afrontar los nuevos retos de la enseñanza.
  • Un cierto equilibrio a la hora de combinar los tres elementos constitutivos de una buena educación en la fe de la infancia y juventud: formación, celebración y servicio, en un clima lúdico-recreativo de amistad y de encuentro…

Confío en la Providencia, que la fuerza transformadora del espíritu irá indicándonos el camino para profundizar en los lazos que nos unen a todos los seguidores de San Vicente de Paúl en la Familia Vicenciana.

P. Félix Villafranca, Fundador de Feyda.
Albacete, a 31 de Diciembre de 2009


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