Recuerdo claramente la primera noche cuando llegué a Japón. Fui recibido en el aeropuerto por un señor grande y un grupo de Hermanas. Eran como las 10:00 de la noche cuando llegué a la casa del sacerdote. El cohermano me dijo: “Debes de estar preparado para celebrar misa en Japonés mañana”. “Debes de estar bromeando”, le contesté. Pero él hablaba en serio y me dio el misal traducido con letras romanas para que empezara a practicar la pronunciación. Practiqué hasta quedarme dormido hasta después de la medianoche.

El día siguiente, el cohermano decidió que él iba a oficiar la misa para que me diera una idea como era una misa en japonés. Todo lo que escuché eran ruidos extraños, era mi primera misa en japonés. En los siguientes meses me preparé con cursos intensivos en japonés pero aún así era un problema el celebrar misa en japonés que era un idioma que muy apenas podía entender. Esto si fue una tarea difí­cil y una prueba de fe.

De las cosas que me impresionaron al principio fue la pequeña cantidad de gente que venía a la misa de los domingos a la capilla de las monjas donde yo celebraba la misa. Aparte de las monjas, nada más gente ya mayor de edad venía, nada de jóvenes. Era un poco decepcionante, porque ya estaba acostumbrado a la gran cantidad de personas que iban a mis misas en las varias iglesias en mi país de origen. Me tomó un tiempo acostumbrarme a esta realidad total­mente diferente a la de mi país. La hermosa armonía de las cancio­nes en la misa japonesa combinado con el silencio que había traía un ambiente de solemnidad. Uno casi podía respirar la paz interna y sentir la armonía en la mente y en el cuerpo.

Después de algunos meses en la misión, conocí a un veterano misionero jesuita que se encargaba del retiro anual con las Herma­nas. Me movió el saber que él ya llevaba más de 50 años como misio­nero en Japón. Espontáneamente le pregunté cuántas conversiones había tenido en esos 50 años. Él alzó sus dos manos y me enseñó sus dedos diciendo: “No más que éstos 10 dedos”. Eso me hizo reflexionar del gran reto en esta misión y el gran trabajo que tenía adelante en esta sociedad llena de tecnología, materialismo y consumo.

Algunos años después aprendí algunas tácticas para la evangeli­zación en esta misión por parte de otro misionero, un redentorista canadiense. Él me invitó a dar pláticas en organización de una igle­sia. Cuando empezó la plática se sorprendió al ver nada más a una pareja. No importando esto, él dio la plática completa. La pareja hizo muchas preguntas y después de un tiempo se hicieron amigos. Des­pués de algunas platicas más, la pareja pidió ser bautizados. Aprendí una cosa muy importante: que aunque sea nada más una persona es importante y cuenta mucho. Una plática convincente es lo mismo para una audiencia grande o para una audiencia pequeña. La fe es un regalo que Dios da y encontrada después de una gran búsqueda. La gran respuesta de Dios podrá venir en un encuentro tan sentimen­tal como éste, todo esto fue gracias a la bondad paciente de un mi­sionero.

Una noche fría y lluviosa en el invierno, una Hermana muy viva y activa (raro en Japón) se sentó casi todo el tiempo en la misa de la mañana. Aparentemente ella no estaba bien. Al estar enferma, ella pudo haber decidido no haber venido a la Misa, pero aún así ella decidió acudir al sacrificio de la Eucaristía. Algo de admirar de los japoneses es la gran fidelidad que le dan a sus responsabilidades. Ellos no pierden ningún día de trabajo aún y cuando estén enfermos con temperatura. ¡Que grandiosa actitud! Ellos consideran el trabajo como sagrado, así como nosotros, los católicos, lo somos con la litur­gia y la Misa.

Por la falta de sacerdotes, yo celebraba la misa casi todos los días de la semana en dos capillas de dos Casas Provinciales: una de las Hijas de la Caridad y otra de las Hermanas Carmelitas de Vedru­na. Allí me sentía inspirado por la devoción de las hermanas a la Eucaristía. Su ansiedad y entusiasmo en la Misa es muy contagioso. Ellas abiertamente expresaban cómo extrañaban la Misa ya que no había sacerdotes suficientes. Desde el principio decidí dar una homi­lía y dar una explicación de las lecturas al empezar la misa. La mayo­ría de las hermanas se convirtieron al cristianismo y a muchas de ellas les tomó mucho tiempo aprender la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia. Muchas de ellas son muy disciplinadas con muchas activi­dades. Por eso es que ellas disfrutan mucho las homilías cortas que les daba y que no pasaban de más de tres minutos. Preparar un breve punto o un mensaje sintético de las lecturas en japonés es muy difícil y exige tiempo, pero la práctica de la celebración eucarística hace más rica y significativa.

“¿Qué es lo que usted entiende por Misa o Eucaristía?”, le pre­gunté hace poco a una pareja que viene muy seguido a la capilla de las hermanas. Después de expresar las grandes bendiciones que reci­bieron de la capilla como residentes nuevos, el esposo contestó: “El venir a Misa me da mucha fuerza para continuar siendo un buen cristiano”. La esposa quien está muy enferma dijo: “La Eucaristía me lleva más cerca de Jesús y me da la energía y la esperanza que necesito todos los días”. Como las hermanas, creo que ellas han hecho de la Eucaristía la parte más importante de su día. Ellas desarrollan va­rias actividades en trabajos voluntarios y son muy generosas en asis­tir a los pobres y los necesitados. La dedicación de estas personas como la participación de las hermanas son ejemplares. La Eucaristía hace que el Reino de Dios aparezca en el medio de un ambiente no cristiano.

El Japan Catholic News mostró el mes pasado las estadísticas de la gente Católica en Japón, no excede un millón por la primera vez. Aproximadamente, 450,000 son japoneses, y más de 565,000, o el 56%, son extranjeros. Muchos obispos y sacerdotes son grande ayuda a la sociedad extranjera para que se integre completa­mente a la sociedad japonesa. Creo que los esfuerzos y la iniciativa de la Iglesia podrían dar mas fruto nada más con el contexto de la Eucaristía, el sacramento del amor y la unidad, la celebración de la unidad de la gente de Dios como una familia. Rezo para que la gente arda con los valores eucarísticos y se multiplique y se conviertan en agentes de cambio para transformar el rostro de la Iglesia en Japón.


Compártelo:

¿Te ha gustado este artículo? Díselo a tus amigos y conocidos:

  • Facebook
  • Twitter
  • MySpace
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Digg
  • LinkedIn
  • Reddit
  • StumbleUpon

Artículos relacionados:


hhcc_estambul_2

Un aniversario para celebrar, informar y retomar aire

En el marco del 350 aniversario, las Hermanas de Suiza y Estambul han tenido varios encuentros y celebraciones. En Estambul, con la presencia de Sor Evelyne Franc, celebraron el 170 aniversario de ... Seguir leyendo


Eucaristía, misión y evangelización

Sabemos que hay mucha gente que vive haciendo el bien, y sin embargo no comulga. Al decir esto no sólo hacemos referencia a los no creyentes, o a los creyentes de religiones no cristianas, ni ... Seguir leyendo


Margarita Rutan, H.C.

Triduo para celebrar la beatificación de sor Margarita Rutan (Segundo día)

Margarita Rutan, H.C. Segundo día: Oremos para que nuestra donación a Dios y a los Pobres sea cada día tal y como San Vicente y Santa Luisa lo soñaron y nuestras primeras hermanas ... Seguir leyendo


Margarita Rutan, H.C.

Triduo para celebrar la beatificación de sor Margarita Rutan (Tercer día)

Margarita Rutan, H.C. Tercer día: Oremos para que nuestra Vida comunitaria, sea profecía de amor y camino de esperanza. SÍMBOLO: La Constituciones de la Compañía describe el camino que recorrieron nuestras Hermanas. Es un ... Seguir leyendo


Margarita Rutan, H.C.

Triduo para celebrar la beatificación de sor Margarita Rutan (Primer día)

Margarita Rutan, H.C. Primer día: Oremos para que el Dueño de la Mies continúe enviando buenas y generosas vocaciones a la Compañía. SÍMBOLO: ROSTRO DE JÓVENES. MOTIVACIÓN: “Hijas mías, por una Hermana que reciba el ... Seguir leyendo