En casos particulares, cuando lo aconsejen las circunstancias, se puede llegar, en la celebración pública o en común, a una unión más estrecha entre la misa y una Hora del Oficio, según las normas que siguen. Para que sea factible esta celebración unida, es condición indispensable que tanto la misa como la Hora sean del mismo Oficio; según esto, habrá que tener en cuenta que las primeras Vísperas de las solemnidades, domingos y fiestas del Señor que coincidan en domingo no podrán celebrarse hasta que se haya celebrado la misa del día precedente o del sábado.
La manera concreta de realizar la antedicha celebración es la siguiente:
1. Cuando la Hora del Oficio precede inmediatamente a la misa, la acción litúrgica puede comenzar por la invocación inicial y el himno de la Hora correspondiente, especialmente los días de feria, o por el canto de entrada de la misa con la procesión y saludo del celebrante, especialmente los días festivos.
A continuación se prosigue con la salmodia de la Hora correspondiente, como de costumbre, hasta la lectura breve, exclusive. Después de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según la oportunidad, el Señor, ten piedad, se dice, si lo prescriben las rúbricas, el Gloria, y el celebrante reza la colecta de la misa. Después se continúa con la liturgia de la palabra, como de costumbre.
La oración de los fieles se hace en su lugar y según la forma acostumbrada en la misa. Pero los días de feria, en la misa de la mañana, en lugar de formulario corriente de la oración de los fieles, se pueden decir las preces matutinas de las Laudes.
Después de la comunión se canta el cántico de Zacarías o el de María, según corresponda, con su antífona. Seguidamente, se dice la oración para después de la comunión y lo demás, como de costumbre.
2. Cuando las Vísperas siguen a la misa, ésta se celebra, como de costumbre, hasta la oración para después de la comunión, inclusive.
Dicha esta oración, comienza inmediatamente la salmodia de Vísperas. Terminada la salmodia y omitida la lectura breve, se continúa con el cántico de María, con su antífona, y, omitidas las preces y el Padrenuestro, se dice la oración conclusiva y se despide al pueblo.
Liturgia de las horas para los fieles Edidión 2002.
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