
Tengo que confesar que carezco de dotes adivinatorias. Y, consiguientemente, tengo que acusarme del pecado de prejuicio, anticipación ligera o falsa previsión. Me explico. Al llegar al salón de plenos, a las nueve menos cinco de la mañana, eché un vistazo al orden del día de esta tercera jornada de la Asamblea General. Mis primeros pensamientos me dibujaron un día aburrido, monótono, lleno de formalidades reglamentarias, de números cansinos, de estadísticas frías y de organigramas técnicos y ...
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