«Hay que pedir con frecuencia a Nuestro Señor,
ya que es Él el autor de esta obra,
que llene a las personas
que entren en la Compañía
del espíritu que quiere tengáis todas,
para proseguir,
por este medio,
el bien que se ha comenzado».1
C. 49
Según dice la Sagrada Escritura, cuando Dios escoge a alguien para una vocación particular, Él mismo se compromete a señalarle el camino. Poco a poco, a la luz del Espíritu, la senda se perfila.
La Compañía concede una gran importancia a la formación inicial así como a la formación continua para fortalecer las motivaciones y el dinamismo de la vocación, ofrecer a los pobres un servicio de calidad y conocer y discernir los signos de los tiempos.2
La formación tiene como finalidad ayudar a vivir la vocación como una configuración progresiva con Cristo, en una fidelidad renovada al Espíritu y al fin de la Compañía.
Estatuto 32
Para garantizar y mantener la unidad de espíritu en la formación de las Hijas de la Caridad, la Superiora general con su Consejo da principios de orientación a las Provincias.
C. 50
La formación en todos los niveles, se orienta, fundamentalmente, al crecimiento de cada Hermana en la fe y en el carisma de los Fundadores, de manera que, animada por el Espíritu Santo, llegue a hacerse capaz de:
- adquirir unas convicciones que la afiancen y unifiquen en su entrega total a Dios;
- ser sierva de Cristo en los pobres y de los pobres en Cristo, con espíritu de humildad, sencillez y caridad;
- vivir una vida fraterna en común para la misión.
C. 51
a La formación es, ante todo, la acción de Dios presente en el corazón de la persona que Él mismo ha llamado. Es, después, obra de la propia Hermana, en su deseo de fidelidad creciente a la vocación.
b En este descubrimiento del designio de Dios sobre ella, la Hija de la Caridad no se encuentra sola: la Compañía está a su lado para ayudarla a ser sierva de Cristo en los pobres.
c El lugar privilegiado donde se realiza esta experiencia es la Comunidad local, en la que todas las Hermanas son conscientes de su responsabilidad en la formación.
d Esta tarea de la formación se confía especialmente a Hermanas penetradas del espíritu vicenciano, con experiencia de la vida comunitaria y de la vida apostólica entre los pobres. Estas Hermanas reciben una formación adecuada para este servicio; abiertas al diálogo, son capaces de acompañar y ayudar a un discernimiento desde el respeto a la persona y la verdad.
Estatuto 33
a La Visitadora, de acuerdo con su Consejo, nombra a las Responsables de la formación y define sus funciones. Cuida de que haya una coordinación entre las diferentes etapas.
b La Comisión de Formación, nombrada a nivel provincial (o interprovincial), elabora un plan de formación que, después de ser aprobado por la Visitadora con su Consejo, se envía a la Superiora general.
Estatuto 34
Para el acompañamiento espiritual y vicenciano, se acude, en lo posible, a los Sacerdotes de la Congregación de la Misión, a las Hijas de la Caridad o a otras personas preparadas para esta tarea.
C. 52
a La formación, recorrido de toda la vida, prepara a las Hijas de la Caridad a dar respuestas siempre nuevas a las continuas llamadas de Dios. No es sólo una necesidad sino una cuestión de justicia hacia los pobres y hacia cada Hermana.
b La Compañía enfoca la formación según estas líneas generales:
- formación humana: trata de desarrollar todas las dimensiones de la persona, de educar el juicio crítico, base de una conciencia recta, y de actualizar los conocimientos profesionales;
- formación espiritual: arraiga en las Hermanas convicciones de fe gracias a la experiencia de Dios, la oración, los conocimientos bíblicos y doctrinales sólidos, que nutren su amor a la Iglesia y el sentido de la participación en su misión;
- formación apostólica: se apoya en bases humanas y cristianas y prepara a las Hermanas para el anuncio del Evangelio desde el respeto a las diversas culturas. Incluye el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia y de su pensamiento con relación al ecumenismo y al diálogo interreligioso.
c La iniciación a la vida de las Hijas de la Caridad y su profundización requieren también unas líneas especificas:
- la asimilación de¡ pensamiento de los Fundadores, en particular su espíritu de humildad, sencillez y caridad;
- la devoción filial a la Virgen María;
- la inserción en una comunidad apostólica, en la que la vida fraterna y el contacto necesario con el mundo exigen relaciones humanas equilibradas;
- la práctica de los consejos evangélicos, siempre en relación con el servicio a Cristo en los Pobres.
d La vocación vicenciana orienta las diferentes dimensiones de la formación y le confiere su unidad.
C. 53
La formación de los miembros abarca una formación inicial, en varias etapas, y una formación continua. Tiene en cuenta el carácter internacional de la Compañía, las exigencias de la inculturación y el ritmo de cada persona.
C. 54
a El Postulantado es una etapa durante la cual la candidata hace la experiencia de una vida espiritual, fraterna y apostólica en común, mientras prosigue el discernimiento de su vocación y profundiza en su formación humana y cristiana.
A la luz del Evangelio, intenta descubrir el carisma vicentino y conocer las exigencias de la vocación, tal y como se hallan expresadas en las, Constituciones y Estatutos.
b En esta etapa, la postulante se ve especialmente ayudada por la Hermana Sirviente y la Comunidad local, en coordinación con las responsables del Postulantado.
c Se la admite en el Seminario cuando ella misma y la Compañía han adquirido la convicción moral de que Dios la llama y de que, por su parte, está dispuesta a llevar una vida de Hija de la Caridad.
Estatuto 35
a Para un discernimiento inicial de la vocación, se puede establecer un tiempo previo al Postulantado. La duración y las modalidades dependen de la Provincia y de las necesidades de cada persona.
b La duración del Postulantado, es de doce meses como mínimo. Su organización puede variar según las personas y las culturas.
c Después de un tiempo de reflexión personal y comunitaria, la postulante pide por escrito a la Visitadora, su admisión en el Seminario. Esta petición va acompañada de dos informes: el de la Hermana responsable del Postulantado, y el de la Hermana Sirviente en el que se refleje una evaluación hecha con las Hermanas de la comunidad local, y la participación de la postulante.
C. 55
a La admisión de la Postulante en la Compañía de las Hijas de la Caridad se efectúa cuando ingresa en el Seminario. Es el resultado de un compromiso mutuo: la postulante pide su admisión para vivir el ideal vicenciano según las Constituciones y Estatutos, y la Compañía, por medio de la autoridad competente, la declara admitida con derechos y deberes.
b La Hermana recibe un certificado de admisión firmado por la Visitadora y la Directora del Seminario. Por su parte, ella firma un documento con validez jurídica, comprometiéndose a no reclamar ninguna indemnización en caso de dejar la Compañía o de ser despedida de ella, ya que el ejercicio de todo derecho y deber de orden económico se rige por las prescripciones del derecho universal y propio.
«Se trata de formar jóvenes que puedan servir a Dios en la Compañía, de darles sólidos principios de virtud, de enseñarles la sumisión, la mortificación, la humildad, la práctica de sus reglas».3
C. 56
a El Seminario permite a la Hija de la Caridad intensificar su vida teologal, integrar los valores de servicio, de la entrega total a Dios y de la vida comunitaria, e iniciarse en la práctica de los consejos evangélicos en un «estado de caridad».
En el transcurso de esta etapa, la Hermana trabaja por desarrollar en ella el discernimiento evangélico y por adquirir un conocimiento suficiente de las Constituciones y Estatutos. Asimila la espiritualidad de los Fundadores en un ambiente de recogimiento, de oración y ascesis cristiana, así como a través de actividades y prácticas apostólicas. Encuentra el apoyo de una liturgia vivida con intensidad y de una atmósfera de sencillez y amistad.
b La Directora del Seminario, ayudada por las otras formadoras, es la principal responsable de la formación durante esta etapa.
c Al finalizar el Seminario, cuya duración es de doce meses como mínimo, sin contar las prácticas apostólicas, la Hermana presenta por escrito a la Visitadora su petición de «envío en misión».
Estatuto 36
a El Seminario, de una sencillez vicenciana, debe favorecer un ambiente de recogimiento y oración.
b La Directora del Seminario es nombrada por un mandato de tres años; puede ser nombrada de nuevo. Colaboran con ella otras Hermanas, en comunidad fraterna.
c Las prácticas apostólicas se hacen bajo la responsabilidad de la Directora, de acuerdo con la Visitadora y la Comunidad local de acogida.
Estatuto 37
La Directora, después de pedir el parecer a sus colaboradoras, propone a la Visitadora y su Consejo los nombres de las que juzga preparadas para ser enviadas Las Hermanas cuya petición ha sido aceptada hacen unos ejercicios espirituales (retiro), a continuación de los cuales tiene lugar su «envío en Misión».
C. 57
a Después de su envío en misión, la Hermana prosigue su formación inicial. Profundiza los principios recibidos, mientras comparte activamente la misión de una Comunidad local. Así puede unir íntimamente servicio, oración y vida fraterna. Todo ello, junto con la reflexión acerca de los votos, la prepara a ratificar su compromiso con la Compañía para servir a Cristo en los pobres.
b Al asumir la responsabilidad personal de su vida de Hija de la Caridad, se ve sostenida por la Comunidad local. La Hermana Sirviente, es especialmente responsable de ayudarla a progresar en el don total de sí misma a Dios, en coordinación con la Hermana o las Hermanas encargadas de esta etapa.
Estatuto 38
Durante el período de la formación inicial en la misión, se establece un programa específico de estudios. Puede ser también el momento de proseguir una especialización profesional.
C. 58
a Las Hermanas están convencidas de la necesidad de una formación continua; por una parte, para adquirir un conocimiento más profundo de su vocación y del significado de ésta en la Iglesia y en el mundo; y, por otra, para actualizar su preparación cultural y profesional, siempre con miras a un mejor servicio.
b Cada una debe sentirse responsable de su propia formación, valiéndose de medios accesibles, sobre todo los que la Compañía le ofrece.
c Debe prestarse una atención especial a la formación de las Hermanas Sirvientes y de las formadoras.
Estatuto 39
a Después de la emisión de los votos por primera vez, se organizan jornadas de reflexión y oración encaminadas a revitalizar el espíritu de la vocación.
b Las Hermanas continúan profundizando su formación a todos los niveles.
Estatuto 40
a El despertar y la revitalización del espíritu misionero son parte integrante de su plan de formación.
b Las Hijas de la Caridad enviadas a la Misión Ad Gentes reciben una formación especifica entes de su partida. Estudian las enseñanzas de la Iglesia sobre la evangelización y el desarrollo de los pueblos. Se preparan también a descubrir los valores de la cultura del país al que son enviadas.
A su llegada, debe reservarse un tiempo suficiente para el estudio de la lengua y el conocimiento de la cultura. Esta formación se prolongarse durante todo el tiempo que permanezcan en la misión.
Estatuto 41
Cuando las condiciones de edad o de salud de las Hermanas u otras circunstancias lo requieran, se les ayuda a prepararse para un nuevo apostolado mas adaptado a sus posibilidades, o, llegado el caso, a retirarse de la actividad.
C. 59
Según lo recomendado por el mismo Cristo, las Hijas de la Caridad oran, para que Dios envíe obreros a la mies.
Cada una, al tratar de vivir con alegría y en plenitud su respuesta personal al Señor, fortalece la fidelidad de sus Hermanas y contribuye, a la vez, al despertar de nuevas vocaciones. El testimonio evangélico de la Comunidad local es un signo todavía más patente de la presencia de Jesucristo amado y servido en los pobres.
Estatuto 42
Todas las Hermanas tienen una responsabilidad personal en la pastoral vocacional. Se las anima a participar en la pastoral organizada por la Iglesia y por la Provincia. Acompañan a los jóvenes en el proceso de maduración de su fe.
Artículos relacionados:

Constituciones de las Hijas de la Caridad: I. La Compañía en la Iglesia
«Tenemos doblemente la dicha de ser hijas de la Santa Iglesia y, siendo esto así, ¿no tendremos también un doble deber de vivir y de actuar como hijas de tal Madre? Esto requiere una gran perfección». C.1 a Las Hijas de la Caridad forman una ... Seguir leyendo

Constituciones de las Hijas de la Caridad: IV. Miembros
«... Dios desde toda la eternidad tenía sus pensamientos y sus designios sobre vosotras y en vosotras, y desde toda la eternidad estabais en la idea de Dios para el estado en que estáis actualmente ... ». C. 38 Los miembros de ... Seguir leyendo

Constituciones de las Hijas de la Caridad: III. Vida de las Hijas de la Caridad
1. Entregadas a Dios para servir a Cristo en los pobres «Para ser verdaderas Hijas de la Caridad, hay que hacer lo que el Hijo de Dios hizo en la tierra. ¿Y qué es lo que ... Seguir leyendo

Constituciones de las Hijas de la Caridad: VII. Administración de los bienes temporales
«No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en ... Seguir leyendo

Constituciones de las Hijas de la Caridad: VI. Gobierno
«Deseando favorecer tan buena obra, que esperamos habrá de tener éxito para la gloria de Dios y la mayor atención a los Pobres ...y considerando que el mejor medio para hacer que subsista es reunir a dichas jóvenes y viudas en una especie ... Seguir leyendo




























