San Vicente de Paúl
Cada año celebramos con mucha alegría la fiesta de la Conversión de San Pablo, conmemorando la inspiración Divina que recibe San Vicente de Paúl; por lo que es buen momento para recordar a todos los misioneros, que a lo largo de casi cuatro siglos, han ofrendado su vida por Cristo, presente en los más abandonados.
En esta fecha, 25 de enero, recordamos cómo San Vicente de Paúl descubre la gran necesidad del pueblo que “se muere de hambre y se condena”, en el episodio de Folleville, cuando una mujer del pueblo le avisa a San Vicente sobre un buen hombre que está a punto de morirse, por lo que él le confiesa y se da cuenta de la gran necesidad de misiones en los campos franceses, de esta forma el 25 de enero de 1617, hace la primera prédica de la misión, invitando a toda los pobladores a que se acerquen a Dios, que se confiesen y que vivan de acuerdo al evangelio. Ese primer gran sermón es el comienzo de la Congregación de la Misión, aunque el contrato de fundación se firmó en la casa de los Gondy hasta el 17 de abril de 1625, con el apoyo de Margarita de Silly, fue este episodio el que inspiró a la Congregación.
Así en septiembre de 1626, cuatro sacerdotes diocesanos, compartieron el sueño con San Vicente de Paúl, se le unieron en su empresa, subieron al Mont Martré y desde allí rezaron juntos, para pedir por la práctica de la pobreza y por la nueva idea de desarrollar misiones que llevaran la buena nueva a los más desposeídos, especialmente los pobres del campo que no tenían ayuda de nadie.
A partir de este acto, generaciones de misioneros han ofrendado su vida en los continentes de África, Asia y América, en misiones históricas como la de China, Madagascar y Eritrea, durante más de 3 siglos, siguen desarrollando misiones en regiones ad-gentes como Mozambique, el Petén, Bolivia y Nueva Guinea.
De todo esto quedan algunos recuerdos en los museos, casas curales, capillas y hasta en sedes gubernamentales, en donde se conservan objetos, retratos, fotos y en algunos casos hasta fundaciones con los nombres de los misioneros, quienes antecedieron a las obras que hoy en día siguen llevando el evangelio a los más pobres y empobrecidos.
Definitivamente la bendición de la Virgen María a la Familia Vicentina en 1830, ayudó a la difusión misionera, lo que queda evidenciado en la carta que a mediados del siglo XIX escribe el Superior General de esa época, el Padre Etienne y en donde expresa su agradecimiento a la Sagrada Medalla que acompaña a los misioneros en su labor de evangelización en la lejana China. (Vicente de Dios, 2001).
En el año de 1862 llegan a Centro América y específicamente a Guatemala, las Hijas de la Caridad junto con los Padres Vicentinos de la Congregación de la Misión, invitados para atender el Hospital San Juan de Dios. Y desde allí brindan la ayuda a los pobres de Guatemala y de Centro América, quienes inspirados en la figura de San Vicente de Paúl, se les denomina y conoce en la región como “paulinos”.
Durante el período liberal de Justo Rufino Barrios, se expulsa a todos los sacerdotes del país, menos a los Padres Paulinos, ya que el mandatario quería que las Hijas de la Caridad, de origen francés, siguieran en Guatemala, pero ellas le pusieron la condición que necesitaban de los Vicentinos para que les acompañaran espiritualmente en su labor dentro del Hospital San Juan de Dios. Esta situación en contra de la Iglesia se mantiene hasta 1930 en que gracias al arzobispo vicentino Monseñor Luis Dorou C.M., se logra abrir las puertas para que regresen a Guatemala los sacerdotes diocesanos y las órdenes religiosas.
Por eso desde 1872 hasta 1930, prácticamente los únicos sacerdotes en Guatemala son los Paulinos, y se proponen realizar una serie de misiones en el interior de Guatemala y en la hermana república de El Salvador, las cuales quedaron escritas como testimonio en el libro “Treinta Años en Tierras Salvadoreñas”.
Desde 1913 el Superior General de la Congregación de la Misión nombra a Guatemala como sede administrativa de la obra de los Paulinos en Centro América. A mediados del siglo el Padre Comte recoge una serie de anécdotas de los Paulinos en Centro América que se encuentran en el libro “Cien Años de Labores”, llamado así en conmemoración de los 100 años de la llegada de la Familia Vicentina a Guatemala. Además se cuenta con una serie de historias que han quedado en los anales de la congregación en Centro América y que están escritos en francés. Posteriormente en la década de los años 50 se funda un proyecto de Seminario Menor en Quetzaltenango y se intenta un proyecto de misión en el Occidente de Guatemala; pero en Sololá muere un padre paulino, Rogelio Ruíz, por lo que queda en proyecto de misión el área de Quetzaltenango y Totonicapán, el cual, en cambio, se asienta en el municipio de Salcajá. (Comte, 1960).
Y durante todos estos años la labor más constante de la Congregación de la Misión en Guatemala es la misión sencilla, dentro de los hospitales generales San Juan de Dios en Guatemala y Quetzaltenango, hospital de tuberculosis y enfermos de sida en la capital. Además las Hijas de la Caridad fundan escuelas, hospitales, guarderías, asilos de ancianos y otras obras en casi todos los departamentos de Guatemala; pero sólo en algunos lugares los padres Paulinos han podido llegar ha brindar todo el apoyo necesario.
Actualmente los padres Paulinos de la Provincia de Centro América y Panamá, cuentan en Guatemala con dos casas en la ciudad capital, Parroquía del Señor de las Misericordias, zona 1 y Bethania, zona 7; una casa en Quetzaltenango y desde 1989 la Parroquia Misionera de Nuestra Señora de Guadalupe en la Libertad y en la década de los noventa la de San Antonio de Padua en Sayaxché del Vicariato Apostólico del Petén, la cual es una región de misiones Ad-Gentes y que entre las dos parroquias cubren casi 10 mil kilómetros cuadrados. En El Salvador se cuenta con dos parroquias, una en el Barrio San Jacinto de San Salvador y la otra en Laguna Seca, Chalatenango. En Nicaragua se atiende a la Familia Vicentina desde la Iglesia de la Recolección, en la ciudad de León. En Panamá se continúa con la labor del Colegio San Vicente de Paúl en la ciudad de Santiago de Veraguas. (Catalogus Provinciarum 2005, pp. 39-44)
Es importante destacar que a partir de la revisión de las obras que solicitó la Asamblea General de 1986 en Roma, se cerró la el Colegio San Vicente de Paúl y Escuela Apostólica en Quetzaltenango y se buscó la renovación de las parroquias dentro de la capital, además de buscar un área de misiones, de manera permanente, dentro de las aldeas que conforman el municipio de La Libertad y Sayaxché en el departamento del Petén.(Carlos Caballero, 1990 pp.244-246)
Una muestra de algunos objetos que utilizaron los misioneros a lo largo de más de 145 años en Centro América, están ubicados en el museo de la Congregación de la Misión en Centro América, en la casa que desde 1862 alberga a los sacerdotes y hermanos de la misión conocidos en la región como paulinos, la cual se encuentra en la 12 calle zona 1 de la ciudad de Guatemala.
Bibliografía:
- Caballero, Carlos C.M. (1990, CLAPVI, No.68, Julio-Septiembre) Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, CLAPVI, Colombia.
- Castellanos, Julio Adolfo (Universidad Rafael Landívar, Guatemala 1997) “Análisis Hermenéutico de Tres Conferencias de San Vicente de Paúl y su Actualidad en la Situación de Pobreza en Centro América”.
http://biblio2.url.edu.gt:8991/Tesis/05/02/Castellanos-Julio-Adolfo/Castellanos-Julio-Adolfo.pdf
http://biblio2.url.edu.gt:8991/F/-/?func=file&file_name=tesis.html Letras y Filosofía
http://biblio2.url.edu.gt:8991/Tesis/05/02/Castellanos-Julio-Adolfo/Castellanos-Julio-Adolfo.pdf Contenido de Tesis (PDF) - Comte, Antonio C.M. (Guatemala, 1960) 100 Años de Labores, 30 Años en Tierras Salvadoreñas. Imprenta Santa Isabel.
- De Dios, Vicente C.M. (México 2001) La Virgen de la Medalla Milagrosa. Ediciones Familia Vicentina, México D.F.
- León Renedo, Martiniano C.M. (Caracas, 1997) El Amigo de los Pobres, Editorial Sagrada Familia Venezuela.
- Ramos, Francisco C.M. (San Salvador 1998) Padre Julio Pineda, primer Paulino de Centro América.
- Roman, José María C.M. (Madrid, España, 2005) Anales 115 Historia General de la C.M.,
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A propósito de una felicitación.
Como miembro de la Congregación de la Misión, desde hace más de 60 años, suelo recibir algunas felicitaciones en este día, como aniversario de la Fundación de la Congregación de la Misión. Pero ya es hora de poner las cosas en su sitio. La Congregación de la Misión no tiene por qué apropiarse en exclusiva este aniversario. El sermón de Follevile, el 25 de enero de 1617, es el origen de la Misión, podemos decir, de la Misión Vicenciana. Pero ésta, ni hoy ni en los tiempos de San Vicente, se agota en la Congregación de la Misión. En el mismo año de 1917, en Chatillón, San Vicente entendió que anunciar el evangelio, en seguimiento de Jesucristo, incluía atender a los pobres, a los enfermos, a los necesitados. Y organizó la primera “caridad”. Nacía la evangelización con palabras y con obras, porque “es lo más perfecto, es lo que hizo nuestro Señor y lo que deben hacer los que le representan”.
Preocupada por la evangelización de los pobres de sus aldeas, Margarita de Silly, permitió primero que su capellán predicara misiones en sus tierra, bien sólo, bien acompañado ocasionalmente por algunos otros sacerdotes. El 2 de marzo de 1624 Vicente de Paúl y Antotnio Portail toman posesión del Colegio de Bons Enfants cuya llave entregan a un vecino durante sus salidas misioneras, encargándole que si es preciso se traslade a dormir en él. El 17 de abril de 1625 los Srs. De Gondí firman un contrato de entrega de 45.000 libras que puedan rentar el sostenimiento de un grupo de misioneros que bajo la dirección de Vicente de Paúl. Ya en el Colegio de Bons Enfants, VICENTE DEPAUL, F. DU COUDRAY, A. PORTAIL, J. DE LA SALLE, firman, el 4 de septiembre de 1626, un Acta de Asociación para dedicarse a las misiones populares. Nacía la Misión en comunidad, verdadero germen de la Congregación de la misión. Por fin el 12 de enero de 1633 el Papa Urbano VIII firmaba la Bula “Salvatoris Nostri” aprobando la Congregación de la Misión para toda la Iglesia. Había transcurrido un largo camino desde aquel “humilde principio” del 25 de enero de 1617.
Cuando en 1958, ya en los últimos años de su vida, San Vicente recuerda con emoción ante los misioneros los orígenes de la Misión, diciendo que “si entonces me hubieran hablado de ello, habría creído que se burlaban de mí; sin embargo, así era como Dios quería dar principio a lo que ahora veis”, no se está refiriendo solo a la Congregación de la Misión. Ante sus ojos se hacen presentes las misiones populares, la obra de los Seminarios, Ejercicios al clero y Conferencias de los Martes, las Caridades, las Hijas de la Caridad, los niños abandonados, las ayudas a las regiones devastadas… … “¿Quién hubiera pensado jamás que las cosas llegarían a la situación en que ahora las vemos?”. El origen de todo ello estaba en aquel 25 de enero de 1617, cuando la Iglesia celebra la fiesta de la conversión de San Pablo.
Todos cuantos hoy participamos en la Misión, en cualquiera de sus múltiples tareas de evangelización con obras y palabras, que integran la Misión Vicenciana, tenemos que felicitarnos en el aniversario del origen de la Misión y hacer nuestras las recomendaciones de San Vicente para este día: “dar gracias a Dios por el don de la Misión, pedir perdón de nuestras deficiencias en la misma y llenarnos de entusiasmo y celo para seguir en ella”.
El recordatorio de San Vicente en esta fecha termina con estas palabras: “Dios, en sus designios, permitió que esto sucediera en la fiesta de la conversión de San Pablo”.
Gracias por la reflexión P. Julio.