Miércoles 25 de enero de 2012: miércoles de la III semana del tiempo ordinario
Día VIII del octavario de oración por la unidad de los cristianos
La conversión de San Pablo. FIESTA
Color blanco. Misa y lecturas de la fiesta (leccionario V).
Prefacio I de los santos apóstoles. Plegaria Eucarística III.
El Señor Jesús, que cautivó el corazón de san Pablo, esté con todos vosotros.
Monición de entrada y acto penitencial: Celebramos hoy, al terminar el octavario de oración por la unidad de los cristianos, un momento importante en la historia de los seguidores de Jesús, como es la Conversión de san Pablo, llamado por Cristo para ser apóstol suyo entre todas las gentes; el momento en el que Pablo, conocido con el nombre de Saulo, perseguidor infatigable de los primeros seguidores de Jesús; se encontró cara a cara con Jesucristo camino de Damasco, quedando su vida transformada radicalmente.
Con gozo, reafirmemos hoy nuestra fe en Jesús, la fe que nos ha llegado por el testimonio de los apóstoles, la fe que también nosotros estamos llamados a vivir y anunciar. Y para mejor hacerlo, comencemos la celebración de la Eucaristía reconociendo que nuestra fe y nuestras obras no siempre van unidas, que a menudo cometemos fallos en la vida y que nuestro apostolado cristiano deja mucho que desear. Por eso, con humildad y sencillez, pedimos perdón a Dios por nuestros pecados.
Yo confieso…
Señor ten piedad y Gloria.
Colecta: Oh Dios, que has instruido al mundo entero con la predicación de san Pablo, apóstol, concede a cuantos celebramos su Conversión caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser en el mundo testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Primera Lectura:
Hechos de los Apóstoles 22,3-16
En aquellos días, Pablo dijo al pueblo: “Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié aquí, en Jerusalén; fui alumno de Gamaliel y aprendí a observar en todo su rigor la ley de nuestros padres y estaba tan lleno de fervor religioso, como lo están ustedes ahora.
Perseguí a muerte a la religión cristiana, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y me dirigí hacia allá en busca de creyentes para traerlos presos a Jerusalén y castigarlos.
Pero en el camino, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía:‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ Yo le respondí: ‘Señor, ¿quién eres tú?’ Él me contestó:
‘Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues’. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Entonces yo le dije: ‘¿Qué debo hacer, Señor?’ El Señor me respondió: ‘Levántate, y vete a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer’. Como yo no podía ver, cegado por el resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano hasta Damasco.
Allí, un hombre llamado Ananías, varón piadoso y observante de la ley, muy respetado por todos los judíos que vivían en Damasco, fue a verme, se me acercó y me dijo: ‘Saulo, hermano, recobra la vista’.Inmediatamente recobré la vista y pude verlo. Él me dijo: ‘El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad, vieras al Justo y escucharas sus palabras, porque deberás atestiguar ante los hombres lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo, reconoce que Jesús es el Señor y queda limpio de tus pecados’”.
Salmo Responsorial: 116
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio
1. Que alaben al Señor todos los pueblos, que todas las naciones lo festejen.
2. Porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.
Evangelio:
Marcos 16, 15-18
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a criatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos, y éstos quedarán sanos”.
Oración de los fieles: Oremos, hermanos, a Dios, Padre misericordioso, que ha querido que fuéramos edificados en la solidez de la fe a través de las enseñanzas de san Pablo, el apóstol de los gentiles.
- Para que la Iglesia conserve sin alterar en todo el mundo la enseñanza que, en sus orígenes, recibió a través de la predicación apostólica y la transmita con fidelidad de generación en generación. Roguemos al Señor.
- Para que Jesucristo, que fascinó a Pablo y transformó radicalmente su vida, atraiga con amor a muchos jóvenes al ministerio sacerdotal y los envíe a anunciar el Evangelio. Roguemos al Señor.
- Para que los gobernantes que se empeñan en vivir de espaldas a Dios experimenten su propio “camino de Damasco” y reconozcan el poder salvador del Señor resucitado. Roguemos al Señor.
- Para que quienes hoy sufren persecución, como san Pablo, por causa del nombre de Cristo, sean semilla de una nueva primavera de vida cristiana en nuestros días. Roguemos al Señor.
- Para que el Señor, que iluminó a todo el universo con los escritos del apóstol de los gentiles, nos ilumine también a nosotros con la claridad de su Evangelio. Roguemos al Señor.
Señor, que con tu poder confirmaste el valiente testimonio de san Pablo, escucha la oración de tu Iglesia y llénala de la fuerza y la sabiduría del Espíritu, para que sea, también hoy, mensajera de tu Evangelio en el mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Poscomunión: Te pedimos, Señor Dios nuestro, que los sacramentos recibidos nos enciendan en el fuego de tu amor, que abrasaba el corazón de san Pablo y le impulsó al servicio de todas las Iglesias. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre el pueblo: Vuelve, Señor, hacia ti el corazón de tu pueblo; y tú que le concedes tan grandes intercesores no dejes de orientarle con tu continua protección. Por Jesucristo nuestro Señor.
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