Viernes 27 de enero de 2012: viernes de la III semana del tiempo ordinario
Misa votiva de la Santa Cruz

Color verde. Misa del día 14 de septiembre. Lecturas de feria.
Prefacio propio. Plegaria Eucarística II.

La gracia y la paz de Jesucristo, nuestro Señor crucificado, estén con todos vosotros

Monición de entrada y acto penitencial: En cada Eucaristía, celebramos el amor de Dios, amor en el que se funda toda nuestra esperanza, y que llega al extremo de entregar a su propio Hijo por nosotros a la muerte, y una muerte de cruz. Ahora, al comienzo de la celebración, fijemos nuestros ojos en Cristo Jesús crucificado y, arrepentidos de todos nuestros pecados, pidámosle perdón.

  • Tú que no has sido enviado a condenar al mundo, sino a salvarlo.
  • Tú que no quieres que nadie perezca, sino que todos se conviertan.
  • Tú que te sometiste por nosotros hasta la muerte de cruz.

Colecta: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo.


Primera Lectura:
2Samuel 11,1-4a.5-10a.13-17

 Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella. David mandó a preguntar por la mujer, y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita.” David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: “Estoy encinta.” Entonces David mandó esta orden a Joab: “Mándame a Urías, el hitita.” Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra. Luego le dijo: “Anda a casa a lavarte los pies.” Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa.

Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: “Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera.” Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.

Salmo Responsorial: 50

R. Misericordia, Señor: hemos pecado.

1. Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

2. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

3. En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

4. Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí la culpa.

Evangelio:
Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.


Oración de los fieles: Ya que sabemos que el Señor nos protege y nos bendice, pidámosle ahora, al dirigirle nuestras plegarias, que tenga tenga misericordia de nosotros y de todos los hombres y mujeres del mundo.

  1. Por la Iglesia; para que cumpliendo el mandato de Jesucristo de anunciar el Evangelio hasta los confines del mundo, atraiga a su seno a todos los que buscan a Dios aun sin saberlo. Roguemos al Señor.
  2. Por los que aspiran a altos ideales; para que no desoigan la llamada del Señor que los llama a seguirlo por el camino de la sabiduría y la entrega. Roguemos al Señor.
  3. Por nuestros gobernantes y por los que están al frente de la política, la economía y el bienestar social: par que el Señor les revele su justicia y ellos promuevan con eficacia la solidaridad y la convivencia. Roguemos al Señor.
  4. Por nuestro mundo azotado por el odio y la violencia; para que Jesús le conceda paz y justicia, y para que los cristianos seamos fermento de unidad y testigos del amor. Roguemos al Señor.
  5. Por nosotros; para que la celebración de esta Eucaristía aumente nuestro deseo de extender el Evangelio, para que todos los hombres confiesen a Jesús, fuera y esperanza de la humanidad. Roguemos al Señor.

Señor, que das la victoria a tu pueblo y proteges la vida de tus fieles, acoge nuestras oraciones y haz que la semilla de tu Palabra sea fecunda para gloria tuya y bien de los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.

Poscomunión: Fortalecidos con esta Eucaristía, te pedimos, Señor Jesucristo, que lleves a la gloria de la resurrección a los que has redimido en el madero salvador de la cruz. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.


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