San Vicente de Paúl, apóstol y testigo de la Caridad de Cristo,
alcánzanos amar a Dios,
a expensas de nuestros brazos
y con el sudor de nuestras frentes.

Ayúdanos a abandonarnos a su Providencia,
fieles en descubrir su acción
en todos los acontecimientos de nuestra vida.

Sostennos en nuestro deseo de discernir
y cumplir la voluntad de Dios.

Obtennos un corazón tierno y compasivo
con las miserias y sufrimientos de los pobres,
especialmente de los más indefensos
y abandonados de este mundo,
los preferidos de Dios.

Acompáñanos en nuestro servicio a los hombres
para que, en todas nuestras actividades
de servicio y de evangelización,
seamos personas apasionadas del Evangelio del Amor.


Compártelo:

¿Te ha gustado este artículo? Díselo a tus amigos y conocidos:

  • Facebook
  • Twitter
  • MySpace
  • Google Bookmarks
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Digg
  • LinkedIn
  • Reddit
  • StumbleUpon