Recuerdo cuando me dijiste, el miércoles por la mañana, con gran solemnidad, que casi parecía algo fuera de este mundo: “Pietro, ya estoy curada. Pietro, ya estaba del otro lado, y si tú supieras lo que yo vi. Algún día te diré. Pero como estábamos tan felices, tan cómodos con nuestros maravillosos niños, llenos de salud y gracia y de todas las bendiciones celestiales, me enviaron de vuelta a sufrir algo más, porque no está bien presentarnos al Señor sin haber sufrido mucho”. Este fue ... Seguir leyendo

















