
CAPÍTULO XVIII
TRES ÚLTIMOS E IMPORTANTES AVISOS PARA ESTA «INTRODUCCIÓN»
Cada primer día del mes, después de la meditación, renueva la promesa que se encuentra en la primera parte, y, en todo momento, promete que la quieres guardar, diciendo con David: «No, jamás, eternamente, no me olvidaré de tus justificaciones, ¡oh Dios mío!, pues en ellas me has vivificado». Y cuando sientas en tu alma alguna turbación, toma en tu mano tu promesa, y, postrada con espíritu de humildad, pronúnciala con todo tu corazón, y te sentirás ...
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