A lo largo de la historia de la Iglesia, el martirio siempre ha ocupado lugar preeminente como la más sublime consumación de la vocación cristiana y la más alta garantía de la realización de la esperanza escatológica. Tal experiencia no debería ser obstinadamente buscada, ni cobardemente rechazada, pero sí libre y valientemente acogida como coronación testimonial de una opción radical por Dios y por el Reino, desde la conformidad con Cristo, “el testigo fiel” (Ap 1,5). El mártir, por lo tanto, se constituye en una ... Seguir leyendo



















