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	<title>Somos Vicencianos</title>
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	<description>Vicencianos, una Web para toda la Familia de seguidores de Vicente de Paúl</description>
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		<title>Lectio Divina: Jueves después de Ceniza</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 00:44:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lectio Divina]]></category>

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		<description><![CDATA[Lectio: Jueves, 23 Febrero, 2012 Tiempo de Cuaresma 1) Oración inicial Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor. 2) Lectura Del santo Evangelio según Lucas 9,22-25 Dijo: «El Hijo del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lectio: Jueves, 23 Febrero, 2012<br />
<strong><em>Tiempo de Cuaresma</em></strong></p>
<p><strong>1) Oración inicial</strong><br />
Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor.</p>
<p><strong>2) Lectura</strong><br />
Del santo Evangelio según Lucas 9,22-25<br />
Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.» Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?»</p>
<p><strong>3) Reflexión</strong><br />
• Ayer hemos empezado la Cuaresma. Hasta ahora la liturgia diaria seguía el evangelio de Marcos, paso a paso. A partir de ayer y hasta el día de Pascua, la secuencia de las lecturas diarias será dada por la tradición antigua de la cuaresma con sus lecturas propias, ya fijas, que nos ayudarán a entrar en el espíritu de la cuaresma y en la preparación de la Pascua. Ya desde el primer día, la perspectiva es la Pasión, la Muerte y Resurrección y el significado de este misterio para nuestra vida. Es lo que nos propone el texto bien breve del evangelio de hoy. El texto habla de pasión, muerte y resurrección de Jesús y afirma que el seguimiento de Jesús implica cargar con la cruz detrás de Jesús.<br />
• Poco antes en Lucas 9,18-21, Jesús había preguntado: “¿Quién dice la gente que soy?”. Ellos respondieron relatando las diversas opiniones: “Juan Bautista, Elías o uno de los antiguos profetas”. Después de oír las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy?” Pedro respondió: “¡El Cristo de Dios!”, es decir, el señor es aquel que el pueblo ¡está esperando! Jesús concordó con Pedro, pero prohibió de hablar sobre esto a la gente. ¿Por que Jesús lo prohíbe? Es que en aquel tiempo todos esperaban al mesías, pero cada uno a su manera: algunos como <em>rey</em>, otros como <em>sacerdote</em>, <em>doctor</em>, <em>guerrero</em>, <em>juez</em>, o <em>profeta.</em> Jesús piensa de forma distinta. Se identifica como el mesías <em>servidor y sufriente, </em>anunciado por Isaías (Is 42,1-9; 52,13-53,12).<br />
• <em>El primer anuncio de la pasión. </em>Jesús comienza a enseñar que él es el Mesías <em>Servidor </em>y afirma que, como Mesías <em>Servidor</em> anunciado por Isaías<em>, </em>será preso y morirá en el ejercicio de su misión de justicia (Is 49,4-9; 53,1-12). Lucas acostumbra seguir el evangelio de Marcos, mas aquí omite la reacción de Pedro que desaconsejaba a Jesús pensar en el mesías sufriente y omite también la dura respuesta: “¡Lejos de mí, Satanás, porque no piensas las cosas de Dios, sino de los hombres!” <em>Satanás</em> es una palabra hebraica que significa <em>acusador</em>, aquel que aleja a los demás del camino de Dios. Jesús no permite que Pedro lo aleje de su misión.<br />
• <em>Condiciones para seguir a Jesús. </em>Jesús saca las conclusiones que valen hasta hoy: <em>Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga.</em> En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el imperio romano castiga a los criminales marginales. Tomar la cruz y cargarla en pos de Jesús era lo mismo que aceptar ser marginado por el sistema injusto que legitimaba la injusticia. Era lo mismo que romper con el sistema. Como decía Pablo en la carta a los Gálatas: “El mundo quedó crucificado para mí y yo para el mundo” (Gl 6,14). La Cruz no es fatalismo, ni es exigencia del Padre. La Cruz es la consecuencia del compromiso libremente asumido por Jesús de revelar la Buena Nueva de que Jesús es Padre y que, por tanto, todos y todas deben ser aceptados y tratados como hermanos y hermanas. Por causa de este anuncio revolucionario, fue perseguido y no tuvo miedo a dar su vida. <em>No hay mayor amor que dar la vida por los hermanos.</em></p>
<p><strong>4) Para la reflexión personal</strong><br />
• Todos esperaban al mesías, cada uno a su manera. ¿Cuál es el mesías que yo espero o que la gente espera?<br />
• La condición para seguir a Jesús es la cruz. ¿Cómo me sitúo ante las cruces de la vida?</p>
<p><strong>5) Oración final</strong><br />
Feliz quien no sigue consejos de malvados<br />
ni anda mezclado con pecadores<br />
ni en grupos de necios toma asiento,<br />
sino que se recrea en la ley de Yahvé,<br />
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)</p>
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		<title>Tal día como hoy: 23 de febrero</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/tal-dia-como-hoy-23-de-febrero/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 00:33:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Efemérides]]></category>
		<category><![CDATA[San Lázaro]]></category>

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		<description><![CDATA[1650. Carta de Vicente de Paúl a sor Juana LepeintreHija de la Caridad. Fue maestra de escuela en Saint German en Laye, superiora de las hermanas de Nantes, Chateaudum y la Salpetriere. Sus últimos años trascurrieron en el Nombre de Jesús donde tuvieron que retirarla por el extravío de su razón (I, 493)., superiora del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1650.</strong> Carta de Vicente de Paúl a sor <span class="domtooltips">Juana Lepeintre<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Hija de la Caridad. Fue maestra de escuela en Saint German en Laye, superiora de las hermanas de Nantes, Chateaudum y la Salpetriere. Sus últimos años trascurrieron en el Nombre de Jesús donde tuvieron que retirarla por el extravío de su razón (I, 493).</span></span>, superiora del hospital de Nantes, en la que otras cosas le dice que &#8220;la dirección espiritual es muy útil; es un lugar de consejo en las dificultades, de ánimo en las contrariedades, de refugio en las tentaciones, de fuerza en los agobios: es, en fin, una fuente de bienes y de consuelos, cuando el director es verdaderamente caritativo, prudente y experimentado. Pero ¿sabe usted que allí donde los hombres faltan, comienza el auxilio de Dios? Él es el que nos instruye, nos fortalece, que nos es todo y que nos lleva hacia Él por sí mismo. Si no permite que tenga un padre espiritual al que pueda recurrir en todas las ocasiones, ¿cree usted que es para privarla de la dirección espiritual de tal padre? De ningún modo. Al contrario, es nuestro Señor el que se pone en su lugar y tiene la bondad de dirigirla&#8221;.</p>
<p><strong>1653.</strong> Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre la tibieza, las razones para temer caer en dicho estado y ver si no estamos en él, las señales de que estamos en él y los medios para salir de él o evitarlo.</p>
<p><strong>1657.</strong> Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre la santa misa. Para los sacerdotes, las razones que obligan a celebrarla bien, las faltas que se comenten y los medios y remedios para las mismas; para los clérigos y hermanos, los motivos para oírla bien, las faltas y los medios. La conferencia continuará el 2 de marzo.</p>
<p><strong>1926.</strong> Muere en París, donde se encontraba para representar a la China meridional en la Asamblea Sexenal, el vicario apostólico de Ning-Po, el paúl Mons. Pablo María Reynaud, decano de los obispos de China. Nació el 12 de abril de 1854 en Saint-Croix-en-Jarez, en el departamento francés de Loira, y llevaba cuatro años en China cuando fue designado vicario apostólico de Chekiang, siendo consagrado Obispo de la sede titular de Fusala el 29 de junio de 1884. Por entonces el vicariato contaba con más de veinte millones de habitantes de los que cinco mil eran cristianos y unos quince sacerdotes. En 1925, a pesar de que el territorio del vicariato se había reducido en dos ocasiones, en 1910 y en 1924, pasando a denominarse de Chekiang Oriental, primero, y de Ning-Po, después, contaba con cincuenta mil católicos y cincuenta y dos sacerdotes, de los que treinta y cuatro eran nativos. Durante este tiempo, Mons. Reynaud socorrió a todos los necesitados: a los afectados por el incendio de Ning-Po, en 1898; a los hambrientos de Shaohing, en 1912; a los damnificados por las inundaciones en el norte de China, para los que solicitó ayudas a los demás obispos y a la Santa Sede, llegando a vender la cadena de oro su cruz pectoral.</p>
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		<title>Luisa de Marillac, Carta 0509: Al señor Vicente</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 00:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Correspondencia de Santa Luisa de Marillac]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy, 3 de octubre [1655] Mi muy Honorable Padre: Nuestra Sor Francisca la jardinera, no ha dejado de hacer la renovación de sus votos que hizo por primera vez mañana, día de san Francisco, hará seis años. Suplica a su caridad le conceda la gracia de hacer lo mismo en el día de su santo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, 3 de octubre [1655]</p>
<p>Mi muy Honorable Padre:</p>
<p>Nuestra Sor Francisca la jardinera, no ha dejado de hacer la renovación de sus votos que hizo por primera vez mañana, día de san Francisco, hará seis años. Suplica a su caridad le conceda la gracia de hacer lo mismo en el día de su santo, y para ello tener la bondad de avisarnos la hora a la que dirá la santa Misa; aun cuando no sea en la iglesia, ella estará con cuidado oyéndola al mismo tiempo. Permítame, mi muy Honorable Padre, le pida noticias de su salud, y también su bendición para mí y para nuestras Hermanas, en particular para la que, con el deseo de asegurar su salvación, pide entregarse a Nuestro Señor. Por mi parte le suplico, por su santo amor, se sirva darme la ayuda de la que, ante El, su caridad ve tengo necesidad, a la vez que soy, mi muy Honorable Padre, su muy humilde y agradecida hija y servidora.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Vicente de Paúl, Carta 0827: A Un Sacerdote De La Misión</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 00:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Correspondencia de Vicente de Paúl (Tomo 2)]]></category>

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		<description><![CDATA[Es cierto que la enfermedad nos hace ver lo que somos mucho mejor que la salud, y que en los sufrimientos es donde la impaciencia y la melancolía atacan a los más decididos; pero como estas tentaciones sólo dañan a los más débiles, a usted le han aprovechado más que dañado, ya que nuestro Señor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es cierto que la enfermedad nos hace ver lo que somos mucho mejor que la salud, y que en los sufrimientos es donde la impaciencia y la melancolía atacan a los más decididos; pero como estas tentaciones sólo dañan a los más débiles, a usted le han aprovechado más que dañado, ya que nuestro Señor le ha robustecido en la práctica del cumplimiento de su voluntad; y esta fuerza se echa de ver en el propósito que usted ha hecho de combatirlas con buen ánimo; espero que todavía se apreciará mejor en las victorias que habrá de alcanzar usted sufriendo desde ahora por amor de Dios, no sólo con paciencia, sino hasta con alegría y con gozo.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Oficio de Lectura: Jueves después de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/oficio-de-lectura-jueves-despues-de-ceniza-3/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:35:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oficio de Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Nimes]]></category>

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		<description><![CDATA[OFICIO DE LECTURA Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día: V. Señor abre mis labios R. Y mi boca proclamará tu alabanza Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona: Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle. Si antes del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>OFICIO DE LECTURA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Señor abre mis labios<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Y mi boca proclamará tu alabanza</p>
<p>Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.</p>
<p>Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p></span> <span style="color: #ff0000;  "> Himno: SI ME DESECHAS TÚ, PADRE AMOROSO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si me desechas tú, Padre amoroso,<br />
¿a quién acudiré que me reciba?<br />
Tú al pecador dijiste generoso<br />
que no quieres su muerte, ¡oh Dios piadoso!,<br />
sino que llore y se convierta y viva.</p>
<p>Cumple en mí la palabra que me has dado<br />
y escucha el ansia de mi afán profundo,<br />
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;<br />
piensa tan sólo que en la cruz clavado<br />
eres, Dios mío, el Redentor del mundo. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. 1. </span><span style="color: #000000;  ">No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 43 I &#8211; ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS ENEMIGOS<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> ¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,<br />
nuestros padres nos lo han contado:<br />
la obra que realizaste en sus días,<br />
en los años remotos.</p>
<p>Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles,<br />
y los plantaste a ellos;<br />
trituraste a las naciones,<br />
y los hiciste crecer a ellos.</p>
<p>Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,<br />
ni su brazo el que les dio la victoria;<br />
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,<br />
porque tú los amabas.</p>
<p>Mi rey y mi Dios eres tú,<br />
que das la victoria a Jacob:<br />
con tu auxilio embestimos al enemigo,<br />
en tu nombre pisoteamos al agresor.</p>
<p>Pues yo no confío en mi arco,<br />
ni mi espada me da la victoria;<br />
tú nos das la victoria sobre el enemigo<br />
y derrotas a nuestros adversarios.</p>
<p>Dios ha sido siempre nuestro orgullo,<br />
y siempre damos gracias a tu nombre.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 2. </span><span style="color: #000000;  ">No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 43 II<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,<br />
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:<br />
nos haces retroceder ante el enemigo,<br />
y nuestro adversario nos saquea.</p>
<p>Nos entregas como ovejas a la matanza<br />
y nos has dispersado por las naciones;<br />
vendes a tu pueblo por nada,<br />
no lo tasas muy alto.</p>
<p>Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,<br />
irrisión y burla de los que nos rodean;<br />
nos has hecho el refrán de los gentiles,<br />
nos hacen muecas las naciones.</p>
<p>Tengo siempre delante mi deshonra,<br />
y la vergüenza me cubre la cara<br />
al oír insultos e injurias,<br />
al ver a mi rival y a mi enemigo.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 3. </span><span style="color: #000000;  ">Levántate, Señor, no nos rechaces más.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 43 III<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Todo esto nos viene encima,<br />
sin haberte olvidado<br />
ni haber violado tu alianza,<br />
sin que se volviera atrás nuestro corazón<br />
ni se desviaran de tu camino nuestros pasos;<br />
y tú nos arrojaste a un lugar de chacales<br />
y nos cubriste de tinieblas.</p>
<p>Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios<br />
y extendido las manos a un dios extraño,<br />
el Señor lo habría averiguado,<br />
pues él penetra los secretos del corazón.</p>
<p>Por tu causa nos degüellan cada día,<br />
nos tratan como a ovejas de matanza.<br />
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?<br />
Levántate, no nos rechaces más.<br />
¿Por qué nos escondes tu rostro<br />
y olvidas nuestra desgracia y opresión?</p>
<p>Nuestro aliento se hunde en el polvo,<br />
nuestro vientre está pegado al suelo.<br />
Levántate a socorrernos,<br />
redímenos por tu misericordia.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Levántate, Señor, no nos rechaces más.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">El que medita la ley del Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Da fruto a su tiempo.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> PRIMERA LECTURA<br />
Comienza el libro del Éxodo 1, 1-22</p>
<p>OPRESIÓN DE ISRAEL<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Lista de los israelitas que fueron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad, Aser; descendientes directos de Jacob: setenta personas. José estaba ya en Egipto.</p>
<p>Muerto José y sus hermanos y toda aquella generación, los israelitas crecían y se propagaban, se multiplicaban y se hacían fuertes en extremo y llenaban todo el país. Subió luego al trono de Egipto un Faraón nuevo que no había conocido a José, y dijo a su pueblo:</p>
<p>«Mirad, el pueblo de Israel se está haciendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia, pues si no, cuando se declare la guerra, se aliará con el enemigo, nos atacará y después se marchará de nuestra tierra.»</p>
<p>Así pues, nombraron capataces que los oprimieran con cargas, en la construcción de las ciudades-granero, Pitom y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más ellos crecían y se propagaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel. Entonces les impusieron trabajos crueles y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro y de los ladrillos, y toda clase de trabajos del campo.</p>
<p>El rey de Egipto ordenó a las parteras hebreas:</p>
<p>«Cuando asistáis a las hebreas y les llegue el momento, si es niño lo matáis, si es niña la dejáis con vida.» Pero las parteras temían a Dios y no hicieron lo que les mandaba el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los recién nacidos. El rey de Egipto llamó a las parteras y las interrogó:</p>
<p>«¿Por qué hacéis eso y dejáis con vida a las criaturas?» Contestaron al Faraón:</p>
<p>«Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias, sino que son robustas y dan a luz antes de que lleguemos a ellas.» Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía fuerte, y a ellas también les dio familia, porque temían a Dios. Entonces ordenó el Faraón a toda su gente:</p>
<p>«Cuando nazca un niño echadlo al Nilo, pero si es niña dejadla con vida.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO Dt 10, 17; 1, 17<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses, Dios grande, fuerte y terrible, * él no es parcial ni acepta soborno.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Oíd por igual al pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de Dios.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él no es parcial ni acepta soborno.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SEGUNDA LECTURA<br />
De los Sermones de san León Magno, papa<br />
(Sermón 6 Sobre la Cuaresma, 1-2: PL 54, 285-287)</p>
<p>LA PURIFICACIÓN ESPIRITUAL POR EL AYUNO Y LA MISERICORDIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> En todo tiempo, amados hermanos, la misericordia del Señor llena la tierra, y todo fiel halla en la misma naturaleza motivo de adoración a Dios, ya que el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos nos hablan de la bondad y omnipotencia del que los ha creado, y la admirable belleza de los elementos puestos a nuestro servicio exige de la creatura racional el justo tributo de la acción de gracias.</p>
<p>Pero al volver de nuevo estos días, marcados de manera especial por los misterios de nuestra redención, y que preceden inmediatamente a la celebración de la Pascua, se nos intima una mayor diligencia en prepararnos con la purificación de nuestro espíritu.</p>
<p>En efecto, es propio de la fiesta de Pascua que toda la Iglesia se regocije por el perdón de sus pecados, y ello no sólo en los que renacerán por el sagrado bautismo, sino también en los que han sido ya anteriormente agregados a la porción de los hijos adoptivos.</p>
<p>Pues, si bien lo que nos hace hombres nuevos es principalmente el baño de regeneración, sin embargo, como nos es también necesaria a todos la cotidiana renovación contra la herrumbre de nuestra condición mortal, y nadie hay que no tenga el deber de afanarse continuamente por una mayor perfección, es necesario un esfuerzo por parte de todos para que el día de nuestra redención nos halle a todos renovados.</p>
<p>Por tanto, amados hermanos, lo que cada cristiano ha de hacer en todo tiempo ahora debemos hacerlo con más intensidad y entrega, para que así la institución apostólica de esta cuarentena de días logre su objetivo mediante nuestro ayuno, el cual ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos.</p>
<p>Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. En efecto, con relación al amor que debemos a Dios y a los hombres, siempre está en nuestras manos la buena voluntad, que ningún obstáculo puede impedir. Los ángeles dijeron: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; con ello nos enseñaron que todo aquel que por amor se compadece de cualquier miseria ajena se enriquece, no sólo con la virtud de su buena voluntad, sino también con el don de la paz.</p>
<p>Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que lo son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas a la medida de sus posibilidades; y aunque no todos puedan ser iguales en la cantidad de lo que dan, todos pueden serlo en su buena disposición.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO Cf. 2Co 6, 4<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">El tiempo del ayuno nos ha abierto las puertas del paraíso, recibámoslo con buena voluntad y seamos constantes en la oración, * para que en el día de la resurrección nos gloriemos con el Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Acreditémonos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Para que en el día de la resurrección nos gloriemos con el Señor.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
<span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Laudes: Jueves después de Ceniza</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Laudes]]></category>

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		<description><![CDATA[LAUDES (Oración de la mañana) INVOCACIÓN INICIAL V. Señor, abre mis labios R. Y mi boca proclamará tu alabanza. INVITATORIO Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle. Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>LAUDES</strong><br />
<em>(Oración de la mañana)</em></p>
<p>INVOCACIÓN INICIAL<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, abre mis labios<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Y mi boca proclamará tu alabanza.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> INVITATORIO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Venid, aclamemos al Señor,<br />
demos vítores a la Roca que nos salva;<br />
entremos a su presencia dándole gracias,<br />
aclamándolo con cantos.</p>
<p>Porque el Señor es un Dios grande,<br />
soberano de todos los dioses:<br />
tiene en su mano las simas de la tierra,<br />
son suyas las cumbres de los montes;<br />
suyo es el mar, porque él lo hizo,<br />
la tierra firme que modelaron sus manos.</p>
<p>Venid, postrémonos por tierra,<br />
bendiciendo al Señor, creador nuestro.<br />
Porque él es nuestro Dios,<br />
y nosotros su pueblo,<br />
el rebaño que él guía.</p>
<p>Ojalá escuchéis hoy su voz:<br />
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,<br />
como el día de Masá en el desierto;<br />
cuando vuestros padres me pusieron a prueba<br />
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.</p>
<p>Durante cuarenta años<br />
aquella generación me repugnó, y dije:<br />
Es un pueblo de corazón extraviado,<br />
que no reconoce mi camino;<br />
por eso he jurado en mi cólera<br />
que no entrarán en mi descanso»</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: PASTOR QUE CON TUS SILBOS AMOROSOS.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Pastor que con tus silbos amorosos<br />
me despertaste del profundo sueño:<br />
tú, que hiciste cayado de ese leño<br />
en que tiendes los brazos poderosos,</p>
<p>vuelve los ojos a mi fe piadosos,<br />
pues te confieso por mi amor y dueño<br />
y la palabra de seguir te empeño<br />
tus dulces silbos y tus pies hermosos.</p>
<p>Oye, Pastor, pues por amores mueres,<br />
no te espante el rigor de mis pecados,<br />
pues tan amigo de rendidos eres.</p>
<p>Espera, pues, y escucha mis cuidados.<br />
Pero ¿cómo te digo que me esperes,<br />
si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. 1. </span><span style="color: #000000;  ">En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 142, 1-11 &#8211; LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA ANGUSTIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Señor, escucha mi oración;<br />
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;<br />
tú que eres justo, escúchame.<br />
No llames a juicio a tu siervo,<br />
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.</p>
<p>El enemigo me persigue a muerte,<br />
empuja mi vida al sepulcro,<br />
me confina a las tinieblas<br />
como a los muertos ya olvidados.<br />
mi aliento desfallece,<br />
mi corazón dentro de mí está yerto.</p>
<p>Recuerdo los tiempos antiguos,<br />
medito todas tus acciones,<br />
considero las obras de tus manos<br />
y extiendo mis brazos hacia ti:<br />
tengo sed de ti como tierra reseca.</p>
<p>Escúchame en seguida, Señor,<br />
que me falta el aliento.<br />
No me escondas tu rostro,<br />
igual que a los que bajan a la fosa.</p>
<p>En la mañana hazme escuchar tu gracia,<br />
ya que confío en ti;<br />
indícame el camino que he de seguir,<br />
pues levanto mi alma a ti.</p>
<p>Líbrame del enemigo, Señor,<br />
que me refugio en ti.<br />
Enséñame a cumplir tu voluntad,<br />
ya que tú eres mi Dios.<br />
Tu espíritu, que es bueno,<br />
me guíe por tierra llana.</p>
<p>Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;<br />
por tu clemencia, sácame de la angustia.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 2. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Cántico: CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA. Is 66, 10-14a<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Festejad a Jerusalén, gozad con ella,<br />
todos los que la amáis,<br />
alegraos de su alegría,<br />
los que por ella llevasteis luto;<br />
a su pecho seréis alimentados<br />
y os saciaréis de sus consuelos<br />
y apuraréis las delicias<br />
de sus pechos abundantes.</p>
<p>Porque así dice el Señor:<br />
«Yo haré derivar hacia ella<br />
como un río la paz,<br />
como un torrente en crecida,<br />
las riquezas de las naciones.</p>
<p>Llevarán en brazos a sus criaturas<br />
y sobre las rodillas las acariciarán;<br />
como a un niño a quién su madre consuela,<br />
así os consolaré yo<br />
y en Jerusalén seréis consolados.</p>
<p>Al verlo se alegrará vuestro corazón<br />
y vuestros huesos florecerán como un prado.»</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 3. </span><span style="color: #000000;  ">Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 146 &#8211; PODER Y BONDAD DEL SEÑOR<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Alabad al Señor, que la música es buena;<br />
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.</p>
<p>El Señor reconstruye Jerusalén,<br />
reúne a los deportados de Israel;<br />
él sana los corazones destrozados,<br />
venda sus heridas.</p>
<p>Cuenta el número de las estrellas,<br />
a cada una la llama por su nombre.<br />
Nuestro Señor es grande y poderoso,<br />
su sabiduría no tiene medida.<br />
El Señor sostiene a los humildes,<br />
humilla hasta el polvo a los malvados.</p>
<p>Entonad la acción de gracias al Señor,<br />
tocad la cítara para nuestro Dios,<br />
que cubre el cielo de nubes,<br />
preparando la lluvia para la tierra;</p>
<p>que hace brotar hierba en los montes,<br />
para los que sirven al hombre;<br />
que da su alimento al ganado,<br />
y a las crías de cuervo que graznan.</p>
<p>No aprecia el vigor de los caballos,<br />
no estima los músculos del hombre:<br />
el Señor aprecia a sus fieles,<br />
que confían en su misericordia.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Cf. 1R 8, 51a. 52-53a<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la tierra.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO BREVE<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Me cubrirá con su plumaje.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CÁNTICO EVANGÉLICO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Si alguno quiere venir en pos de mi &#8211; dice el Señor -, renúnciese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Bendito sea el Señor, Dios de Israel,<br />
porque ha visitado y redimido a su pueblo.<br />
suscitándonos una fuerza de salvación<br />
en la casa de David, su siervo,<br />
según lo había predicho desde antiguo<br />
por boca de sus santos profetas:</p>
<p>Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos<br />
y de la mano de todos los que nos odian;<br />
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,<br />
recordando su santa alianza<br />
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.</p>
<p>Para concedernos que, libres de temor,<br />
arrancados de la mano de los enemigos,<br />
le sirvamos con santidad y justicia,<br />
en su presencia, todos nuestros días.</p>
<p>Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,<br />
porque irás delante del Señor<br />
a preparar sus caminos,<br />
anunciando a su pueblo la salvación,<br />
el perdón de sus pecados.</p>
<p>Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,<br />
nos visitará el sol que nace de lo alto,<br />
para iluminar a los que viven en tiniebla<br />
y en sombra de muerte,<br />
para guiar nuestros pasos<br />
por el camino de la paz.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Si alguno quiere venir en pos de mi &#8211; dice el Señor -, renúnciese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> PRECES<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Celebremos la bondad de Dios, que por Cristo se reveló como Padre nuestro, y digámosle de todo corazón:</p>
<p>Acuérdate, Señor, de que somos hijos tuyos.</p>
<p>Concédenos vivir con toda plenitud el misterio de la Iglesia,<br />
a fin de que nosotros y todos los hombres encontremos en ella un sacramento eficaz de salvación.</p>
<p>Padre, que amas a todos los hombres, haz que cooperemos al progreso de la comunidad humana<br />
y que en todo busquemos tu reino con nuestros esfuerzos.</p>
<p>Haz que tengamos hambre y sed de justicia<br />
y acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual entregó su vida para que fuéramos saciados.</p>
<p>Perdona, Señor, todos nuestros pecados<br />
y dirige nuestra vida por el camino de la sencillez y de la santidad.</p>
<p></span> <span style="color: #ff0000;  "> Se pueden añadir algunas intenciones libres.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir:<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Padre nuestro&#8230;</p>
<p>ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Amén.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Tercia: Jueves después de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/tercia-jueves-despues-de-ceniza-3/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:25:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tercia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://somos.vicencianos.org/?p=67265</guid>
		<description><![CDATA[HORA TERCIA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: AMIGO DE LOS HOMBRES, JESUCRISTO Amigo de los hombres, Jesucristo, tú solo das sentido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>HORA TERCIA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: AMIGO DE LOS HOMBRES, JESUCRISTO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Amigo de los hombres, Jesucristo,<br />
tú solo das sentido a nuestra historia,<br />
y, con los ojos fijos al futuro,<br />
la Iglesia vive fiel a tu memoria.</p>
<p>Este tiempo de ayuno te presenta<br />
de nosotros la parte más oscura,<br />
y tus manos clavadas al madero<br />
nos devuelven tu paz y tu ternura.</p>
<p>A lo largo del día no nos dejes,<br />
no nos falte la luz de tu mirada:<br />
llena de amor los pasos que caminan<br />
de este mundo a la luz de tu alborada. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 119 &#8211; DESEO DE LA PAZ<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> En mi aflicción llamé al Señor,<br />
y él me respondió.<br />
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,<br />
de la lengua traidora.</p>
<p>¿Qué te va a dar o a mandar Dios,<br />
lengua traidora?<br />
Flechas de arquero, afiladas<br />
con ascuas de retama.</p>
<p>¡Ay de mí, desterrado en Masac,<br />
acampado en Cadar!<br />
Demasiado llevo viviendo<br />
con los que odian la paz;<br />
cuando yo digo: «Paz»,<br />
ellos dicen: «Guerra».</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 120 &#8211; EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Levanto mis ojos a los montes:<br />
¿de dónde me vendrá el auxilio?<br />
El auxilio me viene del Señor,<br />
que hizo el cielo y la tierra.</p>
<p>No permitirá que resbale tu pie,<br />
tu guardián no duerme;<br />
no duerme ni reposa<br />
el guardián de Israel.</p>
<p>El Señor te guarda a su sombra,<br />
está a tu derecha;<br />
de día el sol no te hará daño,<br />
ni la luna de noche.</p>
<p>El Señor te guarda de todo mal,<br />
él guarda tu alma;<br />
el Señor guarda tus entradas y salidas,<br />
ahora y por siempre.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> ¡Qué alegría cuando me dijeron:<br />
«Vamos a la casa del Señor»!<br />
Ya están pisando nuestros pies<br />
tus umbrales, Jerusalén.</p>
<p>Jerusalén está fundada<br />
como ciudad bien compacta.<br />
Allá suben las tribus,<br />
las tribus del Señor,</p>
<p>según la costumbre de Israel,<br />
a celebrar el nombre del Señor;<br />
en ella están los tribunales de justicia<br />
en el palacio de David.</p>
<p>Desead la paz a Jerusalén:<br />
«Vivan seguros los que te aman,<br />
haya paz dentro de tus muros,<br />
seguridad en tus palacios.»</p>
<p>Por mis hermanos y compañeros,<br />
voy a decir: «La paz contigo.»<br />
Por la casa del Señor, nuestro Dios,<br />
te deseo todo bien.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Is 55, 6-7<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Buscad al Señor mientras se le puede encontrar, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, crea en mí un corazón puro.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Renuévame por dentro con espíritu firme.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Sexta: Jueves después de Ceniza</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:20:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sexta]]></category>

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		<description><![CDATA[HORA SEXTA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: JESÚS, CONTIGO IREMOS AL DESIERTO Jesús, contigo iremos al desierto en medio de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>HORA SEXTA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: JESÚS, CONTIGO IREMOS AL DESIERTO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Jesús, contigo iremos al desierto<br />
en medio de la villa populosa,<br />
y tú nos brindarás el pan sabroso<br />
que alimentó tu alma silenciosa.</p>
<p>Contigo pasaremos el mar Rojo,<br />
beberemos el agua de la roca;<br />
tú serás el pastor y, en la montaña,<br />
tú serás nuestra gracia esplendorosa.</p>
<p>Contigo humildemente hasta el Calvario,<br />
contigo por la vía dolorosa,<br />
y al final, oh Jesús, por tu promesa,<br />
contigo viviremos en tu gloria. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 122 &#8211; EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> A ti levanto mis ojos,<br />
a ti que habitas en el cielo.<br />
Como están los ojos de los esclavos<br />
fijos en las manos de sus señores,</p>
<p>como están los ojos de la esclava<br />
fijos en las manos de su señora,<br />
así están nuestros ojos<br />
en el Señor, Dios nuestro,<br />
esperando su misericordia.</p>
<p>Misericordia, Señor, misericordia,<br />
que estamos saciados de desprecios;<br />
nuestra alma está saciada<br />
del sarcasmo de los satisfechos,<br />
del desprecio de los orgullosos.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 123 &#8211; NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte<br />
-que lo diga Israel-,<br />
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,<br />
cuando nos asaltaban los hombres,<br />
nos habrían tragado vivos:<br />
tanto ardía su ira contra nosotros.</p>
<p>Nos habrían arrollado las aguas,<br />
llegándonos el torrente hasta el cuello;<br />
nos habrían llegado hasta el cuello<br />
las aguas espumantes.</p>
<p>Bendito el Señor, que no nos entregó<br />
como presa a sus dientes;<br />
hemos salvado la vida como un pájaro<br />
de la trampa del cazador:<br />
la trampa se rompió y escapamos.</p>
<p>Nuestro auxilio es el nombre del Señor,<br />
que hizo el cielo y la tierra.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 124 &#8211; EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Los que confían en el Señor son como el monte Sión:<br />
no tiembla, está asentado para siempre.</p>
<p>Jerusalén está rodeada de montañas,<br />
y el Señor rodea a su pueblo<br />
ahora y por siempre.</p>
<p>No pesará el cetro de los malvados<br />
sobre el lote de los justos,<br />
no sea que los justos extiendan<br />
su mano a la maldad.</p>
<p>Señor, concede bienes a los buenos,<br />
a los sinceros de corazón;<br />
y a los que se desvían por sendas tortuosas,<br />
que los rechace el Señor con los malhechores.<br />
¡Paz a Israel!</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Dt 30, 2-3a<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz en todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Aparta de mi pecado tu vista.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Borra en mí toda culpa.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Nona: Jueves después de Ceniza</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:15:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nona]]></category>

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		<description><![CDATA[HORA NONA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: OJOS DE AQUEL PUBLICANO Ojos de aquel publicano hasta la tierra caídos, el Dios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>HORA NONA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: OJOS DE AQUEL PUBLICANO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Ojos de aquel publicano<br />
hasta la tierra caídos,<br />
el Dios de la luz os mira,<br />
miradle con regocijo.</p>
<p>Mano que pide clemencia<br />
hiriendo el pecho contrito,<br />
el Señor te abre la puerta<br />
de su pecho compasivo.</p>
<p>Lengua que en bajo murmullo<br />
dices tu dolor sentido,<br />
el Juez que sabe juzgar<br />
ha escuchado complacido.</p>
<p>Padre del octavo día,<br />
glorioso siendo propicio,<br />
perdónanos, purifícanos,<br />
por el honor de tu Hijo. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 118, 153-160<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Mira mi abatimiento y líbrame,<br />
porque no olvido tu voluntad;<br />
defiende mi causa y rescátame,<br />
con tu promesa dame vida;<br />
la justicia está lejos de los malvados<br />
que no buscan tus leyes.</p>
<p>Grande es tu ternura, Señor,<br />
con tus mandamientos dame vida;<br />
muchos son los enemigos que me persiguen,<br />
pero yo no me aparto de tus preceptos;<br />
viendo a los renegados sentía indignación,<br />
porque no guardan tus mandatos.</p>
<p>Mira cómo amo tus decretos,<br />
Señor, por tu misericordia dame vida;<br />
el compendio de tu palabra es la verdad,<br />
y tus justos juicios son eternos.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 127 &#8211; PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> ¡Dichoso el que teme al Señor<br />
y sigue sus caminos!</p>
<p>Comerás del fruto de tu trabajo,<br />
serás dichoso, te irá bien;<br />
tu mujer, como una vid fecunda,<br />
en medio de tu casa;</p>
<p>tus hijos, como renuevos de olivo,<br />
alrededor de tu mesa:<br />
ésta es la bendición del hombre<br />
que teme al Señor.</p>
<p>Que el Señor te bendiga desde Sión,<br />
que veas la prosperidad de Jerusalén<br />
todos los días de tu vida;<br />
que veas a los hijos de tus hijos.<br />
¡Paz a Israel!</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 128 &#8211; ESPERANZA DE UN PUEBLO OPRIMIDO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> ¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud<br />
-que lo diga Israel-,<br />
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,<br />
pero no pudieron conmigo!</p>
<p>Sobre mis espaldas metieron el arado<br />
y alargaron los surcos.<br />
Pero el Señor, que es justo,<br />
rompió las coyundas de los malvados.</p>
<p>Retrocedan, avergonzados,<br />
los que odian a Sión;<br />
sean como la hierba del tejado,<br />
que se seca y nadie la siega;</p>
<p>que no llena la mano del segador<br />
ni la brazada del que agavilla;<br />
ni le dicen los que pasan:<br />
«Que el Señor te bendiga.»</p>
<p>Os bendecimos en el nombre del Señor.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Hb 10, 35-36<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> No perdáis vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Mi sacrificio es un espíritu contrito.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Jueves después de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/jueves-despues-de-ceniza/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:13:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciclo B: Cuaresma]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.lecturasdeldia.net/2009/02/26/jueves-despues-de-ceniza/</guid>
		<description><![CDATA[Primera Lectura: Deuteronomio 30, 15-20 Moisés habló al pueblo, diciendo: &#8220;Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><strong>Primera Lectura: </strong><strong>Deuteronomio 30, 15-20</strong></h2>
<blockquote><p>Moisés habló al pueblo, diciendo: &#8220;Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla. Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.&#8221;</p></blockquote>
<h2><strong>Salmo Responsorial:</strong> 1</h2>
<blockquote><p>R. <em>Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.</em></p>
<p>1. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.</p>
<p>2. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.</p>
<p>3. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.</p></blockquote>
<h2><strong>Evangelio:</strong> <strong>Lucas 9, 22-25</strong></h2>
<blockquote><p>En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: &#8220;El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.&#8221; Y, dirigiéndose a todos, dijo: &#8220;El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?&#8221;.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Vísperas: Jueves después de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/visperas-jueves-despues-de-ceniza-3/</link>
		<comments>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/visperas-jueves-despues-de-ceniza-3/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:10:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vísperas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://somos.vicencianos.org/?p=67262</guid>
		<description><![CDATA[VÍSPERAS Oración de la tarde V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: SEÑOR, LA LUZ DEL DÍA YA SE APAGA. Señor, la luz [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>VÍSPERAS</strong><br />
<em>Oración de la tarde</em><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: SEÑOR, LA LUZ DEL DÍA YA SE APAGA.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Señor, la luz del día ya se apaga,<br />
la noche va extendiendo sus tinieblas;<br />
alumbra lo más hondo de las almas<br />
en este santo tiempo de Cuaresma.</p>
<p>Conoces nuestra vida y nuestra historia<br />
y sabes que también hemos pecado,<br />
por eso hacia ti nos dirigimos<br />
confiando que seremos perdonados.</p>
<p>Unidos con la Iglesia recorremos<br />
la senda que nos lleva hasta el Calvario,<br />
llevando en nuestro cuerpo tus dolores,<br />
sufriendo lo que aún no has completado.</p>
<p>Escucha nuestra voz, amado Padre,<br />
que, junto con tu Hijo Jesucristo,<br />
enviaste tu Espíritu a los hombres,<br />
sellando con tu gracia sus destinos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. 1. </span><span style="color: #000000;  ">Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 143 I &#8211; ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Bendito el Señor, mi Roca,<br />
que adiestra mis manos para el combate,<br />
mis dedos para la pelea;</p>
<p>mi bienhechor, mi alcázar,<br />
baluarte donde me pongo a salvo,<br />
mi escudo y mi refugio,<br />
que me somete los pueblos.</p>
<p>Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?<br />
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?<br />
El hombre es igual que un soplo;<br />
sus días, una sombra que pasa.</p>
<p>Señor, inclina tu cielo y desciende,<br />
toca los montes, y echarán humo,<br />
fulmina el rayo y dispérsalos,<br />
dispara tus saetas y desbarátalos.</p>
<p>Extiende la mano desde arriba:<br />
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,<br />
de la mano de los extranjeros,<br />
cuya boca dice falsedades,<br />
cuya diestra jura en falso.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 2. </span><span style="color: #000000;  ">Dichoso el pueblo cuyo Dios es el señor.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 143 II<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,<br />
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:<br />
para ti que das la victoria a los reyes,<br />
y salvas a David, tu siervo.</p>
<p>Defiéndeme de la espada cruel,<br />
sálvame de las manos de extranjeros,<br />
cuya boca dice falsedades,<br />
cuya diestra jura en falso.</p>
<p>Sean nuestros hijos un plantío,<br />
crecidos desde su adolescencia;<br />
nuestras hijas sean columnas talladas,<br />
estructura de un templo.</p>
<p>Que nuestros silos estén repletos<br />
de frutos de toda especie;<br />
que nuestros rebaños a millares<br />
se multipliquen en las praderas,<br />
y nuestros bueyes vengan cargados;<br />
que no haya brechas ni aberturas,<br />
ni alarma en nuestras plazas.</p>
<p>Dichoso el pueblo que esto tiene,<br />
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Dichoso el pueblo cuyo Dios es el señor.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 3. </span><span style="color: #000000;  ">Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap. 11, 17-18; 12, 10b-12a<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,<br />
el que eres y el que eras,<br />
porque has asumido el gran poder<br />
y comenzaste a reinar.</p>
<p>Se encolerizaron las naciones,<br />
llegó tu cólera,<br />
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,<br />
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,<br />
y a los santos y a los que temen tu nombre,<br />
y a los pequeños y a los grandes,<br />
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.</p>
<p>Ahora se estableció la salud y el poderío,<br />
y el reinado de nuestro Dios,<br />
y la potestad de su Cristo;<br />
porque fue precipitado<br />
el acusador de nuestros hermanos,<br />
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.</p>
<p>Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero<br />
y por la palabra del testimonio que dieron,<br />
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.<br />
Por esto, estad alegres, cielos,<br />
y los que moráis en sus tiendas.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE St 4, 7-8. 10<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO BREVE<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Yo dije: «Señor, ten misericordia.»<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Yo dije: «Señor, ten misericordia.»</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Sáname, porque he pecado contra ti.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, ten misericordia.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Yo dije: «Señor, ten misericordia.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CÁNTICO EVANGÉLICO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Quién pierda su vida por amor a mí la salvará para siempre», dice el Señor.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Proclama mi alma la grandeza del Señor,<br />
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;<br />
porque ha mirado la humillación de su esclava.</p>
<p>Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,<br />
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:<br />
su nombre es santo,<br />
y su misericordia llega a sus fieles<br />
de generación en generación.</p>
<p>El hace proezas con su brazo:<br />
dispersa a los soberbios de corazón,<br />
derriba del trono a los poderosos<br />
y enaltece a los humildes,<br />
a los hambrientos los colma de bienes<br />
y a los ricos los despide vacíos.</p>
<p>Auxilia a Israel, su siervo,<br />
acordándose de su misericordia<br />
-como lo había prometido a nuestros padres-<br />
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Quién pierda su vida por amor a mí la salvará para siempre», dice el Señor.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> PRECES<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo:</p>
<p>Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.</p>
<p>Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, sacerdotes y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo,<br />
para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.</p>
<p>Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo<br />
y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.</p>
<p>Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo<br />
y que respetemos su libertad y su conciencia</p>
<p>Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales<br />
y que atiendan a las necesidades de los demás.</p>
<p></span> <span style="color: #ff0000;  "> Se pueden añadir algunas intenciones libres.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad<br />
y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.</p>
<p>Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús:<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Padre nuestro&#8230;</p>
<p>ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Amén.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Completas: Jueves después de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/completas-jueves-despues-de-ceniza-3/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 23:05:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Completas]]></category>

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		<description><![CDATA[COMPLETAS (Oración antes del descanso nocturno) INVOCACIÓN INICIAL V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. EXAMEN DE CONCIENCIA Hermanos, habiendo llegado al final de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>COMPLETAS</strong><br />
<em>(Oración antes del descanso nocturno)</em></p>
<p>INVOCACIÓN INICIAL<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> EXAMEN DE CONCIENCIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.</p>
<p>Yo confieso ante Dios todopoderoso<br />
y ante vosotros, hermanos,<br />
que he pecado mucho<br />
de pensamiento, palabra, obra y omisión:<br />
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.</p>
<p>Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,<br />
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,<br />
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: CUANDO LLEGÓ EL INSTANTE DE TU MUERTE<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Cuando llegó el instante de tu muerte<br />
inclinaste la frente hacia la tierra,<br />
como todos los mortales;<br />
mas no eras tú el hombre derribado,<br />
sino el Hijo que muerto nos contempla.</p>
<p>Cuando me llegue el tránsito esperado<br />
y siga sin retorno por mi senda,<br />
como todos los mortales,<br />
el sueño de tu rostro será lumbre<br />
y tu gloria mi gloria venidera.</p>
<p>El silencio sagrado de la noche<br />
tu paz y tu venida nos recuerdan,<br />
Cristo, luz de los mortales;<br />
acepta nuestro sueño necesario<br />
como secreto amor que a ti se llega. Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Mi carne descansa serena.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 15 &#8211; CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;<br />
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»<br />
Los dioses y señores de la tierra<br />
no me satisfacen.</p>
<p>Multiplican las estatuas<br />
de dioses extraños;<br />
no derramaré sus libaciones con mis manos,<br />
ni tomaré sus nombres en mis labios.</p>
<p>El Señor es mi heredad y mi copa;<br />
mi suerte está en tu mano:<br />
me ha tocado un lote hermoso,<br />
me encanta mi heredad.</p>
<p>Bendeciré al Señor, que me aconseja,<br />
hasta de noche me instruye internamente.<br />
Tengo siempre presente al Señor,<br />
con él a mi derecha no vacilaré.</p>
<p>Por eso se me alegra el corazón,<br />
se gozan mis entrañas,<br />
y mi carne descansa serena.<br />
Porque no me entregarás a la muerte,<br />
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.</p>
<p>Me enseñarás el sendero de la vida,<br />
me saciarás de gozo en tu presencia,<br />
de alegría perpetua a tu derecha.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Mi carne descansa serena.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE 1Ts 5, 23<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO BREVE<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Tú, el Dios leal, nos librarás.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Te encomiendo mi espíritu.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CÁNTICO EVANGÉLICO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Ahora, Señor, según tu promesa,<br />
puedes dejar a tu siervo irse en paz,</p>
<p>porque mis ojos han visto a tu Salvador,<br />
a quien has presentado ante todos los pueblos</p>
<p>luz para alumbrar a las naciones<br />
y gloria de tu pueblo Israel.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
<span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> BENDICIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,<br />
vida, dulzura y esperanza nuestra,<br />
Dios te salve.</p>
<p>A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,<br />
a ti suspiramos , gimiendo y llorando<br />
en este valle de lágrimas.</p>
<p>Ea, pues, Señora, abogada nuestra,<br />
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,<br />
y después de este destierro muéstranos a Jesús,<br />
fruto bendito de tu vientre.</p>
<p>¡Oh clemente, oh piadosa,<br />
oh dulce Virgen María!<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Materiales para Cuaresma y Semana Santa</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 07:51:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebraciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy comenzamos la Cuaresma, tiempo de conversión y preparación a la fiesta cristiana por excelencia: la celebración pascual que, dentro de 40 días, nos volverá a acercar al misterio salvífico de la muerte y resurrección de Jesucristo. Ofrecemos dos libritos que recopilan oraciones, reflexiones y materiales diarios que nos pueden acompañar durante todo este tiempo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy comenzamos la Cuaresma, tiempo de conversión y preparación a la fiesta cristiana por excelencia: la celebración pascual que, dentro de 40 días, nos volverá a acercar al misterio salvífico de la muerte y resurrección de Jesucristo.</p>
<p>Ofrecemos dos libritos que recopilan oraciones, reflexiones y materiales diarios que nos pueden acompañar durante todo este tiempo. Están en formato PDF y cada uno de ellos ronda las 100 páginas:</p>
<h2>1. Descarga &#8220;Folleto de Cuaresma 2012&#8243; aquí:</h2>
<table style="width: 256px;" border="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td>Formato PDF<em>:</em></td>
</tr>
<tr>
<td><a href="http://somos.vicencianos.org/?dl_id=182" target="_blank"><img src="http://somos.vicencianos.org/vicencianos/files/pdf.png" alt="PDF" width="256" height="256" /></a></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<h2>2. Descarga &#8220;Materiales y celebraciones para Semana Santa 2012&#8243; aquí:</h2>
<table style="width: 256px;" border="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td>Formato PDF<em>:</em></td>
</tr>
<tr>
<td><a href="http://somos.vicencianos.org/?dl_id=176" target="_blank"><img src="http://somos.vicencianos.org/vicencianos/files/pdf.png" alt="PDF" width="256" height="256" /></a></td>
</tr>
</tbody>
</table>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Andrés Avelino Gutiérrez Moral (1886-1936)</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/andres-avelino-gutierrez-moral-1886-1936/</link>
		<comments>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/andres-avelino-gutierrez-moral-1886-1936/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 06:49:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mítxel Olabuénaga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías de Misioneros Paúles]]></category>

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		<description><![CDATA[Salazar de Amaya es una aldea burgalesa asentada a la sombra de la Peña Amaya, testigo del nacimiento de Castilla, era 894. En ella nació el P. Gutiérrez el 11 de noviembre de 1886. Sus padres se llamaron Juan y Vicenta. De temperamento muy en, consonancia con el paisaje bra­vío que le vio nacer, desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://somos.vicencianos.org/files/2012/02/Biografias-Paúles7.jpg" rel="shadowbox[sbpost-65915];player=img;" title="Biografias Paúles"><img class="alignright size-full wp-image-67194" title="Biografias Paúles" src="http://somos.vicencianos.org/files/2012/02/Biografias-Paúles7.jpg" alt="" width="232" height="300" /></a>Salazar de Amaya es una aldea burgalesa asentada a la sombra de la Peña Amaya, testigo del nacimiento de Castilla, era 894.</p>
<p>En ella nació el P. Gutiérrez el 11 de noviembre de 1886. Sus padres se llamaron Juan y Vicenta.</p>
<p>De temperamento muy en, consonancia con el paisaje bra­vío que le vio nacer, desde chico fue de famosos hechos y no santos.</p>
<p>Para muestra, todo un señor botón.</p>
<p>Cuando él tenía diez años, cierta mujer del pueblo sor<sup>,</sup> prendió a Andrés Avelino y a otro guaja haciendo una trave­sura gorda y los reprendió severamente y aun diz que les in­sultó más de la cuenta. Con buena gentecilla se metió la pobre. La molieron a golpes; tanto, que, creyéndola muerta, la tira­ron a un arroyo, y gracias a que en el hilillo de agua que por él corría halló la infeliz su resurrección.</p>
<p>Pero el cachorrillo se dejaba domar y aun gobernar por la mansedumbre de una corderilla, su hermana, algo mayor de edad. A ella debió —es confesión propia— que su Primera Comunión fuera ejemplarísima; a ella, el haberse aprendido, como nadie, el Catecismo; a ella, la vocación religiosa.</p>
<p>Porque, sí, señor; con asombro inaudito de todos los veci­nos de Salazar, un día corrió por el pueblo este clamor: &#8220;¡An­drés se ha ido fraile!&#8221;</p>
<p>Y para fraile se metió a estudiar en la Escuela Apostólica de Tardajos.</p>
<p>A punto estuvo de darles la razón a sus paisanos, que de­cían: &#8220;¡Ese, fraile! No tardará en volver ¡Es imposible que persevere tan buena pieza!&#8221; Y el caso fue que &#8220;le picó la mosca&#8221;, sin que le aprovecharan, ni poco ni mucho, los conse­jos sabios de los respetables y reverendos Padres, sus profe­sores; mas Dios, que cuando quiere aprovecha incluso con el veneno, se sirvió de un apostoliquillo para reducir al rebelde, cuando mismo, maleta en mano, se disponía a abandonar el Colegio.</p>
<p>Terminados felizmente sus estudios de humanidades, in­gresó en, el noviciado de la Congregación de la Misión, el año 1903. Pronunciados a su debido tiempo los santos votos, es­tudiada la Filosofía en Hortaleza y la Teología en Madrid, aun sin recibir las sagradas Órdenes, fue destinado como pro­fesor al Colegio de Limpias. Sobre su conducta durante el es­tudiantado nada de especial es de advertir, si no son algunos borbotones de su carácter violento, sobre los que hay que echar mi velo de indulgencia. Nada tiene de extraño, que la fierecilla se revolviera y mordiera las cadenas con que su fuer­za de voluntad la aprisionaba. Y no disimulamos —nótese bien—en nuestros biografiados sus defectos, precisamente para destacar más el efecto de la gracia divina, que sale boyante entre el mar furioso de pasiones que en el hombre o la mujer nacen como las espinas en la tierra.</p>
<p>Al año de su estancia en Limpias se&#8217; ordenó. Su actuación como profesor fue brillantísima y eficacísima. Su sola mirada llamaba al orden a los colegiales. Alguien dijo entonces que tres como el P. Gutiérrez bastaban para regir mi ejército de colegiales.</p>
<p>Desde 1917 a 1930 estuvo de residencia en Tardajos, con destino a las Misiones en la provincia de Burgos, en, los últi­mos años como Director. Para la predicación misionera se dis­ponía concienzudamente: nunca se repetía, afirma un <sup>-</sup>testigo. Su talento, extraordinario, y su erudición, abundante, exqui­sita, no le dispensaba, en su recto juicio, del estudio constan­te. No manojo, sino maraña de nervios, era exageradísimo en los gestos, aunque con los años se fue moderando. Sudaba en­tre témpanos de nieve y gritaba con desafuero: en una Nove­na-Misión que predicó en, el Santuario de los Milagros, decía la gente: &#8220;Pensa, pensa, que con berrar está todo feito.&#8221; Decía mal su bravura con fa melosidad gallega. Él era trompeta y aun trombón que sonaba demasiado fuerte en la terriña de las gaitas. En Burgos se le llamaba &#8220;El Padre Tareas.&#8221;</p>
<p>Desde 1930 a 1933 estuvo destinado en la ciudad de Oren­se, dedicado al servicio de la iglesia encargada a la Comuni­dad; pero más a la predicación de los Preceptos y otros ser­mones sueltos en los pueblos de la provincia.</p>
<p>Mediando el año 1933 fue trasladado a Gijón. Aquí le es­peraba la Providencia divina <em>&#8212;serutans corda et </em>renes <em>Deus ­</em>para otorgarle el singular privilegio del martirio.</p>
<p>¿Cómo fue?</p>
<p>Terrible.</p>
<p>Apuntemos los datos conocidos. Uno de sus asesinos fue detenido en Valencia, a poco de terminada la guerra, y se le obligó a recomponer la escena.</p>
<p>El motivo ocasional de su detención lo refiere así el Padre Lozano:</p>
<p>&#8220;&#8230; El P. Gutiérrez fue un día llamado por teléfono. ¿Fue una penitenta? Así le dijeron, y él se lo creyó cumplidamente. Quienquiera que fuese, comenzó por preguntarle si estaba en el puerto el crucero <em>Cervera. </em>El barco en cuestión era enton­ces el terror de Gijón. Sin darse cuenta de ello y de que los teléfonos todos estaban intervenidos, el Sr. Gutiérrez contestó al interlocutor dando toda suerte de detalles sobre la presencia del barco y algunas de sus características técnicas. Media hora después, los ridículos milicianos, que tantos días les habían visitado, se presentaban en casa preguntando por él y se lo llevaban para no volver. Por la noche, ya se comentaba que había estado en complicidad con el <em>Cervera.&#8221;</em></p>
<p>3 de agosto. Invención del cuerpo del Protomártir San Es­teban. Esta es la fecha.</p>
<p>Y el monte de San Justo, a poca distancia relativamente de Villaviciosa, trasunto del Calvario. A su falda se paró el coche fatal. Largo había sido el paseo.</p>
<p>Las fieras, al ver en su cubil a la víctima, ¡cómo gozan! ¡Y se regodean! Despiértanse instintos de trogloditas. Hay de­talles canibalescos.</p>
<p>Con gran rapidez se apearon los milicianos, la gavilla de esbirros, y a empujones le hicieron bajar al P. Gutiérrez.</p>
<p>La subida al monte, penosa y triste, pero piadosa. &#8220;Iba hablando solo&#8221;, decía el asesino Fraisón. Por lo visto, rezaba. Llegaron más arriba de &#8220;La Venta de la Rana&#8221;. Y el león hecho cordero, camino de su inmolación, tenía presente la imagen del Inmaculado. ¡Tantos años aprendiendo la lección de mansedumbre que El tanto ponderó poniéndose como Maes­tro de teoría y práctica! Su geniazo, reprimido muchas veces, mas nunca debilitado, que con tanta frecuencia había servido de ejercicio de paciencia a los hermanos, se había embotado al fin. Genio y figura, dicen, hasta la sepultura. Se equivocó el refrán por esta vez. En aquellos meses en que se veía a las bestias revolucionarias tejer con febril empeño los últimos plin­tos de la urdimbre maldita, el P. Gutiérrez dio un cambiazo. Su pasión dominante cayó hecha una piltrafa. Había logrado, en fiera lid, total victoria.</p>
<p>Por eso, ante el Comité de El Llano guardó silencio y no desmenuzó entre sus uñas al desgraciado presidente, Campa­nal, que Dios haya perdonado.</p>
<p>Por eso, no rechinaron ya sus dientes cuando le insultaban, o le cacheaban desvergonzados, o le maltrataban.</p>
<p>Por eso, cuando ellos blasfemaban, él rezaba. Y por lo bajo, sin afán de reto, sin alarde corajudo.</p>
<p>Por eso, tranquilamente, santamente, cristianamente, subía y subía por la senda que él trabajosamente abría entre la maleza del monte de San Justo.</p>
<p>Antes que él se cansó el tropel de bárbaros.</p>
<p>Y sonó la descarga cerrada. Era la rabia del infierno con­vertida en pólvora.</p>
<p>Resonaron los tiros en los cercanos &#8220;casines&#8221;.</p>
<p>¡Ay! De ninguno de ellos surgió una Verónica.</p>
<p>Pero han guardado una frase de incalificable fiereza: —&#8221;No hay tiro de gracia; que sufra y se&#8230;&#8221;</p>
<p>Era un lunes, por la mañana.</p>
<p>El sadismo de aquellos tigres se satisfizo largo rato, vién­dole padecer, entre cuchufletas, sarcasmos y burlas.</p>
<p>Al fin, se fueron los criminales.</p>
<p>Y las horas de espantosa agonía continuaron. A voces pedía auxilio. Sus alaridos repercutían a lo lejos; mas sólo las mon­tañas los recibían compasivas. Los humanos de los contornos, que los oían,<sup>-</sup>eran menos impresionables que las piedras. Diz que temían a los rojos emboscados.</p>
<p>Pero, no; que para robarle el reloj ya tuvieron ánimo. ¿No sería consigna infernal no rematarle para que se des­esperase?</p>
<p>Mas el Ángel Consolador estaría a su lado, como hizo en el Huerto de Getsemaní, cuando el Divino Agonizante quiso con el sudor de su sangre regar la tierra. De las ramas de los ar­bustos entre los cuales cayó el P. Gutiérrez cuelgan rubíes, que son las gotas de su sangre, y con ellas empurpura también el suelo.</p>
<p>¡Trágica estampa la que ofrecía el pobre malherido: incor­porándose y volviendo a caer, siendo inútiles todos sus esfuer­zos por levantarse y echar a andar!</p>
<p>Todavía, al cabo de tres años, se notaba el hoyo que su pie hiciera, al servir en vano de palanca para la erección. Expiró.</p>
<p>De Villaviciosa vino el carro de recoger las basuras de la calle, para transportar el cadáver.</p>
<p>Abochorna el decirlo, pero es menester; que se entienda de qué indignidades somos capaces los civilizados, si Dios nos deja de su mano.</p>
<p>Y es que el carretero, al conducirlo, pegaba palos al cadá­ver, diciendo &#8220;¡Me c&#8230; en tu alma!&#8221;&#8230;</p>
<p>El lugar del espantoso crimen y del triunfo admirable está hoy acotado: una reja lo circunda y en su centro se levanta airosa la Cruz redentora.</p>
<p>En el Cementerio Ceares, de Gijón, descansan los restos gloriosos del invicto Mártir. Fueron a él trasladados al termi­nar la guerra en Asturias.</p>
<p>En el Cielo está su alma. Porque sufrió la prueba, ha reci­bido la corona de la vida, prometida por Dios a los que le aman.</p>
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		<title>Federico Ozanam según su correspondiencia (XII)</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 04:41:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mítxel Olabuénaga</dc:creator>
				<category><![CDATA[Federico Ozanam]]></category>
		<category><![CDATA[Santo Domingo]]></category>

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		<description><![CDATA[Capítulo XII: Curso de Derecho Comercial. Vocación Te conviene tomar otro camino Dante (Int. cap. 1, 91) 1.— Ozanam escritor 2.— Dudas de Ozanam sobre su vocación 3.— El P. Lacordaire 4.— Misión seglar de Ozanam 5.— Progreso de la obra de San Vicente 6.— La cátedra de Derecho comercial 7.— Ozanam, precursor 8.— La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Capítulo XII: Curso de Derecho Comercial. Vocación</h2>
<p style="text-align: right;"><em>Te conviene tomar otro camino</em><br />
Dante (Int. cap. 1, 91)</p>
<p style="text-align: center;">1.— Ozanam escritor 2.— Dudas de Ozanam sobre su vocación 3.— El P. Lacordaire 4.— Misión seglar de Ozanam 5.— Progreso de la obra de San Vicente 6.— La cátedra de Derecho comercial 7.— Ozanam, precursor 8.— La cátedra de Literatura extranjera 9.— Proposición del ministro Cousin 10.— Ozanam ante el Tribunal 11.— Triunfo de Ozanam ante el concurso.</p>
<p><a href="http://somos.vicencianos.org/files/2012/02/Federico_Ozanam_Pativilca.jpg" rel="shadowbox[sbpost-65918];player=img;" title="Federico Ozanam"><img class="alignright size-medium wp-image-66042" title="Federico Ozanam" src="http://somos.vicencianos.org/files/2012/02/Federico_Ozanam_Pativilca-216x300.jpg" alt="" width="216" height="300" /></a>Ozanam quedó como anonadado por la muerte de su madre. Después de cinco años de estudios ardientes, al recibir el doctorado de Letras, cumbre de sus ideales, se encuentra solo y no sabe a quién presentar sus laureles. Ni siquiera sabe hacia dónde dirigir su vida. Montalembert le exigía con insistencia su colaboración para el «Universo religioso». El P. Lacordaire le imponía como un deber que se dedicara a escribir. «No hay excusa que le permita guardar su pluma —le escribía este sacerdote—. No niego que el oficio de la pluma es rudo, pero la Prensa se ha convertido en una fuerza poderosa, tan poderosa que no podemos abandonarla. Escribamos, no para nuestra gloria, sino para la gloria de Jesucristo. Crucifiquémonos en nuestra pluma, y si son pocos los que nos leen, ¿qué importa? La gota de agua que llega al mar, contribuyó a crear el río, y el río no muere&#8230; En cuanto a Vd., debe encontrar motivo de aliento en todo lo que ha publicado hasta ahora. Su estilo tiene vida y esplendor, y posee, además, una erudición que lo ayuda. Yo lo insto a que trabaje. Si yo fuera el director de su conciencia, no lo instaría, le obligaría.»</p>
<p>1. Ozanam se resolvió a escribir. Prestaría su colaboración a la Prensa católica, aunque sea de una manera intermitente. Por el momento, empezó a publicar un estudio histórico sobre el protestantismo, demostrando que el protestantismo es tan sólo un ruin servidor del despotismo opresor de las conciencias, en todos aquellos lugares en donde estas conciencias no se encuentran defendidas por la fe católica.</p>
<p>Pero, ¿serán suficientes estos estudios literarios para llenar la vida de un Ozanam que se sentía llamado al apostolado por toda la fuerza de la naturaleza y de la gracia? Además, él era, indudablemente, un orador de fuerza. Poseía en alto grado el don de la palabra. Y su palabra hablada resultaba mucho más poderosa que su palabra escrita. Se diría que su verdadero puesto no estaba en el tribunal, sino más bien en la tribuna o en la cátedra. Pero, sobre todo, en la cátedra, ya que su palabra, aun siendo seglar, tenía casi el sonido de la palabra sagrada. Y él era, por encima de todo  y  por  la  gracia  de  Dios,  un  apóstol.  Tenía  del  apóstol  el  celo conquistador, el ardor, la caridad, la ternura. Ardía su voluntad con el deseo de anunciar la verdad y de salvar las almas.</p>
<p>2. Así empezó a germinar en la mente de Ozanam la idea de una vocación superior. Además de lo que acabamos de decir, lo inducían también a este pensamiento su genuina piedad, su amor ardiente a Jesucristo y el deseo de imitarlo mejor en una vida más perfecta. Y no hay duda que lo inducía por encima de todo, la gran pureza de su vida interior y la gran admiración que le inspiraba la integridad virginal de un joven, aquella virtud que fue la que conquistó el corazón del Maestro, que no disimuló su preferencia por su discípulo amado.</p>
<p>3. Pero, ¿hacia qué orden religiosa se dirigen sus pensamientos?&#8230; Las circunstancias del momento fijaron su dirección: en esos días le anuncia el P. Lacordaire su resolución de dirigirse a Roma para ingresar en la Orden de Santo Domingo. Debe salir de París el 7 de marzo, día de Santo Tomás de Aquino. Día grande en la tierra, que ha sido escogido por más de uno para sellar su inmolación&#8230;</p>
<p>El P. Lacordaire no había sido tan sólo para Ozanam, durante sus años de estudiante, un objeto de entusiasmo. Había sido también el objeto de sus mayores ternuras. Por lo tanto es natural que esa decisión del insigne sacerdote inclinase sus ideas hacia la misma Orden, y más cuando el P. Lacordaire lo invitaba a seguirlo.</p>
<p>4. Mucho titubeó Ozanam. A punto estuvo de correr a Roma a reunirse con él. Pero después de madura reflexión, después de oír los consejos de su sabio director, comprendió que la vida monástica no era para él. Tal vez lo que más lo decidió fue el convencimiento de la gran misión seglar que le tocaba cumplir. Sí. Entre diversas razones de orden privado, la que tuvo más peso en el fuero de su conciencia y de su fe, fue el convencimiento de que él, moralmente, no era libre. Se sentía ligado a la Sociedad de San Vicente de Paúl por un lazo indisoluble. A ella debía consagrar su vida, permaneciendo él en ese terreno del mundo en donde la había engendrado, para organizar y desarrollar esa Obra de apostolado. Apostolado seglar, es verdad, pero también  apostolado  sagrado,  cuyo  abandono  seria  una  traición,  ya  que siempre, y a pesar de la distancia que lo separaba de París, seguía siendo él su primera luz y su mejor fuerza.</p>
<p>5. Las filas de la pequeña Sociedad de San Vicente de Paúl crecían de manera   sorprendente.  Se   acababa  de   fundar   en   París   una   nueva Conferencia, formada por los alumnos de las Escuelas Normales y Politécnicas. Estaba constituida esta nueva Conferencia por quince jóvenes que representaban la tercera parte de la Universidad y los cuales pedían, como un favor especial, que se les permitiera dedicar dos o tres horas cada domingo —por ser éste su único día libre— al servicio de Dios y de los pobres. Ya para el año siguiente, contaría París con catorce Conferencias, pudiéndose augurar un número igual para la provincia, lo que vendría a sumar un total de mil católicos, impacientes por tomar parte en esa cruzada de amor.</p>
<p>Ese progreso maravilloso no sólo llenaba de felicidad el corazón de Ozanam, sino que también le hacía medir la responsabilidad que pesaba sobre los promotores de semejante Obra.</p>
<p>En <span class="domtooltips">Lyon<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Lyon o Lion es la tercera ciudad más poblada de Francia después de París y Marsella. Actualmente es la capital del departamento de Ródano y de la región Ródano-Alpes. Situada al norte del corredor natural del valle del Ródano (que une Lyon con Marsella) y entre el Macizo Central al oeste y los Alpes al este, la ciudad de Lyon ocupa una posición estratégica en la circulación norte-sur en Europa. Antigua capital de la Galia durante el Imperio romano; durante la Edad Media, Lyon se convirtió en una ciudad comercial y después en el siglo XIX en una plaza financiera de primer orden. Su prosperidad económica aumentó sucesivamente por el monopolio de la seda y luego por la aparición de industrias, sobre todo textiles y de productos químicos.</span></span>, las dos Conferencias que había fundado allí el mismo Ozanam, encontraban, cada día, nuevas dificultades. Razón de más para no abandonarlas, decía el mismo Ozanam. El ejercía allí el cargo de presidente, a pesar de que juzgaba que carecía de la energía necesaria y de la libertad de espíritu requerida para esas funciones. Pero las circunstancias del momento le obligaban a no dimitir ese cargo. Esas circunstancias eran las mismas que prohíben a un comandante romper su espada en el campo de batalla.</p>
<p>6. En esos días, recibió Ozanam el nombramiento de catedrático de Derecho comercial. Ya lo tenemos en ese puesto que, aunque lo retiene en <span class="domtooltips">Lyon<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Lyon o Lion es la tercera ciudad más poblada de Francia después de París y Marsella. Actualmente es la capital del departamento de Ródano y de la región Ródano-Alpes. Situada al norte del corredor natural del valle del Ródano (que une Lyon con Marsella) y entre el Macizo Central al oeste y los Alpes al este, la ciudad de Lyon ocupa una posición estratégica en la circulación norte-sur en Europa. Antigua capital de la Galia durante el Imperio romano; durante la Edad Media, Lyon se convirtió en una ciudad comercial y después en el siglo XIX en una plaza financiera de primer orden. Su prosperidad económica aumentó sucesivamente por el monopolio de la seda y luego por la aparición de industrias, sobre todo textiles y de productos químicos.</span></span>, le permite seguir su irresistible vocación filosófico-literaria. Vocación que él muchas veces se reprueba por arrebatarle un tiempo que podría tal vez ocupar en cosas más útiles para el servicio del prójimo.</p>
<p>El 16 de diciembre de 1839, el profesor Ozanam pronunció su primer discurso de apertura del curso comercial, con un éxito pocas veces igualado. Una muchedumbre inmensa se congregó en la gran sala. Rompieron puertas y ventanas y, desde ese día, no hubo nunca un puesto vacío en aquella clase,  teniendo  presente  que  podía  contener  la  sala  unas  doscientas cincuenta personas.</p>
<p>Todos quedaban dominados por aquel espíritu penetrante, por aquella erudición, por aquella rectitud de corazón y por aquella conciencia tan alta, al mismo tiempo que todos también se deleitaban con los destellos de su elocuencia.</p>
<p>Atribuía Ozanam semejante éxito al respeto que en Lyon existía por la memoria de su padre, al poder de la amistad que sabe engendrar triunfos y, por encima de todo, a Dios que, como decía él, «concede su parte de aire a la oveja esquilada y quiso ahorrarme la dura prueba del fracaso».</p>
<p>7.  A  principios  de  1840,  Ozanam,  adelantándose  en  mucho  a  las futuras iniciativas universitarias, escribió en el «Contemporain» un informe considerable sobre la Enseñanza especial superior que —por las transformaciones del siglo en el orden económico— consideraba él que urgía ofrecer a esa porción de la juventud destinada a la industria y al comercio. Enseñanza que, según su criterio, debía marchar paralela con la enseñanza clásica y tradicional, reservada a las profesiones llamadas liberales. De este modo —decía él generosamente—, veríamos la industria oficialmente consagrada por la ciencia y sin desertar de la posición social donde la Providencia la colocó, salir del estado llano, ennoblecida por una alianza con las altas disciplinas intelectuales.</p>
<p>Años más tarde, asombrado por la precoz sabiduría y por el sentido profundamente práctico de estas páginas, inspiradas únicamente en el deseo de la mejoría progresiva de las clases, dijo Agustín Cochin, sinceramente emocionado: «La visión y los deseos de Ozanam se adelantaron, en mucho, a los ensayos de nuestros gobernantes y de nuestros ministros&#8230; Fue un precursor».</p>
<p>8. Por entonces, quedó vacante la cátedra de Literatura extranjera, recientemente fundada en Lyon por Edgart Quinet, quien pasaba a ocuparla en el Colegio de Francia. El rector de la Academia, León Soulacroix, bien informado de la preferencia de Ozanam por la enseñanza de las Letras y deseoso como estaba de retenerlo en Lyon, concibió el proyecto de lograr para él la cátedra de Literatura que iba a quedar vacante, sin que perdiese por eso la de Derecho comercial. Podría así Ozanam consolarse de la aridez del Derecho por el irresistible atractivo de las Letras. Además, hijo de Italia por nacimiento, poseedor del alemán, lector asiduo del español y del inglés, dominador del público por la gracia de su decir, ¿qué le faltaba a aquél joven para reemplazar a Quinet en la Literatura extranjera? Le faltaba compartir con Quinet  las  ideas  revolucionarias.  Le  faltaba,  sobre  todo,  la  impiedad  de Quinet. Y ésa fue la causa de la oposición que encontró el proyecto.</p>
<p>AI saber Ozanam que era al cristiano al que rechazaban, que por su fe religiosa pretendían negarle la entrada a la Facultad de Letras, no titubeó un instante en declararse irreductible a ningún precio. Así se lo escribió al hijo de su segundo padre de antaño, a Ampère. Con frases enérgicas, llega hasta a reclamar que si el ostracismo está pronunciado contra los católicos, preciso es que lo proclamen con claridad para que éstos sepan a qué atenerse. Y no disimula su resolución de alejarse para siempre de un recinto cuya puerta es de tan diminutas proporciones que obliga a encorvarse para penetrar en él.</p>
<p>¿Qué supo el Ministro de todo esto? Tuvo tal vez conocimiento de lo escrito por Ozanam a Ampère. Lo que sabemos de cierto es que en esos días recibió Ozanam una llamada categórica que decía así: «Puede contar conmigo, venga a verme.»</p>
<p>9. Ozanam se trasladó a París. Fue muy bien recibido por Cousin, quien le invitó a su casa, se informó con interés de sus proyectos y le ofreció la cátedra  de  Quinet,  pero&#8230;  con  una  condición:  que  tomase  parte  en  un concurso de admisión que acababa de abrirse para una cátedra de Literatura extranjera en la Sorbona.</p>
<p>La fecha del concurso estaba fijada para septiembre. Ozanam tenía tan sólo cinco meses para prepararse. Sus competidores se preparaban desde hacía más de un año. Después de explicarle todo esto, le dijo el Ministro: No es que haya ninguna probabilidad de que Vd. Logre esa admisión. Lo que me mueve a instarle a tomar parte en el debate es el deseo de que ese concurso, al efectuarse por primera vez, resulte brillante y que esté formado por una selecta reunión de jóvenes de talento. Haga eso por mí. Después, suceda lo que suceda, Vd. tendrá su cátedra en Lyon.»</p>
<p>Es verdaderamente asombroso que, en menos de seis meses, pudiera Ozanam siquiera desflorar el programa de las tres literaturas clásicas y de cuatro literaturas extranjeras. Fue para él un sufrimiento ese pasar sin detenerse ante todas aquellas maravillas, ese arrancar con apurada mano, aun a riesgo de marchitarlas, tantas bellezas poéticas, formando con ellas, decía él, no ya una corona sino un pesado fardo.</p>
<p>Sacrificó, para hacer estos estudios de repaso, un viaje que tenía proyectado a Suiza y a Alemania. Se impuso la fatiga de dieciocho horas de trabajo diario, sin menoscabo para sus clases y sus obras. Sí; sin menoscabo de sus obras, ya que en ese pelear de las horas, encontró tiempo aquel infatigable trabajador para no descuidar las clases de escritura y dé cálculo que daba a los soldados.</p>
<p>10. En la fecha fijada se presentó al concurso, después de tres días de viaje casi sin dormir, extenuado, con fiebre. Además, aunque estaba lleno de valor, no tenía ninguna esperanza. Frente a sí tenía siete competidores que gozaban ya de buena fama en el profesorado de París. De París, es decir, con la fuente de los documentos a pedir de boca y en los cuales se habían sumergido ellos desde hacía más de un año.</p>
<p>Comenzó  la  interminable  serie  de  pruebas.  Los  ejercicios  escritos consistían en una disertación latina y otra francesa, cada una de ocho horas. La latina era: «Sobre las causas que detuvieron el desarrollo de la tragedia entre los griegos». La tesis francesa del día siguiente era: «Sobre el valor histórico de las oraciones fúnebres de Bossuet».</p>
<p>Sabidas por demás tenía Ozanam las respuestas. Pero, urgido por el tiempo y acostumbrado como estaba a pulir a su gusto todo lo que escribía, apenas si pudo bosquejar dos borradores incompletos que, a última hora, se vio  obligado  a  entregar.  Abochornado,  casi  desesperado,  se  sintió  con deseos de abandonar el concurso. Y lo hubiera hecho si su amigo Ampère no le hubiera detenido murmurándole al oído que la partida no estaba perdida, sino al contrario.</p>
<p>Hubo después tres días de argumentación, de tres horas cada una, sobre textos de autores griegos, latinos y franceses. Airoso salió Ozanam de esos tres días de prueba. Vino luego un día muy recargado que estuvo dedicado a las literaturas alemana, inglesa, italiana y española. El único candidato que pudo responder a esta parte del programa fue Ozanam. Se valió de Schiller, de Klopstock, de <span class="domtooltips">Shakespeare<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Nació y murió en Stratford-upon-Avon. No se conoce con precisión la fecha de su nacimiento porque no hay registros. Se supone que fue el 23 de abril porque fue bautizado el 26, y la costumbre en esa época era bautizar pocos días después del nacimiento. En su niñez asistió a la escuela de gramática de su ciudad. En 1582 se casó con Anne Hathaway en el Templo Grafton. Tuvieron prisa en casarse porque Anne ya estaba embarazada de tres meses, de la que seria la hija mayor de William, Susan. Hamnet, su segundo hijo y único varón, fue bautizado el 26 de mayo de 1583, y dos años después Judith, la cual fue bautizada el 2 de febrero de 1585. En 1587 Shakespeare comenzó a trabajar en Londres como actor de teatro. Parece ser que Shakespeare se tuvo que marchar de Stratford por cazar ilegalmente, aunque no está demostrado. Shakespeare trabajó para la compañía de actores Lord Chamberlain's Men - compañía que tomaba su nombre, como otras de aquella época, del alto funcionario de la corte, que llevaba el título de Lord Chamberlain. El grupo de actores se hizo tan popular que tras la muerte de Isabel I y la coronación de Jacobo I en 1603, fue adoptada por el nuevo monarca y a partir de entonces sería conocida como King's Men, este grupo poseía dos teatros: The Globe y Blackfriars. También representó en la corte. Su primera obra literaria fue un poema erótico titulado «Venus y Adonis», que data de 1593.  En sus últimas obras, más o menos a partir de 1608, desarrolla el género de la tragicomedia, a menudo con un final feliz en el que se entrevé la posibilidad de la reconciliación, después de una tragedia (dándose lugar también a ocasiones humorísticas entre escenas). Su presencia en Londres, fue aproximadamente, entre 1590 y 1613, año en que dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar.</span></span>, de Dante y de Calderón.</p>
<p>Quedaban todavía para cada uno de los rivales dos pruebas más que habría de designar la suerte, una con veinticuatro horas de anticipación y otra con una hora. Quiso la suerte maliciosa otorgarle un tema inesperado a Ozanam: «La historia de los escoliastas griegos y latinos». El público sonrió. Ozanam  se  creyó  perdido.  No  podía  haberse  imaginado  especialidad filológica más ignorada, ni más árida que ésta. Y aunque uno de sus competidores, Emile Egger, tuvo la generosa caballerosidad de prestarle excelentes libros, sobre los cuales pasó Ozanam toda una noche y un día de angustias, cuando llegó el momento de tomar la palabra, estaba más muerto que vivo.</p>
<p>Puso entonces toda su confianza en Dios, y Dios le recompensó con una tranquilidad poco común. Habló sobre los escoliastas. Enumeró sus servicios. Recordó la labor de esos hombres, cuyo pertinaz comentario parece encarnizarse  como  mi  gusano  roedor  en  los  pergaminos  del  pasado. Demostró cómo, gracias a esa labor por ellos realizada; se ha mantenido la pureza de los textos, se ha conservado el recuerdo de las costumbres borradas y se han podido interpretar las alusiones más oscuras, y cómo sólo a ellos debemos el beneficio de poder leer aquellos hombres que fueron sus maestros y son también los nuestros. Desarrolló ese tema durante siete cuartos de hora con una competencia, con una seguridad y facilidad que a él mismo asombró. Y, sobre todo, con un derroche de elocuencia que conquistó la simpatía de los jueces, la admiración del auditorio y aún el perdón de los normalistas  quienes,  hasta  ese  momento,  sentían  poca  inclinación  hacia aquel intruso que venía de la provincia a pelear y a arrebatar a la Escuela aquella palma de la victoria que hasta entonces había sido irremisiblemente suya.</p>
<p>11. El escrutinio declaró a Ozanam primero del concurso, sin que para ello fuera preciso tomar en cuenta el suplemento facultativo de las lenguas extranjeras. Los que le seguían de cerca en el triunfo eran los señores Egger y Berger, dos nombres célebres en las Letras; Cinco fueron los jueces que calificaron este concurso y entre ellos estaba Ampère, el hombre que más gozó con este triunfo, después de Ozanam.</p>
<p>No podemos pasar en silencio la manera encomiosa como termina el comunicado hecho por el decano de los jueces al Ministro de Instrucción, el 30 de octubre le 1840. Dice así: «Por sus conocimientos clásicos tan profundos, por su manera amplia y firme de interpretar los autores y de concebir una idea, por la claridad de sus comentarios y de sus definiciones, por sus concepciones atrevidas y justas y por su lenguaje, en el cual se juntan la originalidad y la razón, la imaginación y la seriedad, juzgamos que el señor Ozanam tiene en sí las cualidades requeridas para el profesorado público. Juzgamos también que pasará mucho tiempo antes que el concurso que acaba de inaugurarse bajo sus auspicios, señor Ministro, pueda ser superado por otro.»</p>
<p>Fue notorio para todos la franqueza y la libertad con que Ozanam hizo profesión de su cristianismo, ya en sus pensamientos, ya en sus opiniones. Al referirse a Montesquieu y el Espíritu de las leyes, recordó la definición que de la ley hace Santo Tomás de Aquino. Al tratarse de la crítica literaria en el siglo XIV, hizo una brillante disertación contra la escuela jansenista y su funesta influencia sobre la poesía francesa. Sin tomar en cuenta la opinión de tal o cual juez, para quien ciertamente <em>La Vida devota </em>no era cosa conocida, mostró sin disimulo la religiosa admiración que siempre sintió por San <span class="domtooltips">Francisco de Sales<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">San Francisco de Sales (*<span class="domtooltips">Saboya<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Es un departamento francés situado en la región de Ródano-Alpes.  Territorio ambicionado por los reyes de Francia y Austria.El resultado fue una sucesión de invasiones por parte de los franceses y liberaciones apoyadas por España o los Imperiales</span></span>, 1566 - †Lyón 28 de diciembre de 1622). Obispo de Ginebra. Nació en el Castillo de Sales, de familia noble sus padres fueron Francisco de Sales de Boisy y Francisca de Sionnaz. A los 13 años viajó a París para estudiar con los jesuitas, después a la Universidad de París y de allí a la de Padua estudiando Derecho y Teología. Su deseo de ser sacerdote ya estaba presente pero oculto a su padre, solo su madre y amigos íntimos lo sabían. Al terminar de estudiar un acontecimiento ayudó a su ordenación: el canónigo de Sales, Luis de Sales, ayudado por el Obispo de Ginebra Claudio de Granier, hablaron con el Papa quien lo nombró como Deán del Capítulo de Ginebra, el nombramiento llegó de sorpresa para su padre, pero con tal nombramiento el padre aceptó la ordenación de su hijo ordenado sacerdote en 1593. A partir de ese momento ejerció el sacerdocio con bastante trabajo y dedicación. En 1594, fue hacia la zona de Chablais dominado por los herejes calvinistas. Su labor quedó manifestada con la visita del Obispo Granier 4 años más tarde cuando fue recibido por gran número de católicos, hecho que antes hubiera sido imposible. Los escritos con los que se sirvió fueron los que hicieron su primer libro de "Controversias" y revelaron el carácter de escritor de Francisco. Fue nombrado Obispo Coadjutor de Ginebra; viajó a Francia y llegó a hacerse amigo del secretario de <span class="domtooltips">Enrique IV<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rey de la casa destronada de Navarra (Enrique III, 1562-1610) y luego de Francia (1589-1610). Nació en el castillo de Pau (Bearne) el 14 diciembre 1553 y murió en París el 14 mayo 1610. Primero de la dinastía de los Borbones, era hijo de Antonio de <span class="domtooltips">Borbón<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">La Dinastía Borbón o Casas de Borbón (Bourbon en francés) es la dinastía originaria de la localidad francesa de Bourbon. Ha estado ligada a varios tronos, principalmente al español y al francés, así como en Dos Sicilias, Sicilia y el Ducado de Parma. Esta casa dinástica ha tenido varias ramas: Borbón-Parma, Borbón-Dos Sicilias, Borbón-Cádiz-Sevilla, Carlistas, Borbón-Braganza. En Francia, suceden a los <span class="domtooltips">Valois<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rama de la dinastía de los Capetos que gobernó Francia entre los años 1328 y 1589. Carlos de Valois inició en el año 1328 la sucesión del trono francés ocupado por los Capetos desde las postrimerías del siglo X, luego que los hijos de su hermano Felipe IV el Hermoso murieran si dejar un heredero varón. Felipe VI (1293-1350), Juan II, Carlos V, Carlos VI, Carlos VII, Luis XI, Carlos VIII, Luis XII (1462-1515), Francisco I, Enrique II, Francisco II, Carlos IX y Enrique III (1551-1589).</span></span> en 1589, en el orden cronológico siguiente: Enrique IV, Luis XIII, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X.</span></span>, duque de Vendóme y de Juana de <span class="domtooltips">Albret<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">El lordship de Albret (Labrit, Lebret), situado en Las Landas, dio su nombre a una de las familias feudales más importante de la Francia medieval. Sus miembros se distinguieron en las guerras locales de la época apoyando tanto a la corona inglesa como francesa. A finales del siglo XV habían obtenido de reyes sucesivos de Francia muchas concesiones territoriales. Juan de Albret se convirtió en rey de Navarra por su unión con Catalina de Foix. El ducado de Albret, unido a la corona de Francia fue concedido a la familia d'Auvergne en 1651, a cambio del Sedán y de Raucourt.</span></span>, reina pretendiente de Navarra. A la muerte de su madre en 1572, le sucedió en la teórica corona de Navarra con el nombre de Enrique III y el 18 de agosto de ese mismo año se celebraba su matrimonio con Margarita de <span class="domtooltips">Valois<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rama de la dinastía de los Capetos que gobernó Francia entre los años 1328 y 1589. Carlos de Valois inició en el año 1328 la sucesión del trono francés ocupado por los Capetos desde las postrimerías del siglo X, luego que los hijos de su hermano Felipe IV el Hermoso murieran si dejar un heredero varón. Felipe VI (1293-1350), Juan II, Carlos V, Carlos VI, Carlos VII, Luis XI, Carlos VIII, Luis XII (1462-1515), Francisco I, Enrique II, Francisco II, Carlos IX y Enrique III (1551-1589).</span></span>, hermana de Carlos IX. Días después tuvo lugar la matanza de San Bartolomé de la que se libró al abjurar de su religión (el calvinismo). No obstante, permaneció vigilado en la corte hasta que después de escapar se colocó al frente del ejército en defensa de la causa protestante. La muerte en 1584 del duque de <span class="domtooltips">Anjou<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">En el occidente francés, atravesada por el Loira y el Sarthe. Iniciada la guerra de los Cien Años sufrió la invasión inglesa. Especialmente dura fue la del ejército de Tomás, duque de Clarence, en 1412. Defendido en los primeros momentos por los duques de Bretaña cayó después en manos inglesas con el regente Bedford, que se atribuyó el título de duque de Anjou y de Maine.  Durante los 25 años que permaneció la dominación inglesa en Maine fue frontera de guerra y zona de «trincheras». Así, el último duque René recibió su reino asolado (ca. 1450) no sólo por los ingleses, sino por la soldadesca de ambos ejércitos. El siglo XVI supone un momento de resurgir general de la agricultura y comercio fluvial. Durante la Reforma constituía la segunda iglesia hugonote de Francia. Pronto surgieron las luchas correspondientes a las guerras de Religión. Saumur recibió como gobernador al íntimo amigo de Enrique IV, Duplessi Morney, verdadero «papa» de los hugonotes, que se mantuvo por más de 30 años, y fue en Angers donde, en 1598, preparó Enrique IV la llamada pacificación de Nantes. La región conoció una larga paz hasta 1789. En 1619, la regente María de Médicis se refugió en el territorio siendo nombrada gobernadora. Tomó parte en la sublevación de la Fronda  apoyando al Parlamento. En el siglo XIX el viejo ducado sufrió en la revolución un cambio administrativo, convirtiéndose en el departamento de Maine-et-Loire y cediendo algo al de Mayenne.</span></span>, hermano del rey francés Enrique III, le convirtió en heredero legítimo de la corona, pero el partido católico, capitaneado por el duque de Guisa, se dispuso a oponerse inmediatamente a tal <span class="domtooltips">designación<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acción de proveer un oficio o una función, por <span class="domtooltips">elección<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acto por el cual una persona es escogida por votación para un servicio de autoridad o de responsabilidad por mayoría absoluta o relativa de votos, conforme a las normas del derecho universal y del derecho propio. La elección es una práctica común en la Iglesia pero toda elección debe ser confirmada por la autoridad superior. En nuestra práctica, los resultados deben ser secretos por si, eventualmente, la Superiora se viera obligada a no aceptar la elección por una razón grave (Cf. CDC c. 179).</span></span> o por nombramiento.</span></span>, para lo cual en 1585 se restableció de acuerdo con Roma la Santa Liga, con objeto de extirpar la herejía al tiempo que impedir la subida al trono francés de Enrique de Navarra, quien por su parte se alió con Isabel I de Inglaterra. Por este motivo se encendió una nueva lucha dinástico-religiosa llamada de los Tres Enriques (Enrique III, Enrique de Navarra y Enrique de Guisa), que terminaría con la victoria de los protestantes. Asesinado Enrique de Guisa y otros jefes de la Liga por orden del rey, éste se dispuso a reconciliarse con el de Navarra con el propósito de reconquistar París, centro de la Liga capitaneada ahora por el duque de Mayena. En tal situación, Enrique III cayó asesinado por el puñal de Jacques Clement. En su lecho de muerte dejó como sucesor a Enrique de Navarra, que se encontró entonces con graves dificultades para ceñir la corona francesa. Ante la falta de un triunfo militar decidió convertirse al catolicismo y después de instruirse abrazó públicamente la fe católica el 25 julio 1593. París le abrió sus puertas el 22 marzo de 1594. Todo vestigio de oposición desapareció al serle concedida la absolución por Clemente VIII. La guerra contra España continuó hasta la paz de Vervins y el mismo añ o de 1598 Enrique IV firmó el edicto de Nantes que aseguraba a los protestantes la libertad de conciencia y les prometía una justicia imparcial, finalizando con ello las guerras de religión en Francia, al tiempo que comenzaba un régimen de tolerancia religiosa. Con todo, su catolicismo parece haber sido sincero, y su protección a las órdenes religiosas, así como su amistad con S. Francisco de Sales y S. Vicente de Paúl parecen confirmarlo. Asegurado en el trono, pudo dedicarse a la reorganización interior del país, ayudado en esta difícil tarea por los consejos y orientaciones del duque de <span class="domtooltips">Sully<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Maximiliano de Béthune, duque de Sully, nació en 1560 en Rosnu-sur-Seine, cerca de Nantes. Su familia convertida al protestantismo, disponiendo de escasos recursos, le envía en 1571 a la corte del rey Enrique de Navarra. Más tarde aconseja a éste abjurar la religión protestante para que la paz se instale por fin en el reino, pero a él mismo le importa conservar su fe. Enrique IV le nombra en 1598 superintendente general de las finanzas; se aferra entonces a la ruda tarea, que continuará con éxito  hasta la muerte del rey en 1610, de ordenar las finanzas del país, que administra de forma particularmente rigurosa; además, disminuye ciertos impuestos, favorece el transporte y la exportación de las mercancías suprimiendo un gran número de peajes y mejorando las vías de comunicación. Se ocupa paralelamente del desarrollo de la agricultura, que tiene como una prioridad, sin olvidar la defensa del país de la que se ocupa como gran maestro de artillería primero, luego como superintendente de las fortificaciones. Después del asesinato de Enrique IV, entra en conflicto con María de Médicis, regente del reino, y debe abandonar sus principales cargos. Se retira entonces a sus castillos de Sully-sur-Loire, y de Villebon; en esta última propiedad, situada también en el valle del Loira, es donde se apaga en 1641.</span></span>. Restauró la autoridad real, muy mermada a causa de la política de sus antecesores, quienes habían dejado a las provincias a merced de los gobernadores y grandes propietarios, libres para cometer toda clase de atropellos. Enrique IV corrigió tales abusos imponiéndoles lugartenientes y sometiéndoles a la inspección de unos comisarios. Una vez que el país estuvo fortalecido interiormente, Enrique IV vio la oportunidad para romper las hostilidades en el asunto de la sucesión de los ducados de Juliers y Cléveris; el rey, que había entrado en una alianza con la Unión Protestante de Alemania, iba a ponerse al frente de sus tropas cuando fue detenido por el puñal de F. Ravaillac, aunque antes había nombrado como regente a su segunda esposa María de Médicis. El 14 mayo 1610, cuando la carroza de Enrique IV pasaba por la calle parisiense de la Ferronnerie, un joven fanático saltó al estribo y atravesó de una cuchillada la aorta del rey, que murió en el acto. Enrique IV, el primero de los Borbones, fue también uno de los reyes más populares de Francia. Caballeroso, valiente, apasionado, supo ganarse la voluntad del pueblo. De sus relaciones ilícitas citaremos la de Gabrielle d'Estrés, Henriette de Balsac d'Entragnes, y la joven Charlotte des Essarts, de las que tuvo varios hijos bastardos. Su reinado, aunque no muy largo, preparó la hegemonía francesa en Europa y fue la base de la brillante época durante la cual Luis XIV ejerció su poder.</span></span> el Cardenal de <span class="domtooltips">Bérulle<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Pierre de Bérulle (4 de febrero de 1575 - 2 de octubre de 1629) fue un cardenal y escritor ascético francés. Desde su juventud, incluso antes de su ordenación, se consagró a la conversión de los protestantes. Buscó establecer en los hombres un vínculo de amor con la persona de Jesús. Escribió el Discurso sobre la abnegación interior. Introdujo el Carmelo en Francia aunque intentó introducir un nuevo voto de servicio para las religiosas que no fue aceptado por estas. En 1611, estimulado por san Francisco de Sales, fundó la Sociedad del <span class="domtooltips">Oratorio<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (Congregatio Oratorii Sancti Philippi Nerii). Toma su nombre de la palabra latina “oratorii” (un lugar cerca de las iglesias usado después del rezo) y, posteriormente, de las prácticas de piedad. Congregación de sacerdotes seculares, iniciada por San Felipe Neri (1515-1595) cerca de la iglesia de Santo María en Vallicella (Roma) y erigida en 1575 por la bula "Copiosus in misericordia Deus" de Gregorio XIII. El Oratorio fue introducido en Francia por el cardenal Pedro de Bérulle.</span></span>, destinada a la educación del clero. Fue cardenal sólo los dos últimos años de su vida. Murió mientras celebraba la misa un día del mes de octubre de 1629.</span></span>, Antoine Deshayes y del mismo <span class="domtooltips">Enrique IV<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rey de la casa destronada de Navarra (Enrique III, 1562-1610) y luego de Francia (1589-1610). Nació en el castillo de Pau (Bearne) el 14 diciembre 1553 y murió en París el 14 mayo 1610. Primero de la dinastía de los Borbones, era hijo de Antonio de <span class="domtooltips">Borbón<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">La Dinastía Borbón o Casas de Borbón (Bourbon en francés) es la dinastía originaria de la localidad francesa de Bourbon. Ha estado ligada a varios tronos, principalmente al español y al francés, así como en Dos Sicilias, Sicilia y el Ducado de Parma. Esta casa dinástica ha tenido varias ramas: Borbón-Parma, Borbón-Dos Sicilias, Borbón-Cádiz-Sevilla, Carlistas, Borbón-Braganza. En Francia, suceden a los Valois en 1589, en el orden cronológico siguiente: Enrique IV, Luis XIII, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X.</span></span>, duque de Vendóme y de Juana de <span class="domtooltips">Albret<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">El lordship de Albret (Labrit, Lebret), situado en Las Landas, dio su nombre a una de las familias feudales más importante de la Francia medieval. Sus miembros se distinguieron en las guerras locales de la época apoyando tanto a la corona inglesa como francesa. A finales del siglo XV habían obtenido de reyes sucesivos de Francia muchas concesiones territoriales. Juan de Albret se convirtió en rey de Navarra por su unión con Catalina de Foix. El ducado de Albret, unido a la corona de Francia fue concedido a la familia d'Auvergne en 1651, a cambio del Sedán y de Raucourt.</span></span>, reina pretendiente de Navarra. A la muerte de su madre en 1572, le sucedió en la teórica corona de Navarra con el nombre de Enrique III y el 18 de agosto de ese mismo año se celebraba su matrimonio con Margarita de Valois, hermana de Carlos IX. Días después tuvo lugar la matanza de San Bartolomé de la que se libró al abjurar de su religión (el calvinismo). No obstante, permaneció vigilado en la corte hasta que después de escapar se colocó al frente del ejército en defensa de la causa protestante. La muerte en 1584 del duque de <span class="domtooltips">Anjou<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">En el occidente francés, atravesada por el Loira y el Sarthe. Iniciada la guerra de los Cien Años sufrió la invasión inglesa. Especialmente dura fue la del ejército de Tomás, duque de Clarence, en 1412. Defendido en los primeros momentos por los duques de Bretaña cayó después en manos inglesas con el regente Bedford, que se atribuyó el título de duque de Anjou y de Maine.  Durante los 25 años que permaneció la dominación inglesa en Maine fue frontera de guerra y zona de «trincheras». Así, el último duque René recibió su reino asolado (ca. 1450) no sólo por los ingleses, sino por la soldadesca de ambos ejércitos. El siglo XVI supone un momento de resurgir general de la agricultura y comercio fluvial. Durante la Reforma constituía la segunda iglesia hugonote de Francia. Pronto surgieron las luchas correspondientes a las guerras de Religión. Saumur recibió como gobernador al íntimo amigo de Enrique IV, Duplessi Morney, verdadero «papa» de los hugonotes, que se mantuvo por más de 30 años, y fue en Angers donde, en 1598, preparó Enrique IV la llamada pacificación de Nantes. La región conoció una larga paz hasta 1789. En 1619, la regente María de Médicis se refugió en el territorio siendo nombrada gobernadora. Tomó parte en la sublevación de la Fronda  apoyando al Parlamento. En el siglo XIX el viejo ducado sufrió en la revolución un cambio administrativo, convirtiéndose en el departamento de Maine-et-Loire y cediendo algo al de Mayenne.</span></span>, hermano del rey francés Enrique III, le convirtió en heredero legítimo de la corona, pero el partido católico, capitaneado por el duque de Guisa, se dispuso a oponerse inmediatamente a tal <span class="domtooltips">designación<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acción de proveer un oficio o una función, por <span class="domtooltips">elección<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acto por el cual una persona es escogida por votación para un servicio de autoridad o de responsabilidad por mayoría absoluta o relativa de votos, conforme a las normas del derecho universal y del derecho propio. La elección es una práctica común en la Iglesia pero toda elección debe ser confirmada por la autoridad superior. En nuestra práctica, los resultados deben ser secretos por si, eventualmente, la Superiora se viera obligada a no aceptar la elección por una razón grave (Cf. CDC c. 179).</span></span> o por nombramiento.</span></span>, para lo cual en 1585 se restableció de acuerdo con Roma la Santa Liga, con objeto de extirpar la herejía al tiempo que impedir la subida al trono francés de Enrique de Navarra, quien por su parte se alió con Isabel I de Inglaterra. Por este motivo se encendió una nueva lucha dinástico-religiosa llamada de los Tres Enriques (Enrique III, Enrique de Navarra y Enrique de Guisa), que terminaría con la victoria de los protestantes. Asesinado Enrique de Guisa y otros jefes de la Liga por orden del rey, éste se dispuso a reconciliarse con el de Navarra con el propósito de reconquistar París, centro de la Liga capitaneada ahora por el duque de Mayena. En tal situación, Enrique III cayó asesinado por el puñal de Jacques Clement. En su lecho de muerte dejó como sucesor a Enrique de Navarra, que se encontró entonces con graves dificultades para ceñir la corona francesa. Ante la falta de un triunfo militar decidió convertirse al catolicismo y después de instruirse abrazó públicamente la fe católica el 25 julio 1593. París le abrió sus puertas el 22 marzo de 1594. Todo vestigio de oposición desapareció al serle concedida la absolución por Clemente VIII. La guerra contra España continuó hasta la paz de Vervins y el mismo añ o de 1598 Enrique IV firmó el edicto de Nantes que aseguraba a los protestantes la libertad de conciencia y les prometía una justicia imparcial, finalizando con ello las guerras de religión en Francia, al tiempo que comenzaba un régimen de tolerancia religiosa. Con todo, su catolicismo parece haber sido sincero, y su protección a las órdenes religiosas, así como su amistad con S. Francisco de Sales y S. Vicente de Paúl parecen confirmarlo. Asegurado en el trono, pudo dedicarse a la reorganización interior del país, ayudado en esta difícil tarea por los consejos y orientaciones del duque de <span class="domtooltips">Sully<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Maximiliano de Béthune, duque de Sully, nació en 1560 en Rosnu-sur-Seine, cerca de Nantes. Su familia convertida al protestantismo, disponiendo de escasos recursos, le envía en 1571 a la corte del rey Enrique de Navarra. Más tarde aconseja a éste abjurar la religión protestante para que la paz se instale por fin en el reino, pero a él mismo le importa conservar su fe. Enrique IV le nombra en 1598 superintendente general de las finanzas; se aferra entonces a la ruda tarea, que continuará con éxito  hasta la muerte del rey en 1610, de ordenar las finanzas del país, que administra de forma particularmente rigurosa; además, disminuye ciertos impuestos, favorece el transporte y la exportación de las mercancías suprimiendo un gran número de peajes y mejorando las vías de comunicación. Se ocupa paralelamente del desarrollo de la agricultura, que tiene como una prioridad, sin olvidar la defensa del país de la que se ocupa como gran maestro de artillería primero, luego como superintendente de las fortificaciones. Después del asesinato de Enrique IV, entra en conflicto con María de Médicis, regente del reino, y debe abandonar sus principales cargos. Se retira entonces a sus castillos de Sully-sur-Loire, y de Villebon; en esta última propiedad, situada también en el valle del Loira, es donde se apaga en 1641.</span></span>. Restauró la autoridad real, muy mermada a causa de la política de sus antecesores, quienes habían dejado a las provincias a merced de los gobernadores y grandes propietarios, libres para cometer toda clase de atropellos. Enrique IV corrigió tales abusos imponiéndoles lugartenientes y sometiéndoles a la inspección de unos comisarios. Una vez que el país estuvo fortalecido interiormente, Enrique IV vio la oportunidad para romper las hostilidades en el asunto de la sucesión de los ducados de Juliers y Cléveris; el rey, que había entrado en una alianza con la Unión Protestante de Alemania, iba a ponerse al frente de sus tropas cuando fue detenido por el puñal de F. Ravaillac, aunque antes había nombrado como regente a su segunda esposa María de Médicis. El 14 mayo 1610, cuando la carroza de Enrique IV pasaba por la calle parisiense de la Ferronnerie, un joven fanático saltó al estribo y atravesó de una cuchillada la aorta del rey, que murió en el acto. Enrique IV, el primero de los Borbones, fue también uno de los reyes más populares de Francia. Caballeroso, valiente, apasionado, supo ganarse la voluntad del pueblo. De sus relaciones ilícitas citaremos la de Gabrielle d'Estrés, Henriette de Balsac d'Entragnes, y la joven Charlotte des Essarts, de las que tuvo varios hijos bastardos. Su reinado, aunque no muy largo, preparó la hegemonía francesa en Europa y fue la base de la brillante época durante la cual Luis XIV ejerció su poder.</span></span>. Su encuentro con Santa Juana de <span class="domtooltips">Chantal<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Francisca Fremiot Chantal nació en Dijón el 23 de enero de 1572, hija de Benigno Fremiot y de Margarita de Barbissy, fervientes católicos de noble linaje. Habiendo quedado huérfana de madre a tempranísima edad, fue educada por una hermana mayor, bajo la guía solícita y afectuosa del abuelo. A la edad de 20 años contrajo matrimonio con Cristóbal II, barón de Chantal, y fue madre de seis hijos, de los cuales dos murieron niños. En 1601 un trágico incidente de caza le privó del marido. Profundamente impresionada, no quiso volver a casarse, aunque fuese requerida para esposa por los mejores partidos. Se consagró al Señor con voto de castidad y se dedicó totalmente a la educación de sus hijos, a prácticas devotas y a obras de caridad. En 1604 conoció en Dijón a S. Francisco de Sales y se puso bajo su dirección espiritual. La espiritualidad salesiana la transformó, dándole de nuevo aquella serenidad interior que desde largo tiempo buscaba en vano. S. Francisco la enseñó un método de oración simple y natural, que bien se avenía con sus deberes familiares, y le condujo a Dios por el camino del amor, con alegría interior en toda circunstancia de su vida. Las experiencias místicas de J. servirían después al santo para la composición de su Traité de Pamour de Dieu. Al mismo tiempo S. Francisco la exhortó a continuar el apostolado activo de la caridad hacia los pobres y los enfermos. Indiferente hacia su débil salud, llegó a ser el ángel consolador de los enfermos, con extraordinaria entrega especialmente en la época de las epidemias. Aquejada ella misma por el morbo, curó de manera milagrosa. El deseo de la vida religiosa, que había madurado mientras tanto en su corazón, pareció providencial a S. Francisco, que desde largo tiempo meditaba la fundación de una comunidad religiosa. Invitada por él, acto heroico no común y hoy difícilmente comprensible, pero con la aprobación de los familiares, entre los cuales el abuelo y un hermano obispo, abandonó su propia casa y sus propios hijos, para dar comienzo en Annecy (1610), en Saboya, a la comunidad de la Visitación (Salesas). El fin primitivo de la nueva familia religiosa debía ser el de visitar y asistir a los enfermos pobres en su domicilio, uniendo la vida activa a la vida contemplativa. J. fue su cofundadora con S. Francisco de Sales y la primera superiora. Sin embargo, la oposición del arzobispo de Lyón, al cabo de algunos años, obligó a los dos fundadores a transformar la Visitación en una Orden claustral, bajo la Regla de S. Agustín (1618). Las Constituciones, compuestas en colaboración por S. Francisco y por Juana fueron aprobadas por la Santa Sede en 1626. Muerto S. Francisco de Sales en 1622, encontró una nueva guía iluminada en S. Vicente de Paúl, propuesto por los dos fundadores para la dirección de la Visitación de París desde 1619. Su actividad para organizar y desarrollar la Orden fue incansable. De un intenso amor por el Señor tomó la fuerza de emprender largos y fatigosos viajes de un monasterio a otro, a fin de animar las nuevas fundaciones y vigilar la recta observancia de la Regla y la formación de las religiosas. A la muerte del fundador, la Visitación contaba con trece monasterios; a la muerte de la fundadora, en 1641, contaba con ochenta y seis. Aquejada de pulmonía en el viaje de retorno de París en 1641, expiró en el monasterio de Moulins el 13 dic., próxima a los setenta años de edad.</span></span> en 1604, acogiéndola como hija espiritual, dio como resultado la fundación del Instituto de la Visitación de la Santísima Virgen para mujeres jóvenes y viudas que querían vivir el llamado de Dios sin la rigurosidad de los conventos monacales. Después de una temporada atendiendo a las comunidades religiosas de su diócesis murió el 28 de diciembre de 1622 a los 56 años.</span></span>.</p>
<p>En la carta que escribe a su hermano, podemos ver cuáles fueron sus impresiones: «Convencido como estaba de lo insuficiente de mi preparación y bien persuadido, como lo había dicho el ministro Cousin, de que no podía aspirar al triunfo, me presenté al combate, resuelto a conservar a lo menos mi completa personalidad así como la perfecta libertad de expresar mis sentimientos, ya que no tenía nada que perder ni nada que exponer. De esta manera me fue posible hablar con mayor atrevimiento. Con todo descaro pude hacer profesión de mi cristianismo. Hubo un momento en que asustó mi propia audacia. Temí haber ido demasiado lejos. Felizmente, tan sólo vieron en  ello  el  ardor  de  mis  propias  convicciones.  Es  que,  convencido  como estaba que no podría obtener la victoria, como muy claro me lo había dejado comprender el ministro. Cousin, me sentí más obligado a combatir con entera libertad por el honor: El de Dios ante todo. Lo demás me fue dado por añadidura.»</p>
<p>Apenas proclamado el resultado del concurso, uno de los jueces, el señor Fauriel, profesor de Literatura extranjera en la Sorbona, pidió y obtuvo de Ozanam le supliera en esa cátedra al abrirse el nuevo curso. Desde ese momento pertenecía Ozanam a las Letras y a París, y pertenecía más que nunca a Dios.</p>
<p>«Si todo esto no es un sueño —escribía él en esos días a Lerner—, no encuentro para todo sino una sola explicación: Dios me armó para esa lucha con aquella fe que, sin pretender exhibicionismo, anima y fortifica el pensamiento, conserva en la inteligencia la armonía de las ideas e inflama el discurso, infundiéndole calor y vida. Así puedo decir: <em>In hoc vid</em>. Este pensamiento propio para humillarme, es, sin embargo, el que me da paz y regocijo.»</p>
<p>Reconoce, por lo tanto, que es a Dios a quien debe este beneficio que sobrepasa sin medida todas sus facultades. A Dios se dirige también para darle gracias y pedirle su luz y el valor necesario para defender la fe y la Iglesia en todo momento. Cumplir con ese deber en la cátedra de enseñanza superior, instruir a los hombres en la verdad, fue el ideal de aquella vida. Empresa sublime, cuya magnitud supo medir y apreciar. Cual nuevo Descartes, se dirige él también al templo y, postrado allí ante la Madre de la Sabiduría, implora de Ella la gracia de no enseñar jamás el error, la gracia de no engañar nunca al género humano.</p>
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		<title>Lectio Divina: Miércoles de Ceniza</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 00:44:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lectio Divina]]></category>

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		<description><![CDATA[Lectio: Miércoles, 22 Febrero, 2012 Mateo 6,1-6.16-18 El significado de la oración, de la limosna y del ayuno Cómo utilizar bien el tiempo de la Cuaresma 1. Oración inicial Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lectio: Miércoles, 22 Febrero, 2012<em><br />
Mateo 6,1-6.16-18</em></p>
<p><em></em><em>El significado de la oración, de la limosna y del ayuno<br />
Cómo utilizar bien el tiempo de la Cuaresma<br />
</em><br />
<strong>1. Oración inicial</strong></p>
<p>Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.<br />
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.</p>
<p><strong>2. Lectura</strong><br />
<strong> </strong><br />
<strong>a) Clave de lectura:</strong></p>
<p>El evangelio de este Miércoles de Ceniza está sacado del Sermón de la Montaña y quiere ofrecernos una ayuda para hacernos entender cómo practicar las tres obras de piedad: oración, limosna y ayuno y cómo utilizar bien el tiempo de Cuaresma. El modo de cumplir estas tres obras ha cambiado mucho a través de los siglos, según las culturas y costumbres de los pueblos y la salud de las personas. Hoy las personas más ancianas recuerdan el ayuno severo y obligatorio de cuarenta días durante toda la cuaresma. A pesar de los cambios en el modo de practicar las obras de piedad, queda la obligación humana y cristiana (i) de compartir nuestros bienes con los pobres (limosna), (ii) de vivir en contacto con el Creador (oración) y (iii) de saber controlar nuestro ímpetu y nuestros deseos (ayuno). Las palabras de Jesús que meditamos pueden hacer surgir en nosotros la creatividad necesaria para encontrar nuevas formas para vivir estas tres prácticas tan importantes de la vida cristiana.</p>
<p><strong>b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:</strong></p>
<p>Mateo 6,1: La clave general para entender la enseñanza que sigue<br />
Mateo 6, 2: Cómo no hacer limosna<br />
Mateo 6,3-4: Cómo hacer limosna<br />
Mateo 6,5: Cómo no orar<br />
Mateo 6,6: Cómo orar<br />
Mateo 6,16. Cómo no hacer ayuno<br />
Mateo 6,17-18: Cómo hacer ayuno</p>
<p><strong>c) Texto:</strong></p>
<p>«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.<br />
«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.<br />
«Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.</p>
<p><strong>3. Un momento de silencio orante </strong></p>
<p>para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.</p>
<p><strong>4. Algunas preguntas </strong></p>
<p>para ayudarnos en la meditación y en la oración.<br />
a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha llamado la atención o que te ha gustado más?<br />
b) ¿Cómo entender la advertencia inicial hecha por Jesús?<br />
c) ¿Qué critica y qué enseña Jesús sobre la limosna? Haz un resumen para ti<br />
d) ¿Qué critica y qué enseña Jesús sobre la oración? Haz un resumen para ti<br />
e) ¿Qué critica y que enseña Jesús sobre el ayuno? Haz un resumen para ti</p>
<p><strong>5. Para aquellos que quisieran profundizar más en el tema</strong><br />
<strong> </strong><br />
<strong>a) Contexto:</strong></p>
<p>Jesús habla de tres cosas: la limosna (Mt 6,1-6), la oración (Mt 6,5-15) y el ayuno (Mt 6,16-18). Eran las tres obras de piedad de los judíos. Jesús critica el hecho de que practican la piedad para ser vistos de los hombres (Mt 6,1). No permite que la práctica de la justicia y de la piedad se use como un medio de promoción social en la comunidad (Mt 6,2.5.16). En las palabras de Jesús aparece un nuevo tipo de relación con Dios que se abre para nosotros. Él dice: “Tu Padre que ve en el secreto te recompensará” (Mt 6,4). “Vuestro Padre que conoce vuestras necesidades antes de que le pidáis cualquier cosa” (Mt 6,8). “Si perdonáis a los hombres sus faltas, también vuestro Padre celestial os perdonará” (Mt 6,14). Jesús nos ofrece un nuevo camino de acceso al corazón de Dios. La meditación de sus palabras referentes a las obras de piedad podrá ayudarnos a descubrir este nuevo camino.</p>
<p><strong>b) Comentario del texto</strong></p>
<p>Mateo 6,1: La clave general para entender la enseñanza que sigue<br />
Jesús dice: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos”. La justicia de la que habla Jesús consiste en conseguir el lugar donde Dios nos quiere. El camino para llegar allí está expresado en la Ley de Dios. Jesús avisa del hecho de que no se debe observar la ley para ser elogiados de los hombres. Antes había dicho: “Si vuestra justicia no supera la justicia de los doctores de la ley y de los fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mt 5,26). Cuando leemos esta frase, no debemos pensar sólo en los fariseos del tiempo de Jesús, sino más bien en el fariseo que duerme en cada uno de nosotros. Si José, esposo de María, hubiese seguido la justicia de la ley de los fariseos, hubiera debido denunciar a María. Pero él era “justo” (Mt 1,19), poseía ya la nueva justicia anunciada por Jesús. Por esto transgredió la antigua ley y salva la vida de María y de Jesús. La nueva justicia anunciada por Jesús reposa sobre otra base, sale de otra fuente. Debemos construir nuestra seguridad desde dentro, no en lo que nosotros hacemos por Dios, sino en lo que Dios hace por nosotros. Y esta es la clave principal para entender la enseñanza de Jesús sobre las obras de piedad. En todo lo que sigue, Mateo aplica este principio general a la práctica de la limosna, de la oración y del ayuno. Desde el punto de vista didáctico, primero dice cómo no debe ser, y luego enseguida enseña cómo debe ser.</p>
<p>Mateo 6,2: Cómo no hacer limosna<br />
El modo errado de hacer limosna, sea en tiempos pasados como hoy, es el de usar un modo vistoso, para ser reconocido y aclamado por los otros. A veces sobre los bancos de la iglesia se ven escritas estas palabras: “Obsequio de la familia tal”. En televisión, a los políticos les gusta mostrarse como grandes benefactores de la humanidad en las inauguraciones de obras públicas al servicio de la comunidad. Jesús dice: “ Aquellos que así obran, ya han recibido su recompensa”.</p>
<p>Mateo 6,3-4: Cómo hacer limosna<br />
El modo correcto de hacer limosna es éste: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”. O sea, debo dar limosna de tal modo que ni yo tenga la sensación de estar haciendo una cosa buena, que merece una recompensa por parte de Dios y elogio por parte de los hombres. La limosna es una obligación. Es una forma de compartir algo que tengo, con aquéllos que no tienen nada. En una familia, lo que es de uno es de todos. Jesús elogia el ejemplo de la viuda, que daba hasta lo que le era necesario (Mc 12,44).</p>
<p>Mateo 6,5: Cómo no orar<br />
Hablando de algunos modos equivocados de orar, Jesús menciona algunos usos y costumbres raras de aquella época. Cuando se tocaba la trompeta para la oración de la mañana, del mediodía o de la tarde, había gente que le gustaba encontrarse en mitad de la calle para orar solemnemente con los brazos abiertos haciéndose así ver de todos y ser considerados, de esta forma, como gente piadosa. Otros en la sinagoga, asumían posturas extravagantes, para llamar la atención de la comunidad.</p>
<p>Mateo 6,6: Cómo orar<br />
Para no dejarnos dudas, Jesús exagera sobre cómo orar. Dice que se necesita orar, en secreto, solo delante de Dios Padre. Ninguno te verá. Incluso, para los otros, tú serás alguien que no reza. ¡No importa! También de Jesús dijeron: “No es de Dios”. Y esto porque Jesús oraba mucho de noche y no le importaba la opinión de los demás. Lo que importa es tener la conciencia en paz y tener la certeza de que Dios es el Padre que me acoge y no a partir de lo que hago por Dios o a partir de la satisfacción que busco en el hecho de que otros me aprecian como una persona pía que ora.</p>
<p>Mateo 6,16: Cómo no ayunar<br />
Jesús critica las prácticas equivocadas del ayuno. Había gente que se desfiguraban el rostro, no se lavaban, usaban vestidos rotos, no se peinaban, de modo que todos pudiesen ver que estaban ayunando y de un modo perfecto.</p>
<p>Mateo 6,17-18: Cómo ayunar<br />
Jesús recomendaba lo contrario. Cuando tú ayunes derrama perfume sobre tu cabeza, lávate la cara, de modo que ninguno se dé cuenta de que estás ayunando, sino sólo tu Padre que está en los cielos. Como decíamos antes, se trata de un camino nuevo de acceso al corazón de Dios que se abre delante de nosotros. Jesús, para asegurarnos interiormente, no pide lo que nosotros hacemos por Dios, sino más bien lo que Dios hace por nosotros. La limosna, la oración y el ayuno no son dineros para comprar el favor de Dios, sino sólo la respuesta de gratitud al amor recibido y experimentado.</p>
<p><strong>c) Ampliando conocimientos:</strong></p>
<p><strong>i) El contexto más amplio del Evangelio de Mateo</strong></p>
<p>El Evangelio de Mateo ha sido escrito para una comunidad de judíos convertidos que estaban atravesando una crisis profunda de identidad, con relación a su pasado. Después de convertirse a Jesús, habían continuado viviendo según sus antiguas tradiciones y frecuentaban las sinagogas, junto con los parientes y amigos, como antes. Pero sufrían, a causa de una fuerte presión por parte de los amigos judíos que no aceptaban a Jesús como Mesías. Esta tensión aumentó después de los años setenta. Cuando, en el 66 d. de Cristo, explotó la revuelta de los judíos contra Roma, dos grupos no quisieron participar, el grupo de los fariseos y el grupo de los judíos cristianos. Ambos grupos sostenían que ir contra Roma no tenía nada que ver con la venida del Mesías, como otros defendían. Después de la destrucción de Jerusalén por parte de los romanos en el 70, los otros grupos judíos desaparecieron todos. Quedaron sólo los fariseos y los judíos cristianos. Ambos pretendían ser los herederos de las promesas de los profetas, y por esto, aumentaba la tensión entre los hermanos a causa de la herencia. Los fariseos reorganizaron el resto del pueblo y tomaron posición cada vez más encontrada contra los cristianos, que acabaron por ser excomulgados de la sinagoga. Esta excomunicación reabrió todo el problema de la identidad. Ahora los cristianos eran de modo oficial y formal separados del pueblo de las promesas. No podían frecuentar más sus sinagogas y sus rabinos. Y ellos se preguntaban: “¿Quién es el verdadero pueblo de Dios ellos o nosotros?” ¿Es Jesús verdaderamente el Mesías?<br />
Mateo, por tanto, escribe su evangelio (1) para este grupo de cristianos, como un evangelio de consolación para aquéllos que estaban excomulgados y perseguidos por los judíos: ayudándoles a superar el trauma de la rotura; (2) como un evangelio de revelación, mostrando que Jesús es el verdadero Mesías, el nuevo Moisés, que cumple las promesas; (3) como un evangelio de nueva práctica, mostrando cómo deben hacer para llegar a la verdadera justicia, mucho mayor que la justicia de los fariseos.</p>
<p><strong>ii) Una clave para el Sermón de la Montaña</strong></p>
<p>El Sermón de la Montaña es el primero de los cinco discursos del Evangelio de Mateo. Describe las condiciones que permiten a una persona el poder entrar en el Reino de Dios: la puerta de entrada, la nueva lectura de la ley, el modo nuevo de ver y practicar las obras de piedad; el modo nuevo de vivir en comunidad. En una palabra, en el Sermón de la Montaña, Jesús comunica el modo nuevo de mirar las cosas de la Vida y del Reino. Se trata de una división que sirve de clave de lectura:<br />
Mt 5,1-16: La puerta de entrada<br />
Mt 5,1-10: Las ocho Bienaventuranzas ayudan a percibir donde el Reino está ya presente (Mt entre los pobres y perseguidos) y donde estará en breve (Mt entre los otros seis grupos).<br />
Mt 5,12-16: Jesús dirige palabras de consuelo a los discípulos y avisa: aquél que viva las bienaventuranzas será perseguido (Mt 5,11-12), pero su vida tendrá un sentido, un significado, porque será sal de la tierra (Mt 5,13) y luz del mundo (Mt 5,14-16).<br />
Mt 5,17 al 6,18: La nueva relación con Dios: Una nueva Justicia<br />
Mt 5,17-48: La nueva justicia debe superar la justicia de los fariseos<br />
Jesús radicalizaba la ley, o sea, la llevaba a su raíz, a su objetivo principal y último que es servir la vida, la justicia, el amor y la verdad. Los mandamientos de la ley indican un nuevo camino de vida, evitado por los fariseos (Mt 5,17-20).<br />
De pronto Jesús presenta varios ejemplos de cómo deben ser entendidos los mandamientos de la Ley de Dios dada por Moisés: antiguamente se os dijo, pero yo os digo ((Mt 5,21- 48).<br />
Mt 6,1-18: La nueva justicia no debe buscar recompensa o mérito (Es el evangelio de este Miércoles de Ceniza)<br />
Mt 6,19-34: La nueva relación con los bienes de la tierra: una nueva visión de la creación<br />
Afronta las necesidades primarias de la vida: alimentos, vestidos, casa, salud. Es la parte de la vida que produce más angustias en las personas. Jesús enseña cómo relacionarse con los bienes materiales y con las riquezas de la tierra: no acumular bienes (Mt 6,19-21), no mirar al mundo con mirada afligida (Mt 6,22-23), no servir a Dios y al dinero al mismo tiempo (Mt 6, 24), no preocuparse por lo que comeremos o beberemos (Mt 6,23-34).<br />
Mt 7,1-29: La nueva relación con las personas: una nueva vida en comunidad<br />
No buscar la paja en el ojo de tu hermano (Mt 7,1-15), no echar las perlas a los puercos (Mt 7,6); no tener miedo de buscar las cosas de Dios (Mt 7,7-11); la regla de oro (Mt 7,12); escoger el camino estrecho y difícil (Mt 7, 13-14) ; poner atención a los falsos profetas (Mt 7,15-20); no sólo hablar sino obrar (Mt 7,21-23); la comunidad construida sobre esta base estará segura, en pie, a pesar de la tempestad (Mt 7,24-27) . El resultado de estas palabras es una nueva conciencia delante de los escribas y fariseos (Mt 7,28-29).</p>
<p><strong>6. Oración de un Salmo: Salmo 40 (39)</strong></p>
<p><em>Anunciar la gran justicia de Dios </em></p>
<p>Yo esperaba impaciente a Yahvé:<br />
hacia mí se inclinó<br />
y escuchó mi clamor.<br />
Me sacó de la fosa fatal,<br />
del fango cenagoso;<br />
asentó mis pies sobre roca,<br />
afianzó mis pasos.<br />
Puso en mi boca un cántico nuevo,<br />
una alabanza a nuestro Dios;<br />
muchos verán y temerán,<br />
y en Yahvé pondrán su confianza.</p>
<p>Dichoso será el hombre<br />
que pone en Yahvé su confianza,<br />
y no se va con los rebeldes<br />
que andan tras los ídolos.<br />
¡Cuántas maravillas has hecho,<br />
Yahvé, Dios mío,<br />
cuántos designios por nosotros;<br />
nadie se te puede comparar!<br />
Quisiera publicarlos, pregonarlos,<br />
mas su número es incalculable.</p>
<p>No has querido sacrificio ni oblación,<br />
pero me has abierto el oído;<br />
no pedías holocaustos ni víctimas,<br />
dije entonces: «Aquí he venido».<br />
Está escrito en el rollo del libro<br />
que debo hacer tu voluntad.<br />
Y eso deseo, Dios mío,<br />
tengo tu ley en mi interior.</p>
<p>He proclamado tu justicia<br />
ante la gran asamblea;<br />
no he contenido mis labios,<br />
tú lo sabes, Yahvé.<br />
No he callado tu justicia en mi pecho,<br />
he proclamado tu lealtad, tu salvación;<br />
no he ocultado tu amor y tu verdad<br />
a la gran asamblea.</p>
<p>Y tú, Yahvé, no retengas<br />
tus ternuras hacia mí.<br />
Que tu amor y lealtad<br />
me guarden incesantes.<br />
Pues desdichas me envuelven<br />
en número incontable.<br />
Mis culpas me dan caza<br />
y ya no puedo ver;<br />
más numerosas que mis cabellos,<br />
y me ha faltado coraje.</p>
<p>¡Dígnate, Yahvé, librarme;<br />
Yahvé, corre en mi ayuda!<br />
¡Queden confusos y humillados<br />
los que intentan acabar conmigo!<br />
¡Retrocedan confundidos<br />
los que desean mi mal!<br />
Queden corridos de vergüenza<br />
los que me insultan: «Ja, ja».</p>
<p>¡En ti gocen y se alegren<br />
todos los que te buscan!<br />
¡Digan sin cesar: «Grande es Yahvé»<br />
los que ansían tu victoria!<br />
Aunque soy pobre y desdichado,<br />
el Señor se ocupará de mí.<br />
Tú eres mi auxilio y libertador,<br />
¡no te retrases, Dios mío!</p>
<p><strong>7. Oración final </strong></p>
<p>Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.</p>
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		<item>
		<title>Tal día como hoy: 22 de febrero</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/tal-dia-como-hoy-22-de-febrero/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 00:33:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Efemérides]]></category>
		<category><![CDATA[San Lázaro]]></category>

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		<description><![CDATA[1654. Carta de Vicente de Paúl al sacerdote de la Misión Francisco Fournier, que está en Agen, contestándole a varias preguntas que tiene en relación con las Reglas de la Congregación de la Misión. Vicente aclara que las Reglas prohíben servir a las religiosas sean de la orden que sean, así que, salvo mandato expreso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1654.</strong> Carta de Vicente de Paúl al sacerdote de la Misión Francisco Fournier, que está en Agen, contestándole a varias preguntas que tiene en relación con las Reglas de la Congregación de la Misión. Vicente aclara que las Reglas prohíben servir a las religiosas sean de la orden que sean, así que, salvo mandato expreso de los obispos, se debe evitar no solo la dirección y la confesión sino también la misa. Explica que el mismo ha intentado descargarse de la dirección de los monasterios de la Visitación de París, que tenía desde antes de que la Congregación fuera establecida, pero el Cardenal de Retz, coadjutor de París, le ha mandado varias veces que siguiera. Vicente escribe, sobre la forma de cumplir el cuarto voto, &#8220;que es el de dedicarse a la salvación de las pobres gentes de los campos toda la vida, cuando se está dedicado solo a los seminarios, respondo que es, primero, por la preparación del espíritu, manteniéndose dispuesto a ir a las misiones a la menor indicación que se nos haga;y, segundo, porque indirectamente se trabaja por la salvación de los campesinos cuando se está dedicado a formar buenos párrocos y buenos eclesiásticos, que después van a instruirles y exhortarles a una buena vida; por lo menos debemos tener esta intención y esta esperanza&#8221;.</p>
<p><strong>1658.</strong> Conferencia de Vicente de Paúl en San Lázaro sobre las tentaciones, que continuará el 1 de marzo, y en la que se desarrollan las razones para tratar del tema, en qué consisten las tentaciones y los medios para resistirlas.</p>
<p><strong>1705.</strong> Muere, en París, el P. Claudio de la Salle. Nació el 10 de agosto de 1629 en Saint-Germain-en-Laye. Estudió en el colegio de Lisieux y en la Sorbona, obteniendo el título de Maestro en Artes a los veinticuatro años. Vicente de Paúl, ante su frágil complexión y su debilidad visual, dudó en aceptarlo en la Congregación, aunque finalmente lo hizo el 20 de enero de 1658 con la condición de que fuera clérigo toda su vida. Tras la muerte de Vicente, su sucesor, el P. Renato Alméras, lo hizo ordenar en 1661. Durante cuarenta y cuatro años, fue el confesor de la Casa Madre.</p>
<p><strong>1762.</strong> Se abre en París la XIII Asamblea General de la Congregación de la Misión, formada por treinta y seis miembros y que elegirá al P. Antonio Jaquier como noveno superior general de la Congregación de la Misión, dándole como asistentes al P. Alexis Pertuisot, superior de Cahors y visitador de Guyenne; el P. Juan Molinier, superior de Figeac, el P. Juan José Testori, que ya era asistente, y el P. Antonio Holleville, superior de Toul y visitador de Campaña.</p>
<p><strong>1862.</strong> Los paúles Juan Bautista Varèse y Luis Plagnard fundan en Teherán el colegio San Luis. Abierto con quince alumnos, el establecimiento ira desarrollándose hasta dar instrucción a ciento treinta alumnos en 1952.</p>
<p><strong>1865.</strong> Incendio de la Casa Provincial de Turquía: cuatro niños mueren carbonizados y son desalojados ciento veinte huérfanos y unas cuarenta hermanas. El derrumbamiento del muro sur aplasta a sesenta personas, entre las que se encontraba un pachá a caballo. Las Hijas de la Caridad habían llegado a Turquía en 1839 y la Provincia fue erigida en 1864.</p>
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		<item>
		<title>Sor Rosalía Rendu (Parte 16 y última)</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/sor-rosalia-rendu-parte-16-y-ultima/</link>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 00:23:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rosalía Rendu]]></category>
		<category><![CDATA[Ratisbona]]></category>

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		<description><![CDATA[16. Las virtudes de sor Rosalía Dios es admirable en sus obras. Y lo es sobre todo en el bello trabajo interior que va realizando en las almas. Se complace en dotar a ciertas almas privilegiadas de talentos naturales maravillosos, a los que añade el esplendor de su gracia, el ornato de sus dones y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1 style="text-align: center;"><strong>16. Las virtudes de sor Rosalía</strong></h1>
<p>Dios es admirable en sus obras. Y lo es sobre todo en el bello trabajo interior que va realizando en las almas. Se complace en dotar a ciertas almas privilegiadas de talentos naturales maravillosos, a los que añade el esplendor de su gracia, el ornato de sus dones y un incremento de favores desti­nados a exponer a su obra maestra a la admiración de los hombres.</p>
<p>Sor Rosalía fue una de esas obras maestras, que resultan sorprendentes porque superan nuestras medidas comunes. Dotada de una naturaleza vigo­rosa y delicada a la vez, de un espíritu luminoso, de una voluntad enérgica, de un corazón que palpitaba con acentos de la más exquisita sensibilidad, de un alma prudente e, incluso en medio de sus más sorprendentes audacias, dócil a las consignas de la prudencia, ella aprendió desde sus más tiernos años, en la escuela de su cristianísima madre, a usar de todos estos dones al servicio del bien. Y Dios se complació entonces en colmarla de beneficios y en hacer que prosperara su acción. De todo ello salió como resultado una obra verdaderamente grandiosa.</p>
<p>Como hijos de Dios, todos tenemos que trabajar por el Padre de los cielos. Es imposible agradar a Dios si no se obra por él. Hay que obrar con espíritu de fe. « <em>Sine fide impossibile est placere Deo». </em>Se trata de algo elemental. Pero cuando ese espíritu de fe inspira y empapa toda una vida, la vida se vuelve luminosa, radiante; proyecta en cada momento a su alre­dedor reflejos del más allá. Y entonces nuestros caminos terrenos se ven un poco mejor iluminados por el esplendor de las cosas divinas.</p>
<p>Este espíritu de fe es el que inspiró tanta virtud en el alma de sor Rosa­lía. En esta atmósfera luminosa y bajo los cálidos rayos de esta luz celestial se fueron desarrollando con magnificencia los gérmenes de las virtudes que Dios había depositado en su pecho.</p>
<p>¡Realmente es admirable la floración de virtudes cristianas en las almas vivificadas por la gracia! ¡Toda una visión de hermosura bajo la mirada de Dios! Esas flores espirituales, abiertas bajo la brisa de la vida divina, van mezclando y entrelazando armoniosamente los diversos matices de belleza en un trazado perfecto y en una perfecta pureza de líneas en esos jardines de Dios, trazados por El, y que tan bien supo admirar y describir el prínci­pe de la teología, santo Tomás de Aquino.</p>
<p>Sor Rosalía, como todos los cristianos, había recibido en el bautismo las tres grandes virtudes, las más bellas de todas, que nos permiten entrar en la intimidad de Dios: la fe, la esperanza y la caridad. <em>«Tria haec!». </em>Gracias a ellas el cristiano sabe a dónde va. Gracias a ellas sor Rosalía iría confiada hacia un Dios que ella sabía que era maravilloso y paternal. Y además vería en cada uno de los hombres un hijo de Dios. Y lo mismo que Dios, también ella haría del prójimo el objeto de sus complacencias y derramaría sobre él los tesoros de su caridad. Su amor al pobre no sería más que una forma de su amor a Dios.</p>
<p>En la irradiación de estas tres grandes virtudes que fijan nuestras almas a Dios, hay otras cuatro que tienen como misión regular nuestras relaciones humanas: la prudencia, la fortaleza, la justicia y la templanza: son las llamadas «virtudes cardinales», algo así como «goznes» robustos sobre los que gira todo un sistema planetario de virtudes morales de menor envergadura; fuerzas grandiosas de una amplitud magnífica, que comunican su virtud a otros muchos satélites de pequeña o de mediana grandeza. Santo Tomás va describiendo detalladamente toda esta riqueza: va enumerando por decenas esas virtudes que, por diversos títulos, participan de la vida y de las fun­ciones de las cuatro virtudes cardinales. Utilizándolas, sor Rosalía se fue haciendo un alma vigorosa y santamente audaz, paciente y perseverante, alegre y magnánima, leal y justa, moderada en sus deseos, prudente en sus decisiones.</p>
<p>Un alma modelada de esta forma es una obra maestra, un santuario de la sabiduría, en donde reinan, en el seno de la riqueza y de la variedad, el orden y la armonía. Y es también una fuerza, dispuesta a obrar maravi­llas. Se trata de utilizar todos estos tesoros.</p>
<p>En el seno de estos divinos esplendores conviene que destaquemos dos virtudes encantadoras, que serán las predilectas de sor Rosalía: la humildad y la sencillez, pequeñas virtudes que se centran en la templanza, pero que al lado de la caridad, cuando ésta las toma como compañeras de sus haza­ñas, forman su mejor cortejo.</p>
<p>Y señalemos además el trío de la pobreza, la castidad y la obediencia, virtudes de altos vuelos, guardianas vigilantes de la salud de las almas, de su vigor y de su hermosura, garantías de orden y de armonía, auxiliares po­derosas de la perfección evangélica.</p>
<p>Y en el seno de todas estas riquezas el soplo del Espíritu Santo viene una vez más con sus dones a producir una exuberancia de vida, que facilita el ejercicio de todas las virtudes, asombrando a todos con las maravillas de sus poderosos impulsos inesperados. Y los frutos de ese mismo Espíritu de Dios: la paz, el gozo, la benignidad, la bondad, la mansedumbre, etc., vienen a embalsamar de suavidad, de perfume y de encanto el santuario de aquellas almas en las que se despliega toda esta vida.</p>
<p>Tomás de Aquino se entusiasmaba delante de esta visión de hermosura. Dios, por su parte, se empeña incesantemente en multiplicar estos ejemplos en nuestro pobre mundo. Y continuamente los santos ángeles del Señor despliegan su celo en la protección de semejantes tesoros.</p>
<p>¿Quién no reconocerá, apenas eche una ojeada sobre la vida de sor Rosalía, una magnífica actuación de todas estas energías espirituales, depo­sitadas por Dios en las almas? Inmediatamente se desprende de ella una impresión de excepcional esplendor.</p>
<p>Entre tantas preciosas virtudes, ¿habrá habido alguna que haya perma­necido ociosa en este armonioso conjunto? Es inútil que nos pongamos a buscarla. Y no lo será ciertamente esa indispensable virtud de la prudencia, que corría tantos riesgos en una vida impulsada por tan admirable auda­cia, y que a pesar de todo se muestra espléndida en sus afortunadas decisio­nes, en sus pujantes iniciativas, en sus magníficos resultados, en medio de un clima de tempestades y de motines. En medio de tantas otras virtudes, igualmente hermosas, pero más apropiadas a las situaciones comunes, pode­mos admirar esta sabiduría, tan extraña y tan meritoria, de la prudencia cristiana, que dirigió una vida tan hermosa, pero tan expuesta al peligro.</p>
<h2>ESPÍRITU DE FE, VIVA LUZ EN LA VIDA</h2>
<p>Fue el espíritu de fe el que hizo brotar tanto esplendor. La fe tenía que ser muy viva en aquel alma privilegiada. Ya desde la más tierna infancia impregnó hondamente su alma, en aquella cálida atmósfera de una familia cristiana y en medio de las circunstancias trágicas de la persecución.</p>
<p>Sor Rosalía, niña todavía, volvía un día del campo con sus hermanitas. Llegaron delante de la iglesia. Quisieron entrar para saludar al Señor. Pero la iglesia estaba cerrada. Las niñas se pusieron de rodillas frente a la pared y, a través de ella, le enviaron al Señor su cariñoso saludo. Dios escucha a través de las paredes. Y también a través de las paredes envía sus ben­diciones.</p>
<p>Después de convertirse en hija de la Caridad, sor Rosalía, que se levan­taba a las cuatro de la mañana, era siempre la primera en acudir a la capi­lla, donde edificaba a todos con su actitud humilde y respetuosa.</p>
<p>Siendo superiora, entre visita y visita, se la sorprendía a veces arrodi­llada en su despacho: «Es que así -decía- me resulta más fácil ponerme en presencia de Dios».</p>
<p>En el coche solía bajar las cortinillas de las ventanas, como san Vicente, para que nada pudiera distraerla de la presencia de Dios.</p>
<p>El pensamiento en Dios le resultaba familiar. Los más sencillos conse­jos solían ir siempre apoyados en pensamientos sobrenaturales. Un día le dijo a una hermana que estaba muy atareada en el trabajo del lavado de ropa: «Sin dejar su obra, puede hacer también usted un poco de oración. Piense que nuestras almas tienen que estar tan blancas como esa espuma de jabón, tan ligeras como ella, para elevarse hasta Dios, y que solamente lograremos dar a nuestras conciencias la limpieza y la pureza de esa ropa a base de lavarlas en las aguas de la penitencia».</p>
<p>Cuando iba a casa de algún gran personaje para solicitar un servicio o una limosna, procuraba ante todo dirigirse al Espíritu Santo para que inclinase el corazón de aquellos bienhechores. Al entrar, decía a sus religiosas, hay que empezar por agradecer los servicios que nos han prestado otras veces, para exponer a continuación el motivo de la visita. Y les indi­caba a sus hermanas: «No sois vosotras las que podéis obtener algún resul­tado. Es el Espíritu Santo el que dispone los corazones y los inclina al bien».</p>
<p>Tenía un sentimiento muy vivo de las realidades sobrenaturales que nos rodean y nos penetran. Vivía en compañía de los santos ángeles, sentía un gran respeto por su presencia y un gran agradecimiento por sus servicios. Cuando alguna hermana se mostraba un tanto ligera en sus movimientos, le hacía esta observación: «Hermana, su ángel de la guarda no es capaz de seguirle». A otra, que se mostraba algo remisa en escribir una carta en favor de un pobre, le dijo un día: «Vamos, hermana; es su ángel de la guarda el que le tiende la pluma; no puede usted hacerle esperar». Cuando entraba en el comedor para distribuir la sopa a los ancianos -a quienes ella llamaba «mi corte celestial»- le decía a la hermana que aquella sema­na estaba encargada de ellos: «Hermana, saludemos a los ángeles de esos buenos ancianos. Los ángeles se sienten orgullosos de guiar a los pobres, en los que Dios reside. Y nosotros vamos a participar de su ministerio». Le pa­recía que «una gran bendición rodeaba a su casa mientras que la sala se llenaba de los obreros que aguardaban el momento de comer».</p>
<p>Realmente «la conversación de sor Rosalía estaba en el cielo». Y este pensamiento del cielo, mantenido habitualmente, le daba a su fisonomía y a su manera de actuar ciertos reflejos del más allá. Sus compañeras decían en cierta ocasión: «Cuando contemplamos a nuestra madre, ella nos hace pensar en la santísima Virgen».</p>
<p>Sor Rosalía tenía una idea muy elevada de lo que es una casa de cari­dad. Es un santuario de Dios. Allí no se puede hacer más que el bien. Durante un motín, un oficial del ejército regular que se había quedado solo en una barricada en medio de sus soldados muertos, huyó de la batalla y se refugió en el patio de la casa de caridad. Los amotinados le habían seguido y estaban ya a punto de fusilarle. Sor Rosalía pronunció entonces este her­moso grito de fe: «¡Aquí <em>no se mata a nadie!».</em></p>
<h2>LAS DEVOCIONES DE SOR ROSALÍA</h2>
<p>Practicaba las devociones sólidas y sencillas de todo buen cristiano. Tenía sobre todo la devoción al deber, la devoción a “la obra bien hecha». Y tenía también la devoción de rezar por el papa, de rezar por la santa Iglesia.</p>
<p>Y desde luego tenía también una gran devoción a la santísima Virgen. Ya antes de 1830 había hecho, como todos los hijos de san Vicente, pro­fesión de fe en la Inmaculada Concepción. Cuando explotó en la iglesia el gran acontecimiento de las apariciones de la Virgen en la calle du Bac, pudo todos los meses ir allá a rezar con todo recogimiento, asistiendo fielmente a las conferencias del padre director y repitiendo de todo corazón la invo­cación a la Inmaculada con los demás fieles. Le gustaba también visitar los demás santuarios parisinos dedicados a la santísima Virgen. En nuestra Se­ñora de las Victorias iba a visitar al Corazón inmaculado de María con el buen pueblo parisino que llenaba la iglesia. En San Severino, muy cerca de su casa, iba a visitar a nuestra Señora de la Esperanza. En 1853 la vemos acudir a varias peregrinaciones. Su madre estaba gravemente enferma. Desea arrancar a la muerte a aquella madre que tanto quería y acude al corazón maternal de la Virgen a expresar su pena y su confianza. Con dos de sus compañeras se dirige a nuestra Señora de las Victorias. Poco tiempo después renueva sus súplicas ante otra imagen de la Virgen, esta vez en San Severino.</p>
<p>Ante la santísima Virgen demostraba tener un corazón verdaderamente filial y una gran confianza. Como un día tuviera que consolar a uno de sus antiguos estudiantes que acababa de perder a su&#8217; mujer y que se sentía desamparado rodeado de numerosos hijos, le escribió una carta inspirada en un alto sentido sobrenatural y puso en manos de la santísima Virgen aquella situación tan penosa. Y el día de la fiesta de la natividad de la Virgen, 8 de septiembre de 1853, le escribió a aquel pobre padre: «Tenga confianza en la santísima Virgen. Hágala la <em>madre de sus hijos».</em></p>
<p>Sor Rosalía no podía dejar, en su apostolado tan activo y a veces tan difícil, de utilizar la medalla que recientemente había traído a la tierra la misma Virgen María y que iba a dar la vuelta al mundo para merecer en aquella extraordinaria expansión por <span style="text-decoration: underline;">toda. la</span> tierra el nombre de «meda­lla milagrosa». Durante los primeros momentos de devoción a la medalla milagrosa, he aquí que sor Rosalía descubre en una pobre familia a dos niñas de catorce y once años cuidando de su madre moribunda v casi aban­donadas por completo de su padre. De todas formas, el padre y la madre confían de buena gana sus hijas a la hermana para que se encargue ella de instruirlas.</p>
<p>Aquella familia era israelita. Sor Rosalía piensa inmediatamente en la obra del padre María-Teodoro Ratisbona. Le pide al señor Aladel que se ponga al habla con dicho padre y que le pida que acoja a sus protegidas. Entre tanto, la madre les ha dado a las niñas la medalla milagrosa, lo mis­mo que había hecho en Roma, con tanto éxito, el barón de Bussiéres con el joven Alfonso Ratisbona. Ella esperaba ver renovarse aquel milagro con la conversión de las niñas. Entre tanto se las había confiado, con la pre­ciosa medalla, a una piadosa señora.</p>
<p>El padre María-Teodoro Ratisbona, cuando contó cuarenta años más tarde, en 1882 ó 1883, los pasos que dio en esta ocasión el señor Aladel, el 8 de agosto de 1842, para ponerse al habla con él, observaba que «la hermana de la Caridad que había servido de instrumento a la divina Virgen en aquellas circunstancias era sor Rosalía Rendu, la misma que desde su pobre casa de la calle de l&#8217;Epée-de-Bois de París había impreso durante largos años un movimiento tan pujante a la beneficencia cristiana».</p>
<p>Y arrastrado par su celo el padre Ratisbona escribía a su hermano: «El señor Aladel tiene que ser el encargado de dar la consigna a todas las hermanas de la Caridad de Francia; esas dignas hijas de san Vicente que penetran en todos los rincones en donde hay una miseria que aliviar, unos desgraciados que salvar, procurarán traernos a los pequeños israelitas que la santísima Virgen les haga encontrar». Y un poco más adelante: «Las dos primeras catecúmenas nos llegaron por medio del señor Aladel y de una hermana de la Caridad: ¡qué augurio tan hermoso! La medalla milagrosa siguió ese mismo canal. Animo, ánimo. Los neófitos se multiplicarán tan aprisa como las medallas; se irán atrayendo unos a otros, para mayor gloria de Dios v de nuestra buena Madre».</p>
<p>Sor Rosalía, lo mismo que sus compañeras, no conocía a la hermana que había recibido las confidencias de la santísima Virgen. Pero conocía la hermosa historia de la medalla y especialmente el milagro que seis meses antes había entusiasmado a los ambientes romanas, suscitando por todo el mundo las conversaciones piadosas y haciendo que se propagara la medalla más que nunca. Y sor Rosalía distribuía con gusto aquella medalla. Se ha­bía convertido en uno de sus medios de apostolado.</p>
<p>Más que nunca experimentaba el poder de la santísima Virgen. Cuando se quedó ciega, multiplicó sus oraciones a la Virgen. Le gustaba especial­mente rezar el rosario.</p>
<p>El rosario, el evangelio, la Imitación de Cristo: esos eran sus «libros». El rosario era el libro de cada momento, el consuelo de sus largas horas de inactividad, su vinculación fácil con el cielo. Cuando tenía a su disposición a una benévola lectora, entonces acudía de buena gana al evangelio y a la Imitación. Y saboreaba aquellas páginas. Cuando había alguna postulante en casa, era a ella a quien solía pedirle ese favor. Un día, a petición suya, una postulante le había leído un capítulo de la Imitación. Lo había escu­chado con verdadera fruición. Se recogían allí algunas palabras de nuestro Señor. Sor Rosalía exclamó: «¡Qué hermoso es!». Y añadió: «¡Qué dicha es poder abandonarse a él!». De buena gana habría dicho como santa Luisa de Marillac, al hablar de esos libros: «Se trata de algo muy necesario para las Hijas de la Caridad».</p>
<p>Con semejantes sentimientos no es extraño que a sor Rosalía le gustase rezar por las grandes intenciones de la Iglesia. Mandaba que se rezase con frecuencia por el Santo Padre, a quien le está encomendada. Dios le había hecho vislumbrar los males que iban a caer sobre la Iglesia y entristecer a su Cabeza visible. Decía de sí misma que todo aquello le causaba una tristeza mortal. «Vosotras veréis todo eso, hermanas -añadía-. Pero yo ya no viviré».</p>
<p>También le gustaba rezar a san Vicente, procurando modelar su vida sobre la del santo; tenía continuamente en los labios algunas de sus máxi­mas y recomendaciones. Por la noche se arrodillaba para rezar sus oraciones ante una imagen que representaba al santo llevado al cielo por los ángeles. Aquella imagen era un recuerdo de sor Tardy, su antigua supe­riora. Por ese motivo aquella imagen le resultaba doblemente apreciada.</p>
<p>En efecto, sentía por sus superiores un religioso respeto. Siempre habla­ba de ellos con auténtica veneración, dándoles señales de su afecto. En su rostro se reflejaban esos hermosos sentimientos, cuando les oía hablar.</p>
<p>Veía a Dios en ellos y no admitía en su presencia bromas ni palabras ligeras. Sus conferencias y sus circulares eran, para ella, cosas de las que no convenía hablar más que con mucha reserva y respeto.</p>
<p>Sus superiores se vieron durante algún tiempo inducidos a error respec­to a ella; esta prueba le resultó muy penosa. Pero nunca dejó que se lo notaran. «Nuestros superiores -decía- son muy buenos, pero no pueden verlo todo&#8230; Tenemos que compadecer a nuestros superiores, ya que tienen mucho que hacer y una gran responsabilidad. Pidamos mucho por ellos». Para la fiesta de aquellos superiores a los que veneraba se mostraba siempre muy generosa, mientras que en su propio caso practicaba una severa pobreza. En el barrio Mouffetard había muchos horticultores y re­sultaba fácil conseguir flores. Por eso el secretariado de la casa madre con­fiaba a las hermanas de l&#8217;Epée-de-Trois el encargo de procurar los ramos para las fiestas. Las compañeras de sor Rosalía se encargaban de ello v ha­cían todo lo posible por traer ramos muy hermosos. Sor Rosalía nunca los consideraba suficientemente bellos. Nada era demasiado para los «venera­dos superiores». Pero el día de su propia fiesta no aceptaba para sí más que flores del jardín: un ramo de rosas, rodeado de reseda y de tomillo.</p>
<p>Su espíritu de fe se revelaba también en su estima del sacerdocio, en los muchos servicios que hizo a los sacerdotes y a los seminaristas. Muchos le debieron su entrada en el seminario y la posibilidad de proseguir sus es­tudios teológicos.</p>
<p>Pero donde este espíritu de fe se mostró más esplendoroso fue en el extraordinario amor a los pobres que practicó durante toda su vida la mi­sericordiosa sor Rosalía. ¡Comprendía tan bien a los pobres! ¡Los quería tanto! Y sobre todo, ¡les sirvió tanto!</p>
<h2>ESPERANZA</h2>
<p>La preciosa virtud de la fe, que proyecta sobre la vida presente estas luces bienhechoras, ilumina también, a través de las sombras de la muerte, las misteriosas regiones del más allá. De esta manera ilumina la ruta aérea de la esperanza y la anima, en su arduo vuelo, hacia las atractivas bellezas del paraíso.</p>
<p>Sor Rosalía, a través de los duros combates que tenía que sostener en la tierra y de sus difíciles victorias, emprendía esas batallas cotidianas con sobrenatural confianza. Aquel duro trabajo era la prenda mejor de su felicidad allá arriba. Su confianza, sin embargo, no estaba exenta de temor, ciertamente; pero era un temor santo y noble. Un día le decía a una com­pañera que manifestaba por lo visto algo de presunción: «Por mi parte, yo no veo más que dos cosas entre las cuales vivo: la justicia de Dios, por una parte, y los intereses de su gloria por otra». ¿El sentimiento de la justi­cia de Dios? Sí, pero al mismo tiempo la preocupación por su gloria. Un te­mor que deja la puerta abierta al amor. ¡Hermoso y noble temor reveren­cial, que se mantiene respetuosamente inclinado ante Dios, ante su gran­deza, tomando conciencia de su propio deber y que, con prudente modestia, se dirige hacia Dios por el camino del cielo trabajando con todo entusiasmo por su gloria! ¡Santo temor de Dios! Don del Espíritu Santo. «Castus timor”. Puro temor sin mezcla, que se olvida a veces de sí mismo para no pensar más que en Dios y que, totalmente abismado en la admiración de las gran­dezas de Dios, descubre en él una hoguera de amor tan inmensa que queda disminuido el temor de perderlo.</p>
<p>En su profundo respeto a Dios, sor Rosalía, al servicio de este soberano Señor, se consumía trabajando con todo ahínco por extender su reino. Heroicamente entregada a las obras de misericordia, su alma misericordio­sa tenía confianza en la misericordia divina.</p>
<p>Ciertamente, como todo lo que tiene vida, ella experimentaba el tem­blor de la naturaleza ante el pensamiento de la muerte. «Tengo miedo a la muerte», decía. Pero el pensamiento de la misericordia divina y las prome­sas de nuestro Señor mantenían su espíritu sereno en medio de los duros combates de la vida. Una noche tuvo un sueño: «Me vi -nos cuenta­ ante el tribunal de Dios. Me recibía con gran severidad e iba a pronunciar mi condenación, cuando de pronto me encontré rodeada de un montón de personas que llevaban botas viejas, zapatillas, gorras, que presentaban a Dios todas aquellas cosas y le decían: Ella es la que nos ha dado todo esto. Entonces Jesucristo se volvió hacia mí y me dijo: En premio por todos esos trapos viejos, que has dado en mi nombre, yo te abro las puertas del cielo. ¡Entra en él por toda la eternidad!». Temor y confianza; allí es donde se revelaba el alma tan fina de sor Rosalía.</p>
<p>«Los que hayan amado mucho a los pobres -decía san Vicente- no tendrán miedo a la muerte». Aunque el pensamiento de la muerte hiciera temblar a sor Rosalía, al final de su vida tuvo una muerte tranquila.</p>
<p>La buena sor Melania, la más anciana de sus compañeras, le dijo tam­bién un día con mucha prudencia, cuando intentaba defenderse con seve­ridad de los copiosos elogios que le prometían un buen sitio en el cielo: «Madre, quizás tenga usted razón, pero cuando Dios la vea le dirá: ¡Ahí está una vieja sirvienta que lleva en mi casa más de cincuenta años! ¡No la dejéis fuera!».</p>
<p>Sor Rosalía quería mucho a sor Melania. Y en aquella ocasión debió contestarle con una gran sonrisa.</p>
<p>Por otra parte sor Rosalía sabía refugiarse en las grandes circunstancias bajo el manto de la santísima Virgen. Su corazón tan sensible necesitaba el consuelo de este amparo maternal. Iba de buena gana a rezar al santuario de nuestra Señora de la Esperanza. A1 final de la calle Mouffetard, en di­rección de la Sorbona, en medio de un laberinto de callejuelas, está la her­mosa iglesia de San Severino. Las delicadezas de un arte refinado atraen hacia allá a muchos artistas. Cerca de la Sorbona, estaba también al alcan­ce de aquellos queridos estudiantes que solían frecuentar la casa de l&#8217;Epée­de-Bois. ¿Se trataba acaso de un sentimiento de unión fraternal con ellos y para unir más íntimamente sus oraciones a las oraciones de sus hijos? Lo cierto es que a sor Rosalía le gustaba aquella iglesia. Encontraba allí, en un rincón, una capilla con una Virgen, muy visitada por los peregrinos y que tenía el bonito nombre de nuestra Señora de la Santa Esperanza. La tradición atribuía a esta iglesia, ya desde muy antiguo, una especie de prioridad en la devoción a la Concepción Inmaculada de María.Un día Pío IX, el papa de la Inmaculada, colocará sobre la cabeza de la Virgen de la Santa Esperanza la corona de oro de la Inmaculada. Así pues, sor Rosalía encontraba allí, ante la antigua estatua, el consuelo de la esperanza cristiana y el gozo de saludar a la Inmaculada.</p>
<h2>LA CARIDAD</h2>
<p>La fe supera las montañas; a veces incluso transporta las montañas. La esperanza disipa de antemano todas las brumas de la muerte y vive las glorias de la resurrección. La caridad, por su parte, pasa por encima de todos los intereses de este mundo; sacrifica sin piedad los intereses perso­nales sobre el altar del Dios de amor.</p>
<p>Sor Rosalía tenía en el corazón un gran amor de Dios. Se gastaba ince­santemente por su gloria. Amaba a Dios «con el sudor de su rostro y el cansancio de sus brazos». Nunca descansaba. «El Señor me llama», decía. Y corría hacia él cuando escuchaba la más pequeña llamada.</p>
<p>Le causaban mucha pena las calamidades de la iglesia, que preveía. Todos se daban cuenta de que sufría por las incomprensiones, los fallos, las defecciones que afligían a la iglesia. Y sentía en su corazón el deseo de reparar en la medida de lo posible aquel deshonor que se cometía contra Dios.</p>
<p>Sus servicios caritativos atendían a los cuerpos. Pero sentía más pre­ocupación todavía por las almas, a las que deseaba rescatar y devolver a Dios.</p>
<p>Este anhelo de que el mundo pudiera ser totalmente de Dios elevaba su espíritu, iluminaba su rostro, revelaba su fuego interior. Y su irradia­ción penetraba en las almas de quienes la trataban, haciendo que también ellos se empaparan de Dios.</p>
<p>Y era también en Dios y por Dios como sor Rosalía amaba a sus po­bres. Es verdad que su corazón tan sensible se apiadaba naturalmente de sus miserias y que su corazón podría haberse limitado a ser únicamente un delicado sentimiento natural. Pero ella veía y amaba también en ellos imá­genes de Dios, hermanos redimidos como ella por la sangre de Jesucristo y dotados consiguientemente de un valor incomparable. Y su amar se con­vertía entonces en un homenaje a todo lo que había en ellos de dones divi­nos, de bendiciones divinas y de predilección. Delicadezas humanas de un corazón excelente e inspiraciones sublimes del espíritu de fe se unían en su alma tan sensible y tan sobrenatural para encender en ella esa maravillosa hoguera de amor con aquellas llamas tan vivas y tan puras que proyectaban luz y calor sobre los pobres de Jesucristo.</p>
<p>Cuando sor Rosalía estaba delante de sus pobres, practicaba el más absoluto olvido de sí misma y de sus intereses personales. Los amaba total­mente. Llena de compasión, se lamentaba con ellas, les consolaba, les aten día, les daba toda su abnegación, lloraba con ellos. Y cuando llegaba la ocasión, también sabía excusarles.</p>
<p>Su caridad le inspiraba a veces frases inverosímiles.</p>
<p>Un día, sor Rosalía salió de su despacho para ir al examen particular y a comer. La sala de espera estaba vacía. Se introdujo en ella un pobre. Sor Rosalía había dejado por descuido sobre la mesa, en medio de diversos papeles, cierta cantidad de dinero. El visitante dejó los papeles, tomó el di­nero y se fue. Cuando se dieron cuenta del robo, el ladrón estaba lejos. Cualquier otra persona se habría indignado. Sor Rosalía no se indignó. Estaba demasiado acostumbrada a defender a sus queridos pobres. Defendió también a éste; y exclamó con un suspiro: <em>«¡Menos mal que no lo han </em>cogido!».</p>
<p>Sor Rosalía excusaba a sus queridos pobres ante todo y contra todo. A uno de ellos se le escapó una vez una frase insolente. La gente se indignó al oírlo. Sor Rosalía encontró la forma de excusarle: «Esa pobre gente -dijo- <em>no conoce el valor de las palabras». Y </em>tuvo el atrevimiento de añadir: <em>«Ellos creen que os han hecho un cumplido. ¡Procurad dejarlos contentos!». </em>«Amemos a los pobres -decía-. No les <em>acusemos. </em>Dicen que son pe­rezosos y que están llenos de vicios y los dejan en manos de su pereza y de sus vicios. Amémoslos a pesar de sus defectos. Si nosotros hubiésemos pasa­do lo que ellos, quizás seríamos peores».</p>
<p><em>«¿Son violentos a veces? ¡Es que tienen hambre!». </em>Sor Rosalía veía siempre el lado bueno de las cosas y de las personas.</p>
<p><em>Amaba </em>verdaderamente a sus pobres. Amaba a todos los desgraciados como a hijos de Dios. Durante la ocupación de los aliados en 1814, un soldado ruso había sido condenado a muerte por una grave falta disciplinar. Se enteró sor Rosalía, se dirigió al cuartel general y pidió audiencia. Intro­ducida ante el general, le pidió que hiciera gracia al condenado. Sorpren­dido, el general le preguntó: «¿Pero es que conoce usted a ese hombre? ¿Lo ama usted acaso?». «Sí -respondió la hermana-, lo amo. <em>Lo amo como a uno de mis hermanos, redimido por la sangre de Jesucristo. Y </em>estoy dispuesta a dar mi vida por salvar la suya». Había ganado la causa. El sol­dado obtuvo la amnistía.</p>
<p>Sor Rosalía no podía ver sufrir a un desgraciado sin sufrir con él. Volaba a socorrerlo y ayudaba a su miseria. Pero de todas formas aquella vez había sido demasiado atrevida. Se dice que sor Rosalía, al volver a casa, se extrañó ella misma de haber dado un paso semejante.</p>
<p>El pobre -sor Rosalía acaba de decirlo- es un hijo de Dios. Ahí está el secreto de su grandeza. Esa debe ser la razón de nuestra estima, el resorte de nuestro amor. El pobre goza incluso del amar privilegiado de nuestro Señor. El pobre goza de gran crédito ante nuestro Señor. Cuando sor Rosa­lía deseaba manifestar a alguien su agradecimiento solía decir: «Mis <em>enfer­mos y mis ancianos rezarán por usted». </em>La oración de sus pobres era la mejor recompensa.</p>
<p>Sor Rosalía <em>pensaba continuamente </em>en ese tesoro que eran sus pobres. Donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón.</p>
<p>Se sentía acosada por el recuerdo de sus sufrimientos. Un día que sus hermanas se reían llenas de buen humor durante la recreación, les dijo: «Hermanas, son ustedes muy felices de poder reírse así. Me alegro de ello. Pero yo siempre tengo ante mis ojos la miseria de los pobres. Ellos <em>son mi peso y mi dolor. </em>Como mi pan inútilmente, mientras ellos sufren. Y esto me quita toda satisfacción».</p>
<p>Por eso mismo algunas veces, mientras estaban comiendo, dejaba los cubiertos diciendo: «Hay algo que me sofoca y que me quita el apetito: la idea de que a muchos pobres les falta el pan».</p>
<p>Sor Rosalía <em>daba mucho </em>a sus pobres. Pero la miseria volvía a renacer continuamente y siempre era mayor que sus regalos.</p>
<p>La señora Dannemarie, en su biografía de la hermana, nos ha contado un acto heroico de aquel corazón caritativo. Estaba en su despacho. Una pobre mujer le narra a sor Rosalía la triste historia de sus miserias: «Los ojos vivos de sor Rosalía adivinan algo que la mujer no le dice. &#8220;¿Tiene usted fría?, le pregunta. No lleva usted nada debajo de esa ropa tan ligera. Espere un poco&#8221;. Y sor Rosalía vuelve con unas enaguas calientes &#8220;Lléve­selas&#8221;, le dice. Aquel día, a medida que pasaban las horas en aquella peque­ña habitación sin fuego, el rostro de sor Rosalía iba palideciendo cada vez más. A su vez, ella empezó a temblar de frío. Se había privado ella misma de su ropa».</p>
<p>Daba mucho. Pero siempre tenía miedo de no dar bastante. Por eso seguía dando, y muchas veces de forma heroica a costa de su propia per­sona. Practicaba heroicamente el <em>don de sí. </em>Daba sobre todo bondad, compasión, todas esas cosas buenas que llevaba en su corazón y que tenía siem­pre cuidado de alimentar y enriquecer continuamente.</p>
<p>Por aquellos días trágicos de la revolución de 1848 los motines hacían verdaderos estragos. Por el barrio los ánimos estaban exaltados y los co­razones enconados. Daba miedo la cara de algunas personas. «Creo -dirá un día sor Rosalía- que, si alguien hubiera bajado por entonces al infierno, no habría encontrado allí a un solo diablo; todos andaban sueltos por nuestras calles. ¡Nunca me olvidaré de aquellas caras!» <sup>5</sup>.También las her­manas tenían miedo. Una de ellas exclamó: «¡Qué malos son!». Y sor Rosa­lía saca del tesoro de su corazón inagotable de bondad esta frase tan hermosa: «Hija mía, un motivo más <em>para que nosotros seamos buenas».</em></p>
<p>Y ellas fueron buenas ciertamente. ¡Ya lo creo! ¡Buenas hasta el he­roísmo!</p>
<p>No hay mayor prueba de amor que la de <em>dar la vida </em>por aquellos a los que se ama. Pues bien, sor Rosalía, en lo más recio de la revuelta, se acer­cará hasta las barricadas a riesgo de caer bajo las balas. Su vida fue res petada. Pasó indemne entre ellas. Dios quería conservarla. Y muy cerca de la calle de l&#8217;Epée-de-Bois tuvo la dicha de detener la batalla.</p>
<p>Sor Rosalía demostró la misma grandeza de alma y la misma caridad en otra circunstancia memorable. Era el año 1854. El padre de Ravignan estaba gravemente enfermo. Lo creían ya perdido. Sor Rosalía ofreció su vida por él. «El está destinado -decía- a seguir haciendo mucho bien. Pero yo he hecho tan poco que creo que sería una falta de caridad por mi parte no ofrecerme en su lugar».¡Buena persona sor Rosalía! Iba demasia­do lejos. Pero los santos tienen estas hermosas exageraciones. Una vez más Dios se negó a aceptar el sacrificio de sor Rosalía. Todavía tenía que vivir otros dos años. Pero Dios, con su gran bondad, le concedió lo que ella -junto con toda la iglesia de Francia- estaba deseando: la salud de aquel gran misionero.</p>
<p>Tocamos aquí con la mano toda la grandeza de ideal que inspiraba la caridad de sor Rosalía. Frente a esta noble y generosa preocupación por los intereses de Dios y de la santa Iglesia, no nos extrañamos de constatar ya en aquella vida tanta esplendidez y un impulso tan irresistible, tanta ale­gría y tanta limpieza de corazón.</p>
<p>El puro amor de Dios y de su gloria actuaba en aquella alma insaciable. No acabaríamos nunca de recordar todos los detalles de aquellas haza­ñas de la caridad. El relato de su vida nos revela su continuo ejercicio en plena atmósfera de fe. Se respira allí el aire vivificante del más puro cris­tianismo.</p>
<p>Estos esplendores de la caridad han podido hacer que se olviden en sor Rosalía otras virtudes que, sin embargo, tenían también en ella un esplen­dor excepcional. Mezclada con el mundo para llevarle, junto con los so corros materiales, el mensaje de Cristo, la vida de sor Rosalía trascurrió más en el campo de batalla que en el <span class="domtooltips">oratorio<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (Congregatio Oratorii Sancti Philippi Nerii). Toma su nombre de la palabra latina “oratorii” (un lugar cerca de las iglesias usado después del rezo) y, posteriormente, de las prácticas de piedad. Congregación de sacerdotes seculares, iniciada por San Felipe Neri (1515-1595) cerca de la iglesia de Santo María en Vallicella (Roma) y erigida en 1575 por la bula "Copiosus in misericordia Deus" de Gregorio XIII. El Oratorio fue introducido en Francia por el cardenal Pedro de Bérulle.</span></span> de su casa. Pero en medio de la agitación de la vida social, la infatigable obrera del Señor necesitaba todas las virtudes que tienen por objeto las relaciones humanas, esas gran­des virtudes cardinales, con todo el acompañamiento de las virtudes anejas.</p>
<h2>LA VIRTUD DE LA PRUDENCIA</h2>
<p>Ya hemos hablado de su prudencia en medio de las dificultades que rodeaban su apostolado. Pero toda la vida de sor Rosalía es una ilustración de esta virtud indispensable. Enfrentada ya desde su niñez con las responsabilidades de la resistencia a los perseguidores, arrojada más tarde a aquel ambiente tempestuoso del barrio Mouffetard en medio de motines y re­vueltas, sor Rosalía dio el ejemplo maravilloso de un perfecto dominio que logró solucionar las situaciones más espinosas y de un sentido apostólico que obtuvo maravillosos éxitos. En los momentos de mayor agitación tuvo que resolver problemas muy delicados; y los resolvió con una prudencia, mezclada de audacia, que pudo ser discutida en algún momento, pero que acabó finalmente siendo admirada y considerada digna de la legión de honor.</p>
<p>En el curso ordinario de la vida se imponía a los demás por su tacto así como por el ascendiente de su virtud. Y gracias a esa prudencia llegó a verse el caso extraordinario de unos administradores que venían, la víspera, de sus reuniones, a la calle de l&#8217;Epée-de-Bois a preguntar a sor Rosalía cuál era la conducta que tenían que seguir. Sor Rosalía era su oráculo.</p>
<p>Hay en todo ello una prudencia sorprendente que no puede menos de ser admirada. Porque supone por otra parte una vida de un carácter deci­dido y de una limpieza magnífica. «La vida del espíritu -decía hace poco Blondel- es siempre solidaria de la vida del ser. Para que una mirada sea limpia, es menester que el ojo sea puro y el organismo sano. En el ojo hay algo más que la luz; hay también sangre y vida». Y del mismo modo en el alma hay una vida que repercute en el trabajo del espíritu. Pues bien, toda la vida de sor Rosalía lleva ese sello de salud moral, de grandeza, de noble­za. Por tanto, no hemos de extrañarnos de su clarividente prudencia. La gran virtud de la prudencia, que tenía que gobernar en medio de los reinos agita­dos de este mundo, tenía su trono en el pequeño reino interior de un alma serena, totalmente sana, bien ordenada; en la paz es donde ella podía go­bernar a sus otras compañeras, las virtudes de la fortaleza, la justicia y la templanza, para enfrentarse todas juntas con los tumultos de la vida.</p>
<p>LA VIRTUD DE LA FORTALEZA</p>
<p>La virtud de la fortaleza, guiada por la prudencia cristiana, permitió a sor Rosalía emprender las acciones necesarias y soportar siempre las adver­sidades. Fue valerosa y paciente.</p>
<p>Con una admirable continuidad, día tras día, en su vida de comunidad, mantuvo una regularidad ejemplar. Habiendo asumido las responsabilidades de su cargo de superiora, <em>emprendió </em>valientemente toda clase de obras, algunas de ellas totalmente nuevas, que resultaban necesarias. Para ello logró formar un equipo perfecto de buenas obreras apostólicas, animando a sus compañeras al apostolado, elevando sus almas, trasformando los ca­racteres difíciles, haciéndose toda para todas. Y soportó con admirable paciencia las pruebas que señalaron especialmente los últimos años de su vida. Entre tanto, en medio de las revoluciones, mostró una valentía poco común, arrostrando los terribles deberes que le imponía la caridad en me­dio de los motines de su barrio tan difícil. Y ella misma acudió a las barri­cadas. ¡Qué locura! ¡Pero qué gesto de intrepidez! Exponía su vida, desde luego; pero daba una prueba suprema de amor y de fortaleza cristiana. Y Dios le dio la alegría de ver cómo la paz volvía a reinar entre los comba­tientes, gracias a su intercesión.</p>
<p>Aquel gesto había sido magnífico y sus consecuencias demostraron que no había hecho nada imprudente. La prudencia había desempeñado allí con toda felicidad su papel de consejera; y la fortaleza había impulsado la virtud hasta el heroísmo.</p>
<h2>LA VIRTUD DE LA JUSTICIA</h2>
<p>Este papel de consejera podría resultar quizás más delicado en el terre­no de la justicia. No es que sor Rosalía faltara ni mucho menos a sus obli­gaciones de justicia. Sabía recordar muy bien a sus compañeras, en las ocasiones oportunas, que les pagaban por dar clase y que por tanto falta­rían a la justicia si no pusiesen el debido interés en darlas bien. Sabía re­cordar igualmente a cierto joven, que se había llenado de deudas y que quería sin embargo mostrarse generoso, que había que ser libre antes de ser liberal. Pero no siempre resultaba fácil saber cuál era la obligación en medio de aquellas tempestades revolucionarias. Por eso pudo suceder muy bien que sor Rosalía tuviera que vérselas en algunas ocasiones con la justicia de los hombres. Un prefecto de policía tuvo que reprocharle en plena revo­lución que había puesto trabas a las investigaciones policiales. Pero ya hemos oído las magistrales respuestas que sor Rosalía dio a aquellos repro­ches y que, revelando toda su grandeza de alma, acabaron atrayéndole la admiración de los mismos empleados de la justicia y le valieron la cruz de honor.</p>
<p>La prudencia tenía realmente mucho que hacer en aquella vida tan ac­cidentada. Pero lo cierto es que representó magistralmente su papel.</p>
<h2>LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA</h2>
<p>También en el terreno de la templanza el trabajo que realizó sor Rosalía fue muy hermoso. Su fuerza de sabiduría, de vigilancia, de dominio de sí misma, supo conducir su vida entre los dos escollos de una vida fácil y de un excesivo rigor. Y esta sabiduría, vivida con una perfecta serenidad, dio a toda su vida un maravilloso encanto.</p>
<p>Se trataba de tener bien dominadas aquellas fuerzas tan vidas de una naturaleza pujante, ardiente, espontánea, de utilizar todas sus energías sin verse esclava de sus violencias, de mantener las riendas de todas aquellas fuerzas dentro de un temperamento bien controlado. Para eso era menester desplegar una constante vigilancia en contra de los sobresaltos siempre posi­bles de la fantasía. Sor Rosalía desplegó entonces toda aquella robusta y sa­na actividad, serena, dedicada a las más bellas tareas apostólicas, arrastran­do hacia su hermoso amor a los pobres a todas las demás potencias de su alma, encadenadas con las cadenas de oro de la caridad, dando así un magnífico empleo a sus impulsos de actividad. Esta actividad prudente y regulada, mortificando las tendencias capaces de comprometerlo todo en la obra tan hermosa de la prudencia, hacía reinar una paz perfecta en el reino de su espíritu.</p>
<p>La actividad de sor Rosalía se desplegaba con una facilidad llena de encanto y con una gravedad que parecía ser la irradiación divina de una presencia interior. En esta divina compañía, ella vigilaba con todo esmero para que todo en su vida sirviese de veneración al divino huésped de su alma. La visión de aquella piadosa e infatigable obrera de Dios, la visión de aquel rostro tranquilo, decidido, enérgico, de aquella mirada reposada y penetrante, que se fijaba limpia y amorosamente en su objeto, incluso en medio de los más trágicos acontecimientos, la visión de aquellas dos manos colocadas una sobre otra en un gesto de descanso, favorable al pensamiento y a las decisiones robustas, todo aquello daba una impresión de modera­ción, de fuerza contenida, de dominio de sí misma, con vistas a la acción. Esta fuerza interior lo mantenía todo en orden. Y aquel dominio perfecto resultaba asombrosamente natural.</p>
<p>La naturalidad que reinaba en toda la vida de sor Rosalía y que la ha­cía tan simpática en el seno de su enorme actividad, tanto en la compañía de sus pobres como en la de los más ilustres personajes, podría haber dado fácilmente la impresión de una virtud fácil, completamente natural, en donde no quedase mucho espacio para el esfuerzo y la mortificación. Pero en realidad, la naturalidad y la mortificación se compaginaban muy bien en ella. Sor Rosalía tenía el don de conjugar perfectamente estas dos cosas. Y hemos de creer que la mortificación, tal como ella la practicaba, contri­buía a darle sobre esos sentimientos aquel perfecto dominio que le permitía ser tan libre, tan natural en sus movimientos.</p>
<p>Por otra parte, cabe muy bien la posibilidad de ser mortificado sin tomar un aspecto austero.</p>
<p>Se ha advertido en varias ocasiones que sor Rosalía no se mostraba nunca descuidada en su forma de ser y de vestir. Esto supone una gran vigilancia.</p>
<p>Sabía mortificar cruelmente su vista cuando se presentaba la ocasión. Era muy modesta. Un día, al volver de una hermosa ceremonia, le pregun­taron: «Hermana, ¿se ha fijado usted en esto, en aquello?». «No». Y sor Rosalía guardó silencio. Insistieron: «Pero no es posible. ¿Es que estaba usted ciega?». Sor Rosalía entonces, seguramente con una pequeña sonrisa, dijo esta frase que habla elocuentemente de su espíritu de mortificación: «Tenía demasiadas ganas de verlo!». Y se había guardado mucho enton­ces de ver lo que tanto le habría gustado. ¿No se cuenta también cómo, en tiempos de san Vicente, una de las primeras hijas de la Caridad tuvo que pasar por medio del alegre espectáculo de las ferias, y cómo iba repitiendo, con los ojos bajos y las manos en las mangas apretando su crucifijo, estas hermosas palabras: «Jesús mío, tú eres más hermoso que todo eso».</p>
<p>Este control de sí misma, ejercido habitualmente sobre su naturaleza humana, la preservó necesariamente de muchos fallos. De hecho, la vida de sor Rosalía se desarrollaba con una corrección perfecta que podría hacer creer en que estaba libre de malas inclinaciones. No se le advertía nada de eso. No se lograba ver en ella ningún fallo.</p>
<p>Sus compañeras, que admiraban a su superiora v se sentían asombradas de semejante perfección, se pusieron de acuerdo un día en observar atenta­mente todos sus gestos y reacciones, con la secreta esperanza de poder con firmar por una especie de prueba negativa aquella sorprendente comproba­ción. Estaban convencidas de que aquella minuciosa investigación conse­guiría tan mínimos resultados que acabaría glorificando más su virtud.</p>
<p>Y así se hizo. No descubrieron en ella absolutamente nada que pudie­ra desmerecer en lo más mínimo de su virtud. Las tres investigadoras volvie­ron de su encuesta absolutamente vacías. La cosecha había sido nula.</p>
<p>Podría aplicarse muy bien a sor Rosalía aquella hermosa fórmula que utilizó unos siglos antes san <span class="domtooltips">Francisco de Sales<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">San Francisco de Sales (*<span class="domtooltips">Saboya<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Es un departamento francés situado en la región de Ródano-Alpes.  Territorio ambicionado por los reyes de Francia y Austria.El resultado fue una sucesión de invasiones por parte de los franceses y liberaciones apoyadas por España o los Imperiales</span></span>, 1566 - †Lyón 28 de diciembre de 1622). Obispo de Ginebra. Nació en el Castillo de Sales, de familia noble sus padres fueron Francisco de Sales de Boisy y Francisca de Sionnaz. A los 13 años viajó a París para estudiar con los jesuitas, después a la Universidad de París y de allí a la de Padua estudiando Derecho y Teología. Su deseo de ser sacerdote ya estaba presente pero oculto a su padre, solo su madre y amigos íntimos lo sabían. Al terminar de estudiar un acontecimiento ayudó a su ordenación: el canónigo de Sales, Luis de Sales, ayudado por el Obispo de Ginebra Claudio de Granier, hablaron con el Papa quien lo nombró como Deán del Capítulo de Ginebra, el nombramiento llegó de sorpresa para su padre, pero con tal nombramiento el padre aceptó la ordenación de su hijo ordenado sacerdote en 1593. A partir de ese momento ejerció el sacerdocio con bastante trabajo y dedicación. En 1594, fue hacia la zona de Chablais dominado por los herejes calvinistas. Su labor quedó manifestada con la visita del Obispo Granier 4 años más tarde cuando fue recibido por gran número de católicos, hecho que antes hubiera sido imposible. Los escritos con los que se sirvió fueron los que hicieron su primer libro de "Controversias" y revelaron el carácter de escritor de Francisco. Fue nombrado Obispo Coadjutor de Ginebra; viajó a Francia y llegó a hacerse amigo del secretario de <span class="domtooltips">Enrique IV<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rey de la casa destronada de Navarra (Enrique III, 1562-1610) y luego de Francia (1589-1610). Nació en el castillo de Pau (Bearne) el 14 diciembre 1553 y murió en París el 14 mayo 1610. Primero de la dinastía de los Borbones, era hijo de Antonio de <span class="domtooltips">Borbón<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">La Dinastía Borbón o Casas de Borbón (Bourbon en francés) es la dinastía originaria de la localidad francesa de Bourbon. Ha estado ligada a varios tronos, principalmente al español y al francés, así como en Dos Sicilias, Sicilia y el Ducado de Parma. Esta casa dinástica ha tenido varias ramas: Borbón-Parma, Borbón-Dos Sicilias, Borbón-Cádiz-Sevilla, Carlistas, Borbón-Braganza. En Francia, suceden a los <span class="domtooltips">Valois<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rama de la dinastía de los Capetos que gobernó Francia entre los años 1328 y 1589. Carlos de Valois inició en el año 1328 la sucesión del trono francés ocupado por los Capetos desde las postrimerías del siglo X, luego que los hijos de su hermano Felipe IV el Hermoso murieran si dejar un heredero varón. Felipe VI (1293-1350), Juan II, Carlos V, Carlos VI, Carlos VII, Luis XI, Carlos VIII, Luis XII (1462-1515), Francisco I, Enrique II, Francisco II, Carlos IX y Enrique III (1551-1589).</span></span> en 1589, en el orden cronológico siguiente: Enrique IV, Luis XIII, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X.</span></span>, duque de Vendóme y de Juana de <span class="domtooltips">Albret<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">El lordship de Albret (Labrit, Lebret), situado en Las Landas, dio su nombre a una de las familias feudales más importante de la Francia medieval. Sus miembros se distinguieron en las guerras locales de la época apoyando tanto a la corona inglesa como francesa. A finales del siglo XV habían obtenido de reyes sucesivos de Francia muchas concesiones territoriales. Juan de Albret se convirtió en rey de Navarra por su unión con Catalina de Foix. El ducado de Albret, unido a la corona de Francia fue concedido a la familia d'Auvergne en 1651, a cambio del Sedán y de Raucourt.</span></span>, reina pretendiente de Navarra. A la muerte de su madre en 1572, le sucedió en la teórica corona de Navarra con el nombre de Enrique III y el 18 de agosto de ese mismo año se celebraba su matrimonio con Margarita de <span class="domtooltips">Valois<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rama de la dinastía de los Capetos que gobernó Francia entre los años 1328 y 1589. Carlos de Valois inició en el año 1328 la sucesión del trono francés ocupado por los Capetos desde las postrimerías del siglo X, luego que los hijos de su hermano Felipe IV el Hermoso murieran si dejar un heredero varón. Felipe VI (1293-1350), Juan II, Carlos V, Carlos VI, Carlos VII, Luis XI, Carlos VIII, Luis XII (1462-1515), Francisco I, Enrique II, Francisco II, Carlos IX y Enrique III (1551-1589).</span></span>, hermana de Carlos IX. Días después tuvo lugar la matanza de San Bartolomé de la que se libró al abjurar de su religión (el calvinismo). No obstante, permaneció vigilado en la corte hasta que después de escapar se colocó al frente del ejército en defensa de la causa protestante. La muerte en 1584 del duque de <span class="domtooltips">Anjou<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">En el occidente francés, atravesada por el Loira y el Sarthe. Iniciada la guerra de los Cien Años sufrió la invasión inglesa. Especialmente dura fue la del ejército de Tomás, duque de Clarence, en 1412. Defendido en los primeros momentos por los duques de Bretaña cayó después en manos inglesas con el regente Bedford, que se atribuyó el título de duque de Anjou y de Maine.  Durante los 25 años que permaneció la dominación inglesa en Maine fue frontera de guerra y zona de «trincheras». Así, el último duque René recibió su reino asolado (ca. 1450) no sólo por los ingleses, sino por la soldadesca de ambos ejércitos. El siglo XVI supone un momento de resurgir general de la agricultura y comercio fluvial. Durante la Reforma constituía la segunda iglesia hugonote de Francia. Pronto surgieron las luchas correspondientes a las guerras de Religión. Saumur recibió como gobernador al íntimo amigo de Enrique IV, Duplessi Morney, verdadero «papa» de los hugonotes, que se mantuvo por más de 30 años, y fue en Angers donde, en 1598, preparó Enrique IV la llamada pacificación de Nantes. La región conoció una larga paz hasta 1789. En 1619, la regente María de Médicis se refugió en el territorio siendo nombrada gobernadora. Tomó parte en la sublevación de la Fronda  apoyando al Parlamento. En el siglo XIX el viejo ducado sufrió en la revolución un cambio administrativo, convirtiéndose en el departamento de Maine-et-Loire y cediendo algo al de Mayenne.</span></span>, hermano del rey francés Enrique III, le convirtió en heredero legítimo de la corona, pero el partido católico, capitaneado por el duque de Guisa, se dispuso a oponerse inmediatamente a tal <span class="domtooltips">designación<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acción de proveer un oficio o una función, por <span class="domtooltips">elección<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acto por el cual una persona es escogida por votación para un servicio de autoridad o de responsabilidad por mayoría absoluta o relativa de votos, conforme a las normas del derecho universal y del derecho propio. La elección es una práctica común en la Iglesia pero toda elección debe ser confirmada por la autoridad superior. En nuestra práctica, los resultados deben ser secretos por si, eventualmente, la Superiora se viera obligada a no aceptar la elección por una razón grave (Cf. CDC c. 179).</span></span> o por nombramiento.</span></span>, para lo cual en 1585 se restableció de acuerdo con Roma la Santa Liga, con objeto de extirpar la herejía al tiempo que impedir la subida al trono francés de Enrique de Navarra, quien por su parte se alió con Isabel I de Inglaterra. Por este motivo se encendió una nueva lucha dinástico-religiosa llamada de los Tres Enriques (Enrique III, Enrique de Navarra y Enrique de Guisa), que terminaría con la victoria de los protestantes. Asesinado Enrique de Guisa y otros jefes de la Liga por orden del rey, éste se dispuso a reconciliarse con el de Navarra con el propósito de reconquistar París, centro de la Liga capitaneada ahora por el duque de Mayena. En tal situación, Enrique III cayó asesinado por el puñal de Jacques Clement. En su lecho de muerte dejó como sucesor a Enrique de Navarra, que se encontró entonces con graves dificultades para ceñir la corona francesa. Ante la falta de un triunfo militar decidió convertirse al catolicismo y después de instruirse abrazó públicamente la fe católica el 25 julio 1593. París le abrió sus puertas el 22 marzo de 1594. Todo vestigio de oposición desapareció al serle concedida la absolución por Clemente VIII. La guerra contra España continuó hasta la paz de Vervins y el mismo añ o de 1598 Enrique IV firmó el edicto de Nantes que aseguraba a los protestantes la libertad de conciencia y les prometía una justicia imparcial, finalizando con ello las guerras de religión en Francia, al tiempo que comenzaba un régimen de tolerancia religiosa. Con todo, su catolicismo parece haber sido sincero, y su protección a las órdenes religiosas, así como su amistad con S. Francisco de Sales y S. Vicente de Paúl parecen confirmarlo. Asegurado en el trono, pudo dedicarse a la reorganización interior del país, ayudado en esta difícil tarea por los consejos y orientaciones del duque de <span class="domtooltips">Sully<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Maximiliano de Béthune, duque de Sully, nació en 1560 en Rosnu-sur-Seine, cerca de Nantes. Su familia convertida al protestantismo, disponiendo de escasos recursos, le envía en 1571 a la corte del rey Enrique de Navarra. Más tarde aconseja a éste abjurar la religión protestante para que la paz se instale por fin en el reino, pero a él mismo le importa conservar su fe. Enrique IV le nombra en 1598 superintendente general de las finanzas; se aferra entonces a la ruda tarea, que continuará con éxito  hasta la muerte del rey en 1610, de ordenar las finanzas del país, que administra de forma particularmente rigurosa; además, disminuye ciertos impuestos, favorece el transporte y la exportación de las mercancías suprimiendo un gran número de peajes y mejorando las vías de comunicación. Se ocupa paralelamente del desarrollo de la agricultura, que tiene como una prioridad, sin olvidar la defensa del país de la que se ocupa como gran maestro de artillería primero, luego como superintendente de las fortificaciones. Después del asesinato de Enrique IV, entra en conflicto con María de Médicis, regente del reino, y debe abandonar sus principales cargos. Se retira entonces a sus castillos de Sully-sur-Loire, y de Villebon; en esta última propiedad, situada también en el valle del Loira, es donde se apaga en 1641.</span></span>. Restauró la autoridad real, muy mermada a causa de la política de sus antecesores, quienes habían dejado a las provincias a merced de los gobernadores y grandes propietarios, libres para cometer toda clase de atropellos. Enrique IV corrigió tales abusos imponiéndoles lugartenientes y sometiéndoles a la inspección de unos comisarios. Una vez que el país estuvo fortalecido interiormente, Enrique IV vio la oportunidad para romper las hostilidades en el asunto de la sucesión de los ducados de Juliers y Cléveris; el rey, que había entrado en una alianza con la Unión Protestante de Alemania, iba a ponerse al frente de sus tropas cuando fue detenido por el puñal de F. Ravaillac, aunque antes había nombrado como regente a su segunda esposa María de Médicis. El 14 mayo 1610, cuando la carroza de Enrique IV pasaba por la calle parisiense de la Ferronnerie, un joven fanático saltó al estribo y atravesó de una cuchillada la aorta del rey, que murió en el acto. Enrique IV, el primero de los Borbones, fue también uno de los reyes más populares de Francia. Caballeroso, valiente, apasionado, supo ganarse la voluntad del pueblo. De sus relaciones ilícitas citaremos la de Gabrielle d'Estrés, Henriette de Balsac d'Entragnes, y la joven Charlotte des Essarts, de las que tuvo varios hijos bastardos. Su reinado, aunque no muy largo, preparó la hegemonía francesa en Europa y fue la base de la brillante época durante la cual Luis XIV ejerció su poder.</span></span> el Cardenal de <span class="domtooltips">Bérulle<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Pierre de Bérulle (4 de febrero de 1575 - 2 de octubre de 1629) fue un cardenal y escritor ascético francés. Desde su juventud, incluso antes de su ordenación, se consagró a la conversión de los protestantes. Buscó establecer en los hombres un vínculo de amor con la persona de Jesús. Escribió el Discurso sobre la abnegación interior. Introdujo el Carmelo en Francia aunque intentó introducir un nuevo voto de servicio para las religiosas que no fue aceptado por estas. En 1611, estimulado por san Francisco de Sales, fundó la Sociedad del <span class="domtooltips">Oratorio<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Congregación del Oratorio de San Felipe Neri (Congregatio Oratorii Sancti Philippi Nerii). Toma su nombre de la palabra latina “oratorii” (un lugar cerca de las iglesias usado después del rezo) y, posteriormente, de las prácticas de piedad. Congregación de sacerdotes seculares, iniciada por San Felipe Neri (1515-1595) cerca de la iglesia de Santo María en Vallicella (Roma) y erigida en 1575 por la bula "Copiosus in misericordia Deus" de Gregorio XIII. El Oratorio fue introducido en Francia por el cardenal Pedro de Bérulle.</span></span>, destinada a la educación del clero. Fue cardenal sólo los dos últimos años de su vida. Murió mientras celebraba la misa un día del mes de octubre de 1629.</span></span>, Antoine Deshayes y del mismo <span class="domtooltips">Enrique IV<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Rey de la casa destronada de Navarra (Enrique III, 1562-1610) y luego de Francia (1589-1610). Nació en el castillo de Pau (Bearne) el 14 diciembre 1553 y murió en París el 14 mayo 1610. Primero de la dinastía de los Borbones, era hijo de Antonio de <span class="domtooltips">Borbón<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">La Dinastía Borbón o Casas de Borbón (Bourbon en francés) es la dinastía originaria de la localidad francesa de Bourbon. Ha estado ligada a varios tronos, principalmente al español y al francés, así como en Dos Sicilias, Sicilia y el Ducado de Parma. Esta casa dinástica ha tenido varias ramas: Borbón-Parma, Borbón-Dos Sicilias, Borbón-Cádiz-Sevilla, Carlistas, Borbón-Braganza. En Francia, suceden a los Valois en 1589, en el orden cronológico siguiente: Enrique IV, Luis XIII, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X.</span></span>, duque de Vendóme y de Juana de <span class="domtooltips">Albret<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">El lordship de Albret (Labrit, Lebret), situado en Las Landas, dio su nombre a una de las familias feudales más importante de la Francia medieval. Sus miembros se distinguieron en las guerras locales de la época apoyando tanto a la corona inglesa como francesa. A finales del siglo XV habían obtenido de reyes sucesivos de Francia muchas concesiones territoriales. Juan de Albret se convirtió en rey de Navarra por su unión con Catalina de Foix. El ducado de Albret, unido a la corona de Francia fue concedido a la familia d'Auvergne en 1651, a cambio del Sedán y de Raucourt.</span></span>, reina pretendiente de Navarra. A la muerte de su madre en 1572, le sucedió en la teórica corona de Navarra con el nombre de Enrique III y el 18 de agosto de ese mismo año se celebraba su matrimonio con Margarita de Valois, hermana de Carlos IX. Días después tuvo lugar la matanza de San Bartolomé de la que se libró al abjurar de su religión (el calvinismo). No obstante, permaneció vigilado en la corte hasta que después de escapar se colocó al frente del ejército en defensa de la causa protestante. La muerte en 1584 del duque de <span class="domtooltips">Anjou<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">En el occidente francés, atravesada por el Loira y el Sarthe. Iniciada la guerra de los Cien Años sufrió la invasión inglesa. Especialmente dura fue la del ejército de Tomás, duque de Clarence, en 1412. Defendido en los primeros momentos por los duques de Bretaña cayó después en manos inglesas con el regente Bedford, que se atribuyó el título de duque de Anjou y de Maine.  Durante los 25 años que permaneció la dominación inglesa en Maine fue frontera de guerra y zona de «trincheras». Así, el último duque René recibió su reino asolado (ca. 1450) no sólo por los ingleses, sino por la soldadesca de ambos ejércitos. El siglo XVI supone un momento de resurgir general de la agricultura y comercio fluvial. Durante la Reforma constituía la segunda iglesia hugonote de Francia. Pronto surgieron las luchas correspondientes a las guerras de Religión. Saumur recibió como gobernador al íntimo amigo de Enrique IV, Duplessi Morney, verdadero «papa» de los hugonotes, que se mantuvo por más de 30 años, y fue en Angers donde, en 1598, preparó Enrique IV la llamada pacificación de Nantes. La región conoció una larga paz hasta 1789. En 1619, la regente María de Médicis se refugió en el territorio siendo nombrada gobernadora. Tomó parte en la sublevación de la Fronda  apoyando al Parlamento. En el siglo XIX el viejo ducado sufrió en la revolución un cambio administrativo, convirtiéndose en el departamento de Maine-et-Loire y cediendo algo al de Mayenne.</span></span>, hermano del rey francés Enrique III, le convirtió en heredero legítimo de la corona, pero el partido católico, capitaneado por el duque de Guisa, se dispuso a oponerse inmediatamente a tal <span class="domtooltips">designación<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acción de proveer un oficio o una función, por <span class="domtooltips">elección<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acto por el cual una persona es escogida por votación para un servicio de autoridad o de responsabilidad por mayoría absoluta o relativa de votos, conforme a las normas del derecho universal y del derecho propio. La elección es una práctica común en la Iglesia pero toda elección debe ser confirmada por la autoridad superior. En nuestra práctica, los resultados deben ser secretos por si, eventualmente, la Superiora se viera obligada a no aceptar la elección por una razón grave (Cf. CDC c. 179).</span></span> o por nombramiento.</span></span>, para lo cual en 1585 se restableció de acuerdo con Roma la Santa Liga, con objeto de extirpar la herejía al tiempo que impedir la subida al trono francés de Enrique de Navarra, quien por su parte se alió con Isabel I de Inglaterra. Por este motivo se encendió una nueva lucha dinástico-religiosa llamada de los Tres Enriques (Enrique III, Enrique de Navarra y Enrique de Guisa), que terminaría con la victoria de los protestantes. Asesinado Enrique de Guisa y otros jefes de la Liga por orden del rey, éste se dispuso a reconciliarse con el de Navarra con el propósito de reconquistar París, centro de la Liga capitaneada ahora por el duque de Mayena. En tal situación, Enrique III cayó asesinado por el puñal de Jacques Clement. En su lecho de muerte dejó como sucesor a Enrique de Navarra, que se encontró entonces con graves dificultades para ceñir la corona francesa. Ante la falta de un triunfo militar decidió convertirse al catolicismo y después de instruirse abrazó públicamente la fe católica el 25 julio 1593. París le abrió sus puertas el 22 marzo de 1594. Todo vestigio de oposición desapareció al serle concedida la absolución por Clemente VIII. La guerra contra España continuó hasta la paz de Vervins y el mismo añ o de 1598 Enrique IV firmó el edicto de Nantes que aseguraba a los protestantes la libertad de conciencia y les prometía una justicia imparcial, finalizando con ello las guerras de religión en Francia, al tiempo que comenzaba un régimen de tolerancia religiosa. Con todo, su catolicismo parece haber sido sincero, y su protección a las órdenes religiosas, así como su amistad con S. Francisco de Sales y S. Vicente de Paúl parecen confirmarlo. Asegurado en el trono, pudo dedicarse a la reorganización interior del país, ayudado en esta difícil tarea por los consejos y orientaciones del duque de <span class="domtooltips">Sully<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Maximiliano de Béthune, duque de Sully, nació en 1560 en Rosnu-sur-Seine, cerca de Nantes. Su familia convertida al protestantismo, disponiendo de escasos recursos, le envía en 1571 a la corte del rey Enrique de Navarra. Más tarde aconseja a éste abjurar la religión protestante para que la paz se instale por fin en el reino, pero a él mismo le importa conservar su fe. Enrique IV le nombra en 1598 superintendente general de las finanzas; se aferra entonces a la ruda tarea, que continuará con éxito  hasta la muerte del rey en 1610, de ordenar las finanzas del país, que administra de forma particularmente rigurosa; además, disminuye ciertos impuestos, favorece el transporte y la exportación de las mercancías suprimiendo un gran número de peajes y mejorando las vías de comunicación. Se ocupa paralelamente del desarrollo de la agricultura, que tiene como una prioridad, sin olvidar la defensa del país de la que se ocupa como gran maestro de artillería primero, luego como superintendente de las fortificaciones. Después del asesinato de Enrique IV, entra en conflicto con María de Médicis, regente del reino, y debe abandonar sus principales cargos. Se retira entonces a sus castillos de Sully-sur-Loire, y de Villebon; en esta última propiedad, situada también en el valle del Loira, es donde se apaga en 1641.</span></span>. Restauró la autoridad real, muy mermada a causa de la política de sus antecesores, quienes habían dejado a las provincias a merced de los gobernadores y grandes propietarios, libres para cometer toda clase de atropellos. Enrique IV corrigió tales abusos imponiéndoles lugartenientes y sometiéndoles a la inspección de unos comisarios. Una vez que el país estuvo fortalecido interiormente, Enrique IV vio la oportunidad para romper las hostilidades en el asunto de la sucesión de los ducados de Juliers y Cléveris; el rey, que había entrado en una alianza con la Unión Protestante de Alemania, iba a ponerse al frente de sus tropas cuando fue detenido por el puñal de F. Ravaillac, aunque antes había nombrado como regente a su segunda esposa María de Médicis. El 14 mayo 1610, cuando la carroza de Enrique IV pasaba por la calle parisiense de la Ferronnerie, un joven fanático saltó al estribo y atravesó de una cuchillada la aorta del rey, que murió en el acto. Enrique IV, el primero de los Borbones, fue también uno de los reyes más populares de Francia. Caballeroso, valiente, apasionado, supo ganarse la voluntad del pueblo. De sus relaciones ilícitas citaremos la de Gabrielle d'Estrés, Henriette de Balsac d'Entragnes, y la joven Charlotte des Essarts, de las que tuvo varios hijos bastardos. Su reinado, aunque no muy largo, preparó la hegemonía francesa en Europa y fue la base de la brillante época durante la cual Luis XIV ejerció su poder.</span></span>. Su encuentro con Santa Juana de <span class="domtooltips">Chantal<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Francisca Fremiot Chantal nació en Dijón el 23 de enero de 1572, hija de Benigno Fremiot y de Margarita de Barbissy, fervientes católicos de noble linaje. Habiendo quedado huérfana de madre a tempranísima edad, fue educada por una hermana mayor, bajo la guía solícita y afectuosa del abuelo. A la edad de 20 años contrajo matrimonio con Cristóbal II, barón de Chantal, y fue madre de seis hijos, de los cuales dos murieron niños. En 1601 un trágico incidente de caza le privó del marido. Profundamente impresionada, no quiso volver a casarse, aunque fuese requerida para esposa por los mejores partidos. Se consagró al Señor con voto de castidad y se dedicó totalmente a la educación de sus hijos, a prácticas devotas y a obras de caridad. En 1604 conoció en Dijón a S. Francisco de Sales y se puso bajo su dirección espiritual. La espiritualidad salesiana la transformó, dándole de nuevo aquella serenidad interior que desde largo tiempo buscaba en vano. S. Francisco la enseñó un método de oración simple y natural, que bien se avenía con sus deberes familiares, y le condujo a Dios por el camino del amor, con alegría interior en toda circunstancia de su vida. Las experiencias místicas de J. servirían después al santo para la composición de su Traité de Pamour de Dieu. Al mismo tiempo S. Francisco la exhortó a continuar el apostolado activo de la caridad hacia los pobres y los enfermos. Indiferente hacia su débil salud, llegó a ser el ángel consolador de los enfermos, con extraordinaria entrega especialmente en la época de las epidemias. Aquejada ella misma por el morbo, curó de manera milagrosa. El deseo de la vida religiosa, que había madurado mientras tanto en su corazón, pareció providencial a S. Francisco, que desde largo tiempo meditaba la fundación de una comunidad religiosa. Invitada por él, acto heroico no común y hoy difícilmente comprensible, pero con la aprobación de los familiares, entre los cuales el abuelo y un hermano obispo, abandonó su propia casa y sus propios hijos, para dar comienzo en Annecy (1610), en Saboya, a la comunidad de la Visitación (Salesas). El fin primitivo de la nueva familia religiosa debía ser el de visitar y asistir a los enfermos pobres en su domicilio, uniendo la vida activa a la vida contemplativa. J. fue su cofundadora con S. Francisco de Sales y la primera superiora. Sin embargo, la oposición del arzobispo de Lyón, al cabo de algunos años, obligó a los dos fundadores a transformar la Visitación en una Orden claustral, bajo la Regla de S. Agustín (1618). Las Constituciones, compuestas en colaboración por S. Francisco y por Juana fueron aprobadas por la Santa Sede en 1626. Muerto S. Francisco de Sales en 1622, encontró una nueva guía iluminada en S. Vicente de Paúl, propuesto por los dos fundadores para la dirección de la Visitación de París desde 1619. Su actividad para organizar y desarrollar la Orden fue incansable. De un intenso amor por el Señor tomó la fuerza de emprender largos y fatigosos viajes de un monasterio a otro, a fin de animar las nuevas fundaciones y vigilar la recta observancia de la Regla y la formación de las religiosas. A la muerte del fundador, la Visitación contaba con trece monasterios; a la muerte de la fundadora, en 1641, contaba con ochenta y seis. Aquejada de pulmonía en el viaje de retorno de París en 1641, expiró en el monasterio de Moulins el 13 dic., próxima a los setenta años de edad.</span></span> en 1604, acogiéndola como hija espiritual, dio como resultado la fundación del Instituto de la Visitación de la Santísima Virgen para mujeres jóvenes y viudas que querían vivir el llamado de Dios sin la rigurosidad de los conventos monacales. Después de una temporada atendiendo a las comunidades religiosas de su diócesis murió el 28 de diciembre de 1622 a los 56 años.</span></span>: «La forma de su vida era suave y amable. El fondo era severo. La serenidad, la igualdad de su ca­rácter ocultaban la práctica de la más austera mortificación».</p>
<p>Por otra parte, ¿acaso el cumplimiento de las obligaciones con toda perfección no es la más segura de las mortificaciones? Se ha hablado de la «mortificación del fervor», a saber, de ese ímpetu continuo de un alma, dedicada a realizar su vida con toda perfección, siempre despierta para el servicio de Dios, enderezando continuamente su esfuerzo en la alegría de un buen servicio.</p>
<p>El deber, bajo la forma de servicio a los pobres, estimulaba continua­mente a sor Rosalía. Había consagrado su vida a los pobres; deseaba darles todo su tiempo y no robar ni un solo esfuerzo a este hermoso servicio. Pues bien, los pobres llamaban continuamente a su puerta. Solamente por ese motivo estaba ya convencida de que no podía tener ni un solo momento de descanso.</p>
<p>Sin embargo, el descanso, sabiamente moderado, resulta necesario para todos. Y las compañeras de sor Rosalía intentaban procurar este beneficio a su buena madre.</p>
<p>Sor Rosalía acabó aceptando lo que ella llamaba «mi día de campo». Se trataba de bajar las pequeñas escaleras que llevaban al huerto de la casa de socorro, e ir a coger una docena de frutos de un peral que era el árbol más fecundo de aquel huerto. Llevaban ya varias semanas pensando en aquella excursión. ¡Nunca encontraban tiempo para ella! Por fin, una de las hermanas vio unos momentos libres, cogió de la mano a la buena madre, la arrastró al huerto. Estaban ya junto a las escaleras, cuando sonó la campanilla de la puerta. «Voy a ver quién llama -dijo la compañera-; entre tanto vaya usted bajando las escaleras». «No, no -replicó sor Rosa­lía—, volviendo sobre sus pasos-, es el Señor quien me llama. No quiere que yo abandone ni un solo instante mi servicio».</p>
<p>«El Señor me llama». Sor Rosalía tenía una idea muy elevada de la acción de Dios en el mundo y en las almas. Tenía una fe muy viva en la Providencia. Las más pequeñas señales de esa amable Providencia eran captadas inmediatamente por ella y regulaban su conducta. «¡El Señor me llama!». No ocurre nada sin el designio de Dios. El sonido de la campana era la llamada de Dios. Acudir a la llamada de Dios valía mucho más que todas las distracciones y todos los «días de campo».</p>
<p>Sor Rosalía renunció para siempre a su «día de campo».</p>
<p>Y volvió a su puesto de trabajo. Se encadenaba de nuevo a su cadena de oro, ceñida con un corazón alegre a su vida mortificada por amor a sus queridos pobres y a la gloria de Dios.</p>
<p>Prudencia, fortaleza, justicia, templanza, las grandes virtudes cardinales, esto es, fundamentales, de las que todas las demás no son más que aspec­tos más o menos modestos. Por ejemplo, la humildad, virtud modesta, pero que tiene su encanto dentro de su propia modestia. Por ejemplo la senci­llez, virtud también encantadora, con su mirada humilde y pura, cándida­mente fijada siempre en Dios, hacia el que se elevan todos los homenajes y en quien se fijan todos los pensamientos.</p>
<h2>HUMILDAD Y SENCILLEZ</h2>
<p>La humildad y la sencillez son dos virtudes especialmente queridas para sor Rosalía y singularmente meritorias en el papel de primer plano que ella tenía que representar dentro de su barrio tan turbulento y tan simpático a la vez. Sus hazañas caritativas, realizadas modestamente, sin boato de ninguna clase, sin apariencias, de la forma más natural del mundo, daban a su caridad un encanto que aumentaba su atractivo y la hacía contagiosa.</p>
<p>Sor Rosalía era ciertamente <em>humilde. </em>Había declarado al orgullo una guerra sin cuartel, en ella misma y en los demás. Perseguía sin piedad al amor propio. Para combatirlo utilizaba algunas expresiones de una energía que contrastaba tremendamente con la moderación habitual de su lenguaje. «Es nuestro enemigo capital -decía-. Buscadlo y lo encontraréis en el fondo de todas las cosas. Se disfraza para engañarnos y echarnos a perder. Pero es preciso que lo cojamos <em>del cuello y lo estrangulemos».</em></p>
<p>Y en otra ocasión decía: «Un grano de amor propio basta para quitar el mérito de una obra buena»&#8221;.</p>
<p>Hacía observar con prudencia -ya que la humildad es la verdad ­que «es una locura atribuirnos el éxito de algunas de nuestras empresas, puesto que se lo debemos al recuerdo de algún pobre que habrá rezado por nosotros o a la intervención de algún alma buena que no conocemos».Y oigamos finalmente esta interesante reflexión de su alma bondadosa: «Para impedir las caídas tenemos que apoyarnos en estas dos muletas, la confianza en Dios y la desconfianza en nosotros mismos. Y si alguna vez caemos, tenemos que hacer como los niños cuando resbalan, dan con la nariz en el suelo, se ponen a llorar, miran a su madre y se consuelan con ello y se levantan».</p>
<p>Preocupada por mantener a sus compañeras en la humildad, no les de­jaba la ocasión de admirarse a sí mismas después de un buen gesto. Inme­diatamente venía el correctivo lo.</p>
<p>Por lo que a ella se refiere, se lamentaba con toda franqueza de la esti­ma con qua la rodeaban: «¡No sé en qué está pensando esta gente! -de­cía-; los parisinos son así: ¡venir a consultarme a mí, que no tengo ni sentido común, ni inteligencia, ni formación! No hago más que decirles que me dediqué a guardar animales en mi tierra; pero no logro convencerles. Son seguramente mis pecados los que han hecho que caiga sobre mí esta publicidad».</p>
<p>«No soy más que una mala losa de vidrio -decía en otra ocasión-­<em>cuando se rompe, la sustituyen por otra que sea más bonita y más fuerte». </em>Otra vez le decían que una persona había hablado bien de ella; su contestación fue clara: «Está equivocado al hablar así, pero más aún al pensar de esa manera».</p>
<p>Un día recibió una carta llena de injurias de un individuo cuya mala conducta era la desesperación de una honrada familia, a la que sor Rosalía se sentía muy unida: «El me conoce bien -fue su comentario-; así es perfectamente como soy; ha hecho un retrato perfecto de mí».</p>
<p>No podía soportar que los pobres la llamasen su «bienhechora». «Lla­madme vuestra servidora -les decía-, o vuestra amiga, o vuestra herma­na. Eso es lo que realmente soy».</p>
<p>En su deseo de sacrificar su orgullo, se sentía dispuesta a mostrarse ge­nerosa con quienes la trataban mal. Un día, cuando escaseaban los recursos, se vio obligada a negar el dinero que le pedía una de las familias que asistía. «Bien, madre -le dijo una de sus hermanas que la conocía bien-; puesto que no quiere usted dar diez francos a esa pobre mujer, le diré que la injurie y entonces le dará usted veinte».</p>
<p>¡Qué revelación! ¡Qué luz proyecta todo esto sobre los ardores com­bativos de aquella alma sedienta de humildad y en lucha contra el orgullo que se empeña en estropearlo todo!</p>
<p>En efecto, sor Rosalía es la reina de su buen pueblo del barrio Mouffe­tard. A todos les resulta simpática. La acogen como a una reina, la aprecian, le agradecen sus favores, la defienden cuando tienen que hacerlo. Todo le resulta bien. No cabe duda de que a veces le llegan algunos ecos de gente que no acaba de comprenderla y que la critica; es la parte inevitable de prueba que hay en cualquier vida. Pero ella se da cuenta de que todo su pueblo la quiere y de que les hace mucho bien. El orgullo corre peligro de adueñarse de ella.</p>
<p>Pero tiene mucho cuidado de dejarse caer en la trampa. Sabe estar atenta. Delante de Dios, el único que merece gloria y alabanza, adoptará prudentemente y con fidelidad la actitud sincera de la humildad. Ya que no puede ocultar sus beneficios -puesto que todo se hacía a plena luz del día en aquel barrio tan singular, poblado de gentes sencillas y sinceras- se resignaba a aquella gloria y aceptaba su esplendor. Pero aprovechaba todas las ocasiones para rendir homenaje a la omnipotencia de Dios.</p>
<p>Saber de esta forma, reconociendo lealmente la debilidad radical de la naturaleza, acoger con toda serenidad, como regalos de Dios, los éxitos y los fracasos, y dominar de la misma forma las alegrías y las penas, la felicidad y la prueba, ser dueña de sí misma, pasara lo que pasara, en la calma y en el dominio de sí misma, todo eso es la mejor demostración de su noble sinceridad, que añade al valor de la humildad todos los encantos de la sencillez.</p>
<p>En efecto, la sencillez conserva la mirada dirigida hacia Dios en todas las circunstancias. No ve nada más que a él. Ese es su secreto. Y es también el secreto de sor Rosalía.</p>
<p>Esta visión de Dios da una gran naturalidad a la vida. Cuando una de las jóvenes compañeras de sor Rosalía no se atrevía a hacer alguna cosa por timidez, ella le decía: «¿Pero de qué tiene miedo? ¿No habla usted en nombre de Dios?». Y la mandaba actuar ante personas extrañas o la enviaba a hacer peticiones o reclamaciones a las oficinas administrativas. Con Dios y por Dios era lícito ser atrevido. Era él el que representaba el papel debido.</p>
<p>En contraposición, los hombres no tenemos ningún derecho a buscarnos a nosotros mismos y a resaltar nuestra presencia. «Sed como el agua limpia -decía sor Rosalía- que corre sin ningún sabor ni color; y así siempre». Ciertamente no hemos de dejarnos llevar de ese sentimiento infantil de vanagloria o de orgullo mundano, para producir sensación en los demás. Si hay que desplegar con generosidad todos los talentos y toda la destreza para servir a los demás y edificarlos, si hay que procurar desarrollar los talentos y la personalidad con esta intención, si hay que saber buscar la satisfacción del «trabajo bien hecho», hay que desterrar también el gusto por las soluciones baratas, por el vano placer de asombrar a la galería.</p>
<p>Por tanto, nadie tiene derecho a buscar las <em>apariencias. </em>Pero siempre había que estar en forma, perfectamente limpios y bien presentados. Sor Ro­salía daba ejemplo de ello. Los que la conocían decían a veces: «Está siempre tan impecable y tan en forma que podría ponerse en un escaparate». Y a pesar de todo, siempre procedía sin aspavientos, sin finuras, sin precipitación, dedicándose con sencillez a cualquier tarea, de cualquier clase que fuera, poniendo toda su sonrisa y su encanto en las cosas que quizás no tenían nada para hacer sonreír.</p>
<p>Un día se presentó entre los visitantes un pobre hombre desolado ¡Había perdido su caballo! Sor Rosalía podría seguramente buscarle uno. Lo necesitaba para poder ganarse la vida. Ante aquella insólita petición, sor Rosalía no frunce el ceño. Se ocupará del asunto. Apenas encuentra un <em>momento libre, va a buscar a un bienhechor: «Necesito un cab0o», le dice </em>sin remilgos. «La cosa es bien sencilla -le dice aquel hombre-. Vaya a mi cuadra y escoja el que más le guste». Pero allí no había más que caballos de raza, pura sangre. No se podía contar con ellos para tirar del carro o para labrar los campos. Lo que se necesitaba era un buen caballo de tiro. «Bien, vaya a comprarlo usted misma». Estupendo. Y allá va sor Rosalía, acompa­ñada de un buen tratante para asesorarla.</p>
<p>Y todo el mundo pudo verla volviendo al barrio Mouffetard, radiante de alegría, llevando al caballo de las riendas. ¡Una hermosa entrada triunfal por el barrio Moufetard!</p>
<p>¿No se había visto también un día al gran Fénelon, el ilustre arzobispo de Cambrai, volver del campo llevando de una cuerda a una vaca que se había escapado y extraviado por el campo, para devolvérsela a su pro­pietario?</p>
<p>Un alma grande puede realizar con elegancia las más humildes tareas. ¿No se decía de san Felipe Neri que sabía limpiar los platos «con manos de cardenal»?</p>
<p>«Nadie era tan sencilla como sor Rosalía -dirá una de sus compañe­ras-; hacía lo que hace todo el mundo; parecía como si fuera como todo el mundo; pero lo hacía todo con tanta perfección que resultaba inimi­table».</p>
<p>Sor Rosalía había hecho los tres votos religiosos: pobreza, castidad y obediencia. Y había hecho también el cuarto voto que hacen todas las Hijas de la Caridad: el voto de servir a los pobres.</p>
<p><em>;Servir a los pobres? </em>Ese fue, a los ojos de los hombres, el esplendor de su vida.</p>
<p>En cuanto a los otros tres votos, dejó ciertamente testimonios esplen­dorosos de su fidelidad. Vivía con pobreza en medio de los pobres. Su apre­cio de la castidad le inspiró, para sí misma y para sus compañeras, una se vera vigilancia en el empleo de las precauciones tradicionales que sirven de garantía y de defensa para esta delicada virtud. Además, mantuvo en su vida y en la de sus compañeras una intensa actividad caritativa, una inspira­ción apostólica de una excepcional energía, que creaba alrededor de sus almas un aire puro y vivificador. Por lo que se refiere a la obediencia, sor Rosalía fue en este terreno sencillamente heroica.</p>
<p>La fidelidad renovada incesantemente a estos grandes votos de la vida religiosa daba a la vida de sor Rosalía un gran aire de elegancia y de belle­za moral. Sus pobres la amaban por su bondad y por su generosidad, pero también por su dignidad de vida y por la calidad de su espíritu.</p>
<h2>POBREZA</h2>
<p>La pobreza que practicaba no le quitaba nada de su nobleza y distin­ción; lo único que hacía era acentuar en medio de sus queridos pobres su benevolencia y su desinterés. Todo era sencillo en la calle de l&#8217;Epée-de-Bois, en la casa, en los muebles, en la manera de vivir. «Procurad ahorrar en todo lo que pertenece a los pobres -decía-; Dios os colmará». Y se aho­rraba para ellos. Por aquel «banco de la Providencia» pasaba mucho dine­ro. Pero sor Rosalía practicaba, para sí misma y para su casa, la más es­tricta pobreza y el mayor desinterés.</p>
<p>Con frecuencia se recibían en su casa magníficos ramos de flores. Los floricultores, muy numerosos en aquel barrio, se complacían en recoger de sus arriates magníficas ofrendas para la buena madre. ¡Eran nreciosos! La buena madre los admiraba y les daba las gracias. Pero aquellos ramos es­pléndidos volvían a servir de magníficas ofrendas e iban a mostrar su mag­nificencia a casa de algún magnánimo bienhechor. En casa, incluso en la capilla, se contentaban con algunas flores modestas. «Esos ramos tan bonitos son demasiado para nosotras», decía sor Rosalía. Y añadía sonriendo: «Te­nemos que colocarlos. Esto será un buen negocio para los pobres». Y los agraciados con aquellos hermosos regalos, muy impresionados por una aten­ción tan delicada, no dejaban de abrir su cartera en aquella ocasión Para expresar su agradecimiento.</p>
<p>Sor Rosalía no guardaba nada para ella. Se despojaba de todo. Cuando murió, no encontraron nada que dar de lo que le hubiera pertenecido. Lo había dado todo.</p>
<p>Este austero espíritu de pobreza, esta vida sobria y vigorosa, prolongada días y días, años y años, formaba parte de la guardia robusta con que se rodea habitualmente la hermosa virtud de la castidad.</p>
<h2>CASTIDAD</h2>
<p>¡Delicada flor por la que velaba celosamente sor Rosalía! Los sentimien­tos del corazón, lo mismo que las relaciones exteriores, debían asegurar siempre, por su perfecta corrección y su nobleza, una parte en aquella guardia vigilante en torno a la que ha sido llamada «la bella virtud».</p>
<p>Las relaciones con los extraños tenían cine ser discretas. Los asuntos tenían que tratarse, incluso por parte de los señores eclesiásticos, teniendo en cuenta que era «la reverenda madre». Eran muchas las personas que venían a aquella casa. Las hermanas tenían c7ue introducirlas con todo respeto y retirarse a continuación. Si se trataba de algún asunto parroquial, de algún enfermo que visitar o que atender, tenían siempre que exponer el caso a la madre.</p>
<p>Sor Rosalía contaba mucho con la bendición de la obediencia, pero también con la virtud del impulso y de la alegría en las almas, consagradas totalmente a la obra de Dios, para ayudarles a pasar incólumes por medio de todos los peligros. En el barrio Mouffetard no faltaban los peligros; pero sor Rosalía cubría a sus hermanas con el manto de su oración y exponía continuamente a sus ojos aquel ideal de belleza moral que era el suyo pro­pio y del que sus hijas tenían que vivir en medio de los peligros del mundo.</p>
<p>Había que guardar en el corazón aquel ideal en todo su esplendor y buscar incansablemente su realización a través de un apostolado muy activo, manteniendo siempre el alma despierta y dispuesta a cualquier obra buena. Sor Rosalía era enemiga de las visitas inútiles; no quería que nadie perdie­ra el tiempo y dejara ocioso su espíritu. El alma, para mantener su salud, tiene que estar siempre ocupada, y ocupada en algo hermoso y digno del servicio de Dios. No tiene que arrastrarse indecisa en la inutilidad y la ocio­sidad; se vería pronto atrapada por las tentaciones que la acechan.</p>
<p>Todo era vida y actividad en la calle de l&#8217;Epée-de-Bois. Si por ventura alguna persona extraña se imaginaba que iba a poder entretenerse inútil­mente con sor Rosalía y saborear el encanto de su compañía de aquella hermana extraordinaria, probablemente se habría visto despedido con muy amables palabras. De todos modos, habrían tenido necesidad de camuflar su inutilidad, porque para ser recibido en casa de sor Rosalía era preciso venir a pedir alguna ayuda o bien venir a ofrecerse a sí mismo para servir en algo. No se conocían allí las visitas inútiles; se habrían visto pronto barri­das por el gran soplo de actividad apostólica que corría a través de toda la casa y que enardecía a todas las almas.</p>
<p>Sor Rosalía predicaba a sus hijas un gran despego de las cosas de este mundo y daba ella misma ejemplo de él. Pero había un sacrificio que no quiso imponerles nunca. Rodeada de compañeras a las que la divina Providencia había hecho nacer en familias particularmente sanas y cristianas y a las que la vida de comunidad y de magnífico apostolado hacía sobera­namente felices, creía plenamente en el beneficio de esta riqueza familiar y en el de este maravilloso soplo apostólico vivificador. Por eso no negaba nunca a sus compañeras el permiso para escribir a sus familias. Y como una de ellas, recién llegada, se creyera obligada a darle las gracias por ese favor, le respondió: «Créame, hermana, esta correspondencia no perjudicará a su perfección. No somos nosotras las que hemos de imponer sacrificios a nues­tros parientes cuando quieren saber algo de nosotras. Cuando se les escribe con frecuencia, se está menos preocupado que cuando se les escribe pocas veces».</p>
<p>Evidentemente, había que guardar cierta mesura en esta corresponden­cia familiar. Sor Rosalía sabía muy bien dosificar los permisos, si alguien abusaba de ellos. Pero en su escuela pronto aprendían todas a ser prudentes y a encontrar por sí misma esa mesura.</p>
<p>Personalmente, sor Rosalía escribía muy frecuentemente a Confort. Quería mucho a su madre y le debía mucho. Y los miembros de su numero­sa familia formaban un grupo tan vivo, tan servicial, tan distinguido en salud moral, en fortaleza cristiana, en unión fraternal, que era realmente edi­ficante mantener el trato con ellos. Escribir a Confort era con frecuencia enviar a aquellas tierras la expresión de una gratitud muy viva por los ser­vicios que le prestaban y la mejor ocasión para rumiar en el alma los bue­nos sentimientos de admiración por lo que había hecho y se seguía haciendo de bueno en su tierra, terminando aquella incursión al país natal en un ardiente y filial homenaje de alabanza a la bondad de Dios.</p>
<p>El año en que se quedó ciega no pudo escribirle ya a su madre, como de ordinario, para felicitarle por el nuevo año que iban a comenzar. Era la primera vez que faltaba a ello y tuvo por este motivo una gran pena. ¡Tenía un corazón tan tierno! Pero su ánimo había sido formado tan reciamente y se sentía tan vigorosamente apegado a su deber que pudo conservar en medio de sus múltiples obligaciones de estado toda la frescura de sus rela­ciones familiares. El renovado contacto con aquella excelente educación fa­miliar, lejos de hacerle olvidar sus deberes de estado, mantenía su gratitud y no hacía más que estimular su abnegación. Empapada por aquel aire puro y vivificador que era el recuerdo de su enérgica y hermosa educación, se alimentaba sin temor del mismo y hacía gozar de él a las demás.</p>
<p>Pero vigilaba con cuidado de la calidad de cualquier otro amor que entrase en las almas. El amor a la familia debía ser una cosa tan pura, tan vigorosa, tan noble, tan desinteresada como el amor a los pobres, como el amor a las compañeras, como el amor al deber, como el amor a la san­tísima Virgen, como el amor de Dios.</p>
<h2>OBEDIENCIA</h2>
<p>El corazón de sor Rosalía pertenecía irrevocablemente a Dios. Desde hacía mucho tiempo estaba acostumbrada al sacrificio, incluido el sacrificio más duro de todos, el de la voluntad personal. Se había entregado tan decididamente a Dios que, sin vacilación de ningún género, los obstáculos más duros con que tropezaba en su camino eran arrostrados alegremente y su­perados con un impulso vigoroso. En estas condiciones la obediencia, sin conocer tergiversaciones de ninguna clase, se hacía relativamente fácil y saboreaba los gozos de la victoria.</p>
<p>La Providencia permitió que sor Rosalía se encontrara en ciertas cir­cunstancias en que la obediencia exigía llegar al heroísmo. Y sor Rosalía fue heroica. Obedeció sin la menor recriminación, conservando un heroico silencio. Lo han demostrada suficientemente algunos de los episodios refe­ridos en estas páginas.</p>
<p>En algunas ocasiones se cernió cierto misterio en las intenciones de sus superiores respecto a ella. Y entonces ella evitó cualquier tipo de investiga­ción indiscreta y la más mínima crítica sobre su forma de proceder. Adoptaba con toda sencillez sus ideas y la conducta que le trazaban. «Muchas ve­ces nos hacemos ilusiones -decía-, nos ponemos a pensar en lo que igno­ramos, juzgamos sin tener gracia para ello, hablamos sin tener en cuenta aquellas palabras de la sagrada Escritura: Poned un candado en vuestra boca&#8230; Y ahí es donde está el mal. La comunidad está hecha a imagen de la iglesia. Hay una cabeza. Si la seguimos, estar seguras de no equivocarnos».</p>
<p>Sor Rosalía era fiel en el seguimiento de sus superiores. Acudía con fidelidad a recibir sus instrucciones. Todos los meses asistía a las conferen­cias que daba el superior general o el director a las hermanas sirvientes para recordarles sus obligaciones. Y al volver de aquellas conferencias, guardaba silencio sobre las observaciones que allí se habían hecho. Las com­pañeras sólo se daban cuenta de ellas por las pequeñas reformas que de allí se derivaban.</p>
<p>Fidelidad, discreción, acogida cordial y sin reticencias de las normas que se daban, observancia de las consignas recibidas: había allí buenos ejemplos que eran otras tantas lecciones de bien obrar y una garantía ex­celente de buen espíritu.</p>
<p>Puesta de este modo bajo la salvaguardia de la obediencia y mantenida por ella en la esfera de las bendiciones divinas, la vida de sor Rosalía podía desarrollarse con toda confianza: estaba segura de la protección del cielo. Todo deber de estado, por penoso o peligroso que fuera, se convertía en obra divina además de ser esfuerzo humano. Las grandes hazañas y las asombrosas maravillas de su vida no tienen por qué extrañarnos. La obe­diencia la había provisto divinamente de fortaleza y de sabiduría.</p>
<p>En aquel brillante jardín de virtudes que era su alma, la obediencia, a pesar de lo que pudiera parecer a primera vista y a pesar de la modestia con que se rodeaba, era a los ojos de Dios de las más vigorosas y resplandecientes. ¿No se ha dicho acaso de la obediencia que es la aureola de la santidad?</p>
<h2>GLORIA IN EXCELSIS DEO!</h2>
<p>Un alma así adornada es algo muy hermoso. Es como una exuberante vegetación de flores, brillantes o modestas, de colores suntuosos o de tintes más opacos, que se yerguen majestuosas o se ocultan humildemente entre las demás; todo aquel conjunto de virtudes, agrupadas en ricos cuadros dibujados por Dios y regados por la gracia divina, es un canto magnífico a su gloria.</p>
<p>Pero más que muchas otras, que vegetan perezosamente en una honrada mediocridad, una sola alma elegida, que valientemente y bajo la bendición de Dios cultiva hasta su plena expansión los dones de Dios, es la que mejor celebra por su belleza, por el orden y la armonía de su vida, por el esplen­dor de sus obras, la belleza, el orden, la armonía y el esplendor de las creaciones de la Santísima Trinidad.</p>
<p><em>Benedicite, universa germinantia in terra, Domino! Laudate et superexaltate eum in saecula!</em></p>
<p><em><br />
</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Luisa de Marillac, Carta 0508: A mi querida Sor Bárbara</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 00:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Correspondencia de Santa Luisa de Marillac]]></category>
		<category><![CDATA[Montmirail]]></category>
		<category><![CDATA[Portail]]></category>

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		<description><![CDATA[Hija de la Caridad, sierva de los Pobres enfermos Bernay Hoy, 2 de octubre (1655) Mi querida Hermana: Estoy muy preocupada por ustedes, al llevar tanto tiempo sin recibir sus noticias; esto me hace temer esté usted enferma; le ruego me lo aclare cuanto antes y me diga también cómo va la salud de Sor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hija de la Caridad, sierva de los Pobres enfermos</p>
<p>Bernay</p>
<p>Hoy, 2 de octubre (1655)</p>
<p>Mi querida Hermana:</p>
<p>Estoy muy preocupada por ustedes, al llevar tanto tiempo sin recibir sus noticias; esto me hace temer esté usted enferma; le ruego me lo aclare cuanto antes y me diga también cómo va la salud de Sor Lorenza. Haga el favor de decirme si ha recibido las cartas que le he enviado para nuestras Hermanas de Santa María del Monte, según lo que me había dicho usted de que tendría una proporción para hacérselas llegar. Recibimos cartas de ellas muy de tarde en tarde. Nuestra Sor María parece muy contenta y espero que cuando se haya pulido un poco será de provecho; es muy sensible a cualquier mal aunque sea ligero; de todas formas parece de carácter fácil y apacible.</p>
<p>Creo haberle dicho ya el estado deplorable de la pobre Polonia y la guerra tan grande que hay en ella: la admirable Providencia ha hecho que se difiriera la partida de nuestras tres Hermanas que allí iban destinadas, de tal manera que sólo han llegado a Ruán, adonde apenas llegadas les mandamos la orden de regresar a causa de las noticias de la guerra. Ya ven, queridas hermanas, si tenemos motivos de amar a esa divina Providencia y confiarnos en ella. ¡Sea bendita por siempre y que por siempre toda la Compañía le esté enteramente sometida! ¿No es acaso razonable? Le ruego, querida hermana, me diga cómo van en todos sus empleos, y créanme más que nunca en el amor de Nuestro Señor&#8230;</p>
<p>Nuestras Hermanas que habían marchado para ir a Polonia han regresado desde Ruán, a causa de las noticias de la guerra. Ruegue por ese pobre País y por mí, querida Hermana, su muy humilde hermana y servidora.</p>
<p>P.D. Todas nuestras Hermanas las saludan.</p>
<p>No sé si le he dicho que nuestra Sor Ana Hardemont ha dado comienzo al Establecimiento para el servicio de los pobres enfermos y dementes de las &#8220;Casitas&#8221;. Nuestro muy Honorable Padre está un poco mal de sus piernas, y el señor Portail ha ido a hacer un viaje no muy largo. Espero que no dejen ustedes de pedir por la conservación de ambos.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Vicente de Paúl, Carta 0826: A Antonio Portail, Sacerdote De La Misión, En Le Mans</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 00:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Correspondencia de Vicente de Paúl (Tomo 2)]]></category>
		<category><![CDATA[Portail]]></category>
		<category><![CDATA[San Lázaro]]></category>

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		<description><![CDATA[20 de marzo de 1646. Me olvidé de indicarle, antes de su partida, unos cuantos defectos que a veces se encuentran en las casas que se visita: 1.° Que se escuchan confesiones de personas que vienen de la ciudad, de los arrabales y de las aldeas; le ruego que se lo prohíba a todos nuestros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>20 de marzo de 1646.</p>
<p>Me olvidé de indicarle, antes de su partida, unos cuantos defectos que a veces se encuentran en las casas que se visita:</p>
<p>1.° Que se escuchan confesiones de personas que vienen de la ciudad, de los arrabales y de las aldeas; le ruego que se lo prohíba a todos nuestros padres y que les diga que si, como consecuencia de alguna misión que se ha hecho, vienen de nuevo a hablar con ellos algunos penitentes que se confesaron anteriormente para alguna <span class="domtooltips">consulta<span class="domtooltips_tooltip" style="display: none">Acto por el cual la autoridad competente solicita la opinión de personas escogidas por ella misma o designadas por el derecho universal y el derecho propio sobre un asunto determinado. Los pareceres recogidos constituyen uno de los elementos que permiten a dicha autoridad formarse una opinión y tomar la decisión que le parezca más conforme con el bien común.</span></span>, en ese caso podrán ir a atenderles en alguna parroquia cercana, que no sea de la ciudad ni de sus arrabales.</p>
<p>2.° Que algunos van a predicar a los monasterios de monjas; si se da ese caso, haga el favor de disponer que no vuelva a suceder esto.</p>
<p>3.° Que no siempre se tiene cerrada la primera puerta. Si la casa de Le Mans falta en esto, le ruego que ponga remedio, para que nadie entre sin llamar, y que haga lo posible para que los señores canónigos no permitan la entrada más que a los hombres, y que las mujeres no entren nunca en nuestra casa. Procure hacer que tomen esta precaución tan necesaria en las comunidades y que se dejen aconsejar en esto por algunas personas que conocen su importancia.</p>
<p>4.° Que fácilmente se dispensan algunos de las prácticas comunes. Conviene inculcar con mucho interés que se observe el orden de la jornada invariablemente y que se practiquen las santas costumbres y normas de la compañía. Que los superiores se den cuenta de la obligación que tienen de velar por ello, así como también de entregar cerradas las cartas del superior general, sin que puedan los superiores de las casas leer dichas cartas, y que esos mismos superiores tienen obligación en conciencia de enviarle al general las cartas de sus súbditos sin verlas, aun cuando los que las escriban quieran enseñárselas por respeto.</p>
<p>5.° Que a veces surgen ciertas divisiones en la comunidad y ciertas antipatías entre los espíritus. Póngase usted en las manos de Dios para unificarlos y cimentarlos en la caridad; pues éste tiene que ser precisamente uno de los efectos principales de la visita.</p>
<p>6.° Además, tiene que fijarse usted en las iglesias, en las pilas bautismales, en los altares, en las cruces que hay en el altar y en las procesiones, en los cementerios, etc., para que todo tenga la decencia necesaria y esté arreglado de la forma más digna que pueda permitir nuestra pobreza.</p>
<p>7.° Si es reprensible la tacañería, también lo es la facilidad para vender las cosas por encima de su valor; me parece que ambos defectos se pueden introducir en algunas casas, donde no cuidan mucho de esto y donde se dice que ponemos caras las cosas y que tenemos mucho dinero. Hay que recomendar el término medio entre estos dos extremos y observar lo que aquí se practica en la alimentación.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Oficio de Lectura: Miércoles de Ceniza</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 23:35:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Oficio de Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Nimes]]></category>

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		<description><![CDATA[OFICIO DE LECTURA Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día: V. Señor abre mis labios R. Y mi boca proclamará tu alabanza Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona: Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» Si antes del Oficio de lectura se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>OFICIO DE LECTURA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Señor abre mis labios<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Y mi boca proclamará tu alabanza</p>
<p>Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»</p>
<p>Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p></span> <span style="color: #ff0000;  "> Himno: LEVÁNTAME SEÑOR, QUE ESTOY CAÍDO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Levántame Señor, que estoy caído,<br />
sin amor, sin temor, sin fe, sin miedo;<br />
quiérome levantar, y estoyme quedo;<br />
yo propio lo deseo, y yo lo impido.</p>
<p>Estoy, siendo uno solo, dividido:<br />
a un tiempo muerto y vivo, triste y ledo;<br />
lo que puedo hacer, eso no puedo;<br />
huyo del mal y estoy en él metido.</p>
<p>Tan obstinado estoy en mi porfía,<br />
que el temor de perderme y de perderte<br />
jamás de mi mal uso me desvía.</p>
<p>Tu poder y bondad truequen mi suerte:<br />
que en otros veo enmienda cada día,<br />
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. 1. </span><span style="color: #000000;  ">Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 102 I &#8211; HIMNO A LA MISERICORDIA DE DIOS<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Bendice, alma mía, al Señor,<br />
y todo mi ser a su santo nombre.<br />
Bendice, alma mía, al Señor,<br />
y no olvides sus beneficios.</p>
<p>Él perdona todas tus culpas<br />
y cura todas tus enfermedades;<br />
él rescata tu vida de la fosa<br />
y te colma de gracia y de ternura;<br />
él sacia de bienes tus anhelos,<br />
y como un águila se renueva tu juventud.</p>
<p>El Señor hace justicia<br />
y defiende a todos los oprimidos;<br />
enseñó sus caminos a Moisés<br />
y sus hazañas a los hijos de Israel.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 2. </span><span style="color: #000000;  ">Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 102 II<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> El Señor es compasivo y misericordioso,<br />
lento a la ira y rico en clemencia;<br />
no está siempre acusando<br />
ni guarda rencor perpetuo;<br />
no nos trata como merecen nuestros pecados<br />
ni nos paga según nuestras culpas.</p>
<p>Como se levanta el cielo sobre la tierra,<br />
se levanta su bondad sobre sus fieles;<br />
como dista el oriente del ocaso,<br />
así aleja de nosotros nuestros delitos.</p>
<p>Como un padre siente ternura por sus hijos,<br />
siente el Señor ternura por sus fieles;<br />
porque él sabe de que estamos hechos,<br />
se acuerda de que somos barro.</p>
<p>Los días del hombre duran lo que la hierba,<br />
florecen como flor del campo,<br />
que el viento la roza, y ya no existe,<br />
su terreno no volverá a verla.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 3. </span><span style="color: #000000;  ">Bendecid al Señor, todas sus obras.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 102 III<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Pero la misericordia del Señor dura siempre,<br />
su justicia pasa de hijos a nietos:<br />
para los que guardan la alianza<br />
y recitan y cumplen sus mandatos.</p>
<p>El Señor puso en el cielo su trono,<br />
su soberanía gobierna el universo.<br />
Bendecid al Señor, ángeles suyos,<br />
poderosos ejecutores de sus órdenes,<br />
prontos a la voz de su palabra.</p>
<p>Bendecid al Señor, ejércitos suyos,<br />
servidores que cumplís sus deseos.<br />
Bendecid al Señor, todas sus obras,<br />
en todo lugar de su imperio.</p>
<p>Bendice, alma mía, al Señor.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Bendecid al Señor, todas sus obras.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Convertíos y haced penitencia.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> PRIMERA LECTURA<br />
Del libro del profeta Isaías Is 58, 1-12</p>
<p>EL AYUNO QUE AGRADA A DIOS<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Esto dice el Señor:</p>
<p>«Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.</p>
<p>Consultan mi oráculo a diario, muestran afán de saber mis caminos, como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no hubiesen abandonado los preceptos de Dios. Me piden sentencias justas, quieren tener cerca a su Dios y exclaman: &#8220;¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Para qué mortificarnos si tú no te fijas?&#8221;</p>
<p>Mirad: es que el día de ayuno buscáis vuestro interés y explotáis a vuestros servidores; es que ayunáis entre riñas y pleitos, dando puñetazos sin piedad. No es ese ayuno que ahora hacéis el que hará oír en el cielo vuestras voces.</p>
<p>¿Acaso es ése el ayuno que yo quiero para el día en que el hombre hace penitencia? Doblar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso llamáis ayuno, día agradable al Señor?</p>
<p>El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, desatar las coyundas de los yugos, dejar libres a los oprimidos, romper todas las cadenas; partir tu pan con el que tiene hambre, dar hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.</p>
<p>Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; tu justicia te abrirá camino y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».</p>
<p>Cuando destierres de ti los yugos, el gesto amenazante y las malas intenciones; cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.</p>
<p>El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, dará vigor a tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena no se agota; reconstruirás viejas ruinas, levantarás cimientos de antaño, te llamarán &#8220;Reparador de brechas&#8221;, &#8220;Restaurador de casas en ruinas&#8221;».<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO Is 58, 6. 7. 9; Mt 25, 31. 34. 35<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">El ayuno que yo quiero es éste -dice el Señor-: partir tu pan con el que tiene hambre, dar hospedaje a los pobres que no tienen techo. * Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».<br />
<span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Cuando venga el Hijo del hombre dirá a los que están a su derecha: «Venid, pues tuve hambre y me disteis de comer».<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SEGUNDA LECTURA<br />
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios<br />
(Cap. 7, 4&#8211;8, 3; 8, 5&#8211;9, 1; 13, 1-4; 19, 2: Funk, 1, 71-73. 77-79. 87)</p>
<p>CONVERTÍOS<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Fijémonos atentamente en la sangre de Cristo y démonos cuenta de cuán valiosa es a los ojos del Dios y Padre suyo, ya que, derramada por nuestra salvación, ofreció a todo el mundo la gracia de la conversión.</p>
<p>Recorramos todas las etapas de la historia y veremos cómo en cualquier época el Señor ha concedido oportunidad de arrepentirse a todos los que han querido convertirse a él. Noé predicó la penitencia, y los que le hicieron caso se salvaron. Jonás anunció la destrucción a los ninivitas, pero ellos, haciendo penitencia de sus pecados, aplacaron la ira de Dios con sus plegarias y alcanzaron la salvación, a pesar de que no pertenecían al pueblo de Dios.</p>
<p>Los ministros de la gracia divina, inspirados por el Espíritu Santo, hablaron acerca de la conversión. El mismo Señor de todas las cosas habló también de la conversión, avalando sus palabras con juramento: Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta, añadiendo además aquellas palabras tan conocidas: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo: «Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como la grana y rojos como escarlata, si os convertís a mí de todo corazón y decís: &#8220;Padre&#8221;, os escucharé como a mí pueblo santo que sois.»</p>
<p>Queriendo, pues, que todos los que él ama se beneficien de la conversión, confirmó aquella sentencia con su voluntad omnipotente.</p>
<p>Sometámonos, pues, a su espléndida y gloriosa voluntad, e, implorando humildemente su misericordia y benignidad, refugiémonos en su clemencia, abandonando las obras vanas, las riñas y la envidia, cosas que llevan a la muerte. Seamos, pues, hermanos, humildes de espíritu; abandonemos toda soberbia y altanería, toda insensatez, y pongamos por obra lo que está escrito, pues dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza, quien se gloríe, que se gloríe en el Señor, buscándolo a él y obrando el derecho y la justicia, recordando sobre todo las palabras del Señor Jesús, con las que enseña la equidad y la bondad.</p>
<p>En efecto, él dijo: Sed misericordiosos y alcanzaréis misericordia; perdonad y seréis perdonados; como vosotros hagáis, así se os hará a vosotros; dad y se os dará; no juzguéis y no seréis juzgados; en la medida en que seáis benignos, experimentaréis la benignidad; con la medida con que midáis se os medirá a vosotros.</p>
<p>Ajustemos nuestra conducta a estos mandatos y así, obedeciendo a sus palabras, comportémonos siempre con toda humildad. Dice, en efecto, la palabra de Dios: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.</p>
<p>De este modo, imitando las obras de tantos otros, grandes e ilustres, corramos de nuevo hacia la meta que se nos ha propuesto desde el principio y que es la paz; no perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO Is 55, 7; Jl 2, 13; cf. Ez 33, 11<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad; * porque el Señor, nuestro Dios, es compasivo y misericordioso y se arrepiente de las amenazas.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">No se complace el Señor en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Porque el Señor, nuestro Dios, es compasivo y misericordioso y se arrepiente de las amenazas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
<span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Laudes: Miércoles de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/laudes-miercoles-de-ceniza-3/</link>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 23:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Laudes]]></category>

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		<description><![CDATA[LAUDES (Oración de la mañana) INVOCACIÓN INICIAL V. Señor, abre mis labios R. Y mi boca proclamará tu alabanza. INVITATORIO Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>LAUDES</strong><br />
<em>(Oración de la mañana)</em></p>
<p>INVOCACIÓN INICIAL<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, abre mis labios<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Y mi boca proclamará tu alabanza.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> INVITATORIO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Venid, aclamemos al Señor,<br />
demos vítores a la Roca que nos salva;<br />
entremos a su presencia dándole gracias,<br />
aclamándolo con cantos.</p>
<p>Porque el Señor es un Dios grande,<br />
soberano de todos los dioses:<br />
tiene en su mano las simas de la tierra,<br />
son suyas las cumbres de los montes;<br />
suyo es el mar, porque él lo hizo,<br />
la tierra firme que modelaron sus manos.</p>
<p>Venid, postrémonos por tierra,<br />
bendiciendo al Señor, creador nuestro.<br />
Porque él es nuestro Dios,<br />
y nosotros su pueblo,<br />
el rebaño que él guía.</p>
<p>Ojalá escuchéis hoy su voz:<br />
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,<br />
como el día de Masá en el desierto;<br />
cuando vuestros padres me pusieron a prueba<br />
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.</p>
<p>Durante cuarenta años<br />
aquella generación me repugnó, y dije:<br />
Es un pueblo de corazón extraviado,<br />
que no reconoce mi camino;<br />
por eso he jurado en mi cólera<br />
que no entrarán en mi descanso»</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: CUANDO VUELTO HACIA TI DE MI PECADO.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Cuando vuelto hacia ti de mi pecado<br />
iba pensando en confesar sincero<br />
el dolor desgarrado y verdadero<br />
del delito de haberte abandonado;</p>
<p>cuando pobre volvime a ti humillado,<br />
me ofrecí como inmundo pordiosero;<br />
cuando, temiendo tu mirar severo,<br />
bajé los ojos, me sentí abrazado.</p>
<p>Sentí mis labios por tu amor sellados<br />
y ahogarse entre tus lágrimas divinas<br />
la triste confesión de mis pecados.</p>
<p>Llenóse el alma en luces matutinas,<br />
y, viendo ya mis males perdonados,<br />
quise para mi frente tus espinas. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. 1. </span><span style="color: #000000;  ">Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 50 &#8211; CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Misericordia, Dios mío, por tu bondad;<br />
por tu inmensa compasión borra mi culpa;<br />
lava del todo mi delito,<br />
limpia mi pecado.</p>
<p>Pues yo reconozco mi culpa,<br />
tengo siempre presente mi pecado:<br />
contra ti, contra ti solo pequé,<br />
cometí la maldad que aborreces.</p>
<p>En la sentencia tendrás razón,<br />
en el juicio brillará tu rectitud.<br />
Mira, que en la culpa nací,<br />
pecador me concibió mi madre.</p>
<p>Te gusta un corazón sincero,<br />
y en mi interior me inculcas sabiduría.<br />
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;<br />
lávame: quedaré más blanco que la nieve.</p>
<p>Hazme oír el gozo y la alegría,<br />
que se alegren los huesos quebrantados.<br />
Aparta de mi pecado tu vista,<br />
borra en mí toda culpa.</p>
<p>¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,<br />
renuévame por dentro con espíritu firme;<br />
no me arrojes lejos de tu rostro,<br />
no me quites tu santo espíritu.</p>
<p>Devuélveme la alegría de tu salvación,<br />
afiánzame con espíritu generoso:<br />
enseñaré a los malvados tus caminos,<br />
los pecadores volverán a ti.</p>
<p>Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,<br />
Dios, Salvador mío!,<br />
y cantará mi lengua tu justicia.<br />
Señor, me abrirás los labios,<br />
y mi boca proclamará tu alabanza.</p>
<p>Los sacrificios no te satisfacen;<br />
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.<br />
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:<br />
un corazón quebrantado y humillado<br />
tú no lo desprecias.</p>
<p>Señor, por tu bondad, favorece a Sión,<br />
reconstruye las murallas de Jerusalén:<br />
entonces aceptarás los sacrificios rituales,<br />
ofrendas y holocaustos,<br />
sobre tu altar se inmolarán novillos.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 2. </span><span style="color: #000000;  ">Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Cántico: LAMENTACIÓN DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE GUERRA &#8211; Jr 14,17-21<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Mis ojos se deshacen en lágrimas,<br />
día y noche no cesan:<br />
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,<br />
una herida de fuertes dolores.</p>
<p>Salgo al campo: muertos a espada;<br />
entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;<br />
tanto el profeta como el sacerdote<br />
vagan sin sentido por el país.</p>
<p>¿Por qué has rechazado del todo a Judá?<br />
¿tiene asco tu garganta de Sión?<br />
¿Por que nos has herido sin remedio?<br />
Se espera la paz, y no hay bienestar,<br />
al tiempo de la cura sucede la turbación.</p>
<p>Señor, reconocemos nuestra impiedad,<br />
la culpa de nuestros padres,<br />
porque pecamos contra ti.</p>
<p>No nos rechaces, por tu nombre,<br />
no desprestigies tu trono glorioso;<br />
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. 3. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 99 &#8211; ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Aclama al Señor, tierra entera,<br />
servid al Señor con alegría,<br />
entrad en su presencia con aclamaciones.</p>
<p>Sabed que el Señor es Dios:<br />
que él nos hizo y somos suyos,<br />
su pueblo y ovejas de su rebaño.</p>
<p>Entrad por sus puertas con acción de gracias,<br />
por sus atrios con himnos,<br />
dándole gracias y bendiciendo su nombre:</p>
<p>«El Señor es bueno,<br />
su misericordia es eterna,<br />
su fidelidad por todas las edades.»</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Dt 7, 6. 8-9<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> RESPONSORIO BREVE<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Me cubrirá con su plumaje.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Él me librará de la red del cazador.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CÁNTICO EVANGÉLICO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Cuando ayunéis, no os hagáis los melancólicos como los hipócritas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Bendito sea el Señor, Dios de Israel,<br />
porque ha visitado y redimido a su pueblo.<br />
suscitándonos una fuerza de salvación<br />
en la casa de David, su siervo,<br />
según lo había predicho desde antiguo<br />
por boca de sus santos profetas:</p>
<p>Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos<br />
y de la mano de todos los que nos odian;<br />
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,<br />
recordando su santa alianza<br />
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.</p>
<p>Para concedernos que, libres de temor,<br />
arrancados de la mano de los enemigos,<br />
le sirvamos con santidad y justicia,<br />
en su presencia, todos nuestros días.</p>
<p>Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,<br />
porque irás delante del Señor<br />
a preparar sus caminos,<br />
anunciando a su pueblo la salvación,<br />
el perdón de sus pecados.</p>
<p>Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,<br />
nos visitará el sol que nace de lo alto,<br />
para iluminar a los que viven en tiniebla<br />
y en sombra de muerte,<br />
para guiar nuestros pasos<br />
por el camino de la paz.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Cuando ayunéis, no os hagáis los melancólicos como los hipócritas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> PRECES<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Demos gracias a Dios Padre, que nos concede el don de iniciar hoy el tiempo cuaresmal; roguémosle que, durante estos días de salvación, la acción de su Espíritu purifique nuestros corazones y los llene de su amor, y digámosle:</p>
<p>Danos, Señor, tu Espíritu Santo.</p>
<p>Danos vivir de toda palabra<br />
que sale de tu boca.</p>
<p>Haz que practiquemos la caridad no sólo en los acontecimientos importantes,<br />
sino también en lo pequeño de nuestra vida de cada día.</p>
<p>Ayúdanos a privarnos de lo superfluo,<br />
para compartir lo nuestro con los hermanos necesitados.</p>
<p>Concédenos llevar en nuestros cuerpos la pasión de tu Hijo,<br />
tú que nos has vivificado en su cuerpo.</p>
<p></span> <span style="color: #ff0000;  "> Se pueden añadir algunas intenciones libres.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
Digamos al Padre, unidos a Jesús, la oración que él nos enseñó:<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Padre nuestro&#8230;</p>
<p>ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Amén.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Tercia: Miércoles de Ceniza</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 23:25:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Tercia]]></category>

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		<description><![CDATA[HORA TERCIA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: COMO EL FUEGO CALCINA Como el fuego calcina la madera reseca, cuando el pecado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>HORA TERCIA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: COMO EL FUEGO CALCINA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Como el fuego calcina<br />
la madera reseca,<br />
cuando el pecado nos domina,<br />
Espíritu de Dios,<br />
purifícanos.</p>
<p>Como el río derrama<br />
por la tierra sus aguas<br />
y hay flor y fruto en la rama,<br />
Espíritu de Dios,<br />
vivifícanos.</p>
<p>Como tu fuerte viento<br />
hizo en el mar camino,<br />
cuando haya duda y desaliento,<br />
Espíritu de Dios,<br />
ayúdanos.</p>
<p>Luz, Amor, Viento, Fuego,<br />
los caminos de éxodo<br />
enseña al hombre pobre y ciego.<br />
Espíritu de Dios,<br />
condúcenos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 118, 145-152<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Te invoco de todo corazón;<br />
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;<br />
a ti grito: sálvame,<br />
y cumpliré tus decretos;<br />
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,<br />
esperando tus palabras.</p>
<p>Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,<br />
meditando tu promesa;<br />
escucha mi voz por tu misericordia,<br />
con tus mandamientos dame vida;<br />
ya se acercan mis inicuos perseguidores,<br />
están lejos de tu voluntad.</p>
<p>Tú, Señor, estás cerca,<br />
y todos tus mandatos son estables;<br />
hace tiempo comprendí que tus preceptos<br />
los fundaste para siempre.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 93 I &#8211; INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS CONTRA LOS OPRESORES<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Dios de la venganza, Señor,<br />
Dios de la venganza, resplandece.<br />
Levántate, juzga la tierra,<br />
paga su merecido a los soberbios.</p>
<p>¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,<br />
hasta cuándo triunfarán los culpables?<br />
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,<br />
se jactan los malhechores;</p>
<p>trituran, Señor, a tu pueblo,<br />
oprimen a tu heredad;<br />
asesinan a viudas y forasteros<br />
degüellan a los huérfanos,<br />
y comentan: «Dios no lo ve,<br />
el Dios de Jacob no se entera.»</p>
<p>Enteraos los más necios del pueblo,<br />
ignorantes, ¿cuándo discurriréis?<br />
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;<br />
el que formó el ojo, ¿no va a ver?;</p>
<p>el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;<br />
el que instruye al hombre, ¿no va a saber?<br />
Sabe el Señor que los pensamientos del hombre<br />
son insustanciales.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 93 II<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Dichoso el hombre a quien tú educas,<br />
al que enseñas tu ley,<br />
dándole descanso tras los años duros,<br />
mientras al malvado le cavan la fosa.</p>
<p>Porque el Señor no rechaza a su pueblo,<br />
ni abandona su heredad:<br />
el justo obtendrá su derecho,<br />
y un porvenir los rectos de corazón.</p>
<p>¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,<br />
quién se coloca a mi lado frente a los malhechores?<br />
Si el Señor no me hubiera auxiliado,<br />
ya estaría yo habitando en el silencio.</p>
<p>Cuando me parece que voy a tropezar,<br />
tu misericordia Señor, me sostiene;<br />
cuando se multiplican mis preocupaciones,<br />
tus consuelos son mi delicia.</p>
<p>¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo<br />
que dicta injusticias en hombre de la ley?</p>
<p>Aunque atenten contra la vida del justo<br />
y condenen a muerte al inocente,<br />
el Señor será mi alcázar,<br />
Dios será mi roca de refugio.</p>
<p>Él les pagará su iniquidad,<br />
los destruirá por sus maldades,<br />
los destruirá el Señor nuestro Dios.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Ez 18, 30b-32<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> «Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpetrado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues yo no me complazco en la muerte de nadie -oráculo del Señor-. ¡Arrepentíos y viviréis!»</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, crea en mí un corazón puro.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Renuévame por dentro con espíritu firme.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Sexta: Miércoles de Ceniza</title>
		<link>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/sexta-miercoles-de-ceniza-3/</link>
		<comments>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/sexta-miercoles-de-ceniza-3/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 23:20:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sexta]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://somos.vicencianos.org/?p=67250</guid>
		<description><![CDATA[HORA SEXTA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: POR EL PECADO PRIMERO Por el pecado primero entró la muerte a la vida, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>HORA SEXTA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: POR EL PECADO PRIMERO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Por el pecado primero<br />
entró la muerte a la vida,<br />
y la muerte fue vencida<br />
por la vida del Cordero.</p>
<p>El Padre lo hizo pecado<br />
para salvar al caído;<br />
el que nunca había sufrido<br />
se quiso crucificado.</p>
<p>La humanidad pecadora<br />
está bien representada,<br />
mas la culpa fue lavada<br />
por la sangre redentora. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 122 &#8211; EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> A ti levanto mis ojos,<br />
a ti que habitas en el cielo.<br />
Como están los ojos de los esclavos<br />
fijos en las manos de sus señores,</p>
<p>como están los ojos de la esclava<br />
fijos en las manos de su señora,<br />
así están nuestros ojos<br />
en el Señor, Dios nuestro,<br />
esperando su misericordia.</p>
<p>Misericordia, Señor, misericordia,<br />
que estamos saciados de desprecios;<br />
nuestra alma está saciada<br />
del sarcasmo de los satisfechos,<br />
del desprecio de los orgullosos.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 123 &#8211; NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte<br />
-que lo diga Israel-,<br />
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,<br />
cuando nos asaltaban los hombres,<br />
nos habrían tragado vivos:<br />
tanto ardía su ira contra nosotros.</p>
<p>Nos habrían arrollado las aguas,<br />
llegándonos el torrente hasta el cuello;<br />
nos habrían llegado hasta el cuello<br />
las aguas espumantes.</p>
<p>Bendito el Señor, que no nos entregó<br />
como presa a sus dientes;<br />
hemos salvado la vida como un pájaro<br />
de la trampa del cazador:<br />
la trampa se rompió y escapamos.</p>
<p>Nuestro auxilio es el nombre del Señor,<br />
que hizo el cielo y la tierra.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 124 &#8211; EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Los que confían en el Señor son como el monte Sión:<br />
no tiembla, está asentado para siempre.</p>
<p>Jerusalén está rodeada de montañas,<br />
y el Señor rodea a su pueblo<br />
ahora y por siempre.</p>
<p>No pesará el cetro de los malvados<br />
sobre el lote de los justos,<br />
no sea que los justos extiendan<br />
su mano a la maldad.</p>
<p>Señor, concede bienes a los buenos,<br />
a los sinceros de corazón;<br />
y a los que se desvían por sendas tortuosas,<br />
que los rechace el Señor con los malhechores.<br />
¡Paz a Israel!</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">«Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Za 1, 3b-4b<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Así dice el Señor de los ejércitos: «Convertíos a mí, y me convertiré a vosotros. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: &#8220;Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras malas obras&#8221;, pero no me obedecieron.»</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Aparta de mi pecado tu vista.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Borra en mí toda culpa.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Nona: Miércoles de Ceniza</title>
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		<comments>http://somos.vicencianos.org/blog/2012/02/nona-miercoles-de-ceniza-3/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 23:15:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier F. Chento</dc:creator>
				<category><![CDATA[Nona]]></category>

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		<description><![CDATA[HORA NONA V. Dios mío, ven en mi auxilio R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Himno: CADA TARDE SE NOS VAN LOS DÍAS Cada tarde se nos van los días, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #ff0000;  "> <strong>HORA NONA</strong><br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Dios mío, ven en mi auxilio<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Himno: CADA TARDE SE NOS VAN LOS DÍAS<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Cada tarde se nos van los días,<br />
y cada tarde el tiempo pasa;<br />
se acaba nuestra vida cada tarde<br />
y miramos la muerte más cercana.</p>
<p>Déjame todavía gozar el milagro<br />
de tu luz, de tu sol, de tus albas;<br />
déjame gozar el milagro de sentirme vivo<br />
y de nacer para ti cada mañana.</p>
<p>Déjame, Señor, gozar de tu milagro<br />
al llegar una vez más la tarde mansa,<br />
porque tú eres el Dios de nuestras horas,<br />
el Dios oculto de nuestra esperanza. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> SALMODIA<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 125 &#8211; DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,<br />
nos parecía soñar:<br />
la boca se nos llenaba de risas,<br />
la lengua de cantares.</p>
<p>Hasta los gentiles decían:<br />
«El Señor ha estado grande con ellos.»<br />
El Señor ha estado grande con nosotros,<br />
y estamos alegres.</p>
<p>Que el Señor cambie nuestra suerte<br />
como los torrentes del Negueb.<br />
Los que sembraban con lágrimas<br />
cosechan entre cantares.</p>
<p>Al ir, iban llorando,<br />
llevando la semilla;<br />
al volver, vuelven cantando,<br />
trayendo sus gavillas.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 126 &#8211; EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Si el Señor no construye la casa,<br />
en vano se cansan los albañiles;<br />
si el Señor no guarda la ciudad,<br />
en vano vigilan los centinelas.</p>
<p>Es inútil que madruguéis,<br />
que veléis hasta muy tarde,<br />
los que coméis el pan de vuestros sudores:<br />
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!</p>
<p>La herencia que da el Señor son los hijos;<br />
una recompensa es el fruto de las entrañas:<br />
son saetas en mano de un guerrero<br />
los hijos de la juventud.</p>
<p>Dichoso el hombre que llena<br />
con ellas su aljaba:<br />
no quedará derrotado cuando litigue<br />
con su adversario en la plaza.</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> Salmo 127 &#8211; PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> ¡Dichoso el que teme al Señor<br />
y sigue sus caminos!</p>
<p>Comerás del fruto de tu trabajo,<br />
serás dichoso, te irá bien;<br />
tu mujer, como una vid fecunda,<br />
en medio de tu casa;</p>
<p>tus hijos, como renuevos de olivo,<br />
alrededor de tu mesa:<br />
ésta es la bendición del hombre<br />
que teme al Señor.</p>
<p>Que el Señor te bendiga desde Sión,<br />
que veas la prosperidad de Jerusalén<br />
todos los días de tu vida;<br />
que veas a los hijos de tus hijos.<br />
¡Paz a Israel!</p>
<p>Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.<br />
Como era en el principio, ahora y siempre,<br />
por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">Ant. </span><span style="color: #000000;  ">Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> LECTURA BREVE Dn 4, 24b<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> Rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga.</p>
<p><span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Mi sacrificio es un espíritu contrito.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> ORACIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> OREMOS,<br />
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por Cristo nuestro Señor.<br />
Amén<br />
</span><br />
<span style="color: #ff0000;  "> CONCLUSIÓN<br />
</span><br />
<span style="color: #000000;  "> <span style="color: #ff0000;  ">V. </span><span style="color: #000000;  ">Bendigamos al Señor.<br />
<span style="color: #ff0000;  ">R. </span><span style="color: #000000;  ">Demos gracias a Dios.<br />
</span> <span style="color: #000000;  "><br />
</span> </span></span></span></span></span></span></span></span></p>
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