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¡Guerra al cerumen!

CÉSAR NOMBELA. Tomado de ABC.

Navidad 2010, renace el mensaje de cada año al final de primera década del segundo milenio. La buena noticia surge una vez más. Como propuesta, como invitación a profundizar en el sentido de nuestras vidas. Acogerla es abrir la inteligencia y el corazón, aceptar que los seres humanos estamos hechos para la trascendencia. El hombre del siglo XXI no puede prescindir del conocimiento racional de la realidad, alcanzado tras siglos de reflexión, experimentación y análisis. Ni tiene que tener miedo a conocer más, está hecho para seguir indagando, formularse preguntas y tratar de responderlas. Pero, entre tanto interrogante, en medio de tanto asombro que el conocimiento nos trae, hay espacio para atreverse aún más, para enfrentarse a una pregunta fundamental. La del porqué y para qué de nuestras vidas. Cabe apartar de nosotros la pretensión de responder, podemos sentir que la pregunta nos desborda, incluso rebelarnos ante semejante atrevimiento. ¿Indagar en lo profundo? Desde luego que hace falta audacia, pero sólo desde el humilde reconocimiento de que podemos aspirar en encontrarnos con el Absoluto.

Los cristianos sabemos que todo se hizo más claro, más diáfano y accesible, cuando hace dos siglos y una década nos llegó, definitiva, la noticia buena. Esa noticia es nuestra propuesta al hombre de hoy y del futuro. Noticia encarnada en un niño. Noticia que se convierte en invitación permanente. Un camino trazado que sólo cabe recorrer individualmente, pero como parte de una humanidad. Entender que cada uno de nosotros cuenta para Dios. Que tenemos una vida para descubrirlo: «Buscarte has en Mí y a Mí buscarme has en ti» (Teresa de Ávila). Noticia buena la que empezó a llegar en la primera Navidad, porque está destinada a renovarse, año tras año, porque siempre podrá ser acogida.

NOTAS de MITXEL

1)      Nos pasamos la vida intentando adquirir (y enseñar) “rutinas” y, cuando las conseguimos, aborrecemos de ellas. Los ciclos litúrgicos (adviento, navidad, cuaresma, semana santa…) con sus fiestas más significativas parecen pertenecer a este tipo de realidades. ¿Es posible asumir que cada Navidad es una Buena Noticia? ¿Es diferente cada año? ¿Dónde está la clave para entender el misterio?

2)      A mi modo de ver, en el concepto que tengamos del “ciclo”. Lo más frecuente es entenderlo como “círculo cerrado” en el que el irremediablemente volvemos al punto de partida. La “rutina” se vuelve “rutinaria” y, por ello, acaba acongojando a la persona por no existir ningún progreso. No deja de recordarnos el mito griego de Sísifo (“obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada que antes de que alcanzase la cima de la colina siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio”. ¡Frustrante!

3)      ¿Y si entendiésemos lo ”cíclico” en forma de “espiral”?… ¿en forma de un “sin fin”?…  Creo que en esta situación podríamos ubicar el “ya sí pero todavía no” que popularizó la Teología de la Esperanza y que, en mi opinión, refleja y da sentido a la “Buena y Nueva Noticia de la Navidad”. Un encuentro nuevo que nos mueve hacia un futuro, únicamente limitado por la muerte personal. ¡Una vida para descubrir el sentido de nuestra existencia en medio de la humanidad. Para hacernos las preguntas fundamentales, preguntas que la insulsez del momento actual no tiene tiempo o ganas o valentía de hacerse. ¡No me compliques, no me “najes”, no me “vengas”… , y, esto, sí que es la vuelta al mito “sisifino”: ¡comamos y bebamos que mañana moriremos!…

4)      Afirmar, como afirma el texto, que el “ser humano está hecho para la trascendencia” no es políticamente correcto. Así lo escuchamos (por activa, por pasiva, por perifrástica, por acción, por omisión o por descalificación) entre los comunicadores que nos asaltan desde los medios. Así lo muestran la mayoría de los personajes públicos o famosos. ¡Cuán pocos se atreven a ir un poco más allá del momento!… Se silencia cuando alguien lo hace… Se cuestiona cuando alguien da un paso… Se desprecia cuando, desde la coherencia, se opta por vivir en el silencio, en la pobreza, en la sencillez… ¡Buena noticia para quien esté con los oídos abiertos!… ¡Guerra al cerumen!

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