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¡Pena sindical!
Asesores sin nadie a quien asesorar. Secretarias sin nadie a quien organizar. Cobrar un sueldo, pero no tener trabajo que hacer puede ser un sueño para muchos, pero sólo parece posible en RTVE, donde la difícil situación económica que atraviesan no impide que continúen produciéndose disparates sólo aptos para un guión parido por Groucho Marx.
Cuando el pasado mes de septiembre dimitía Héctor Maravall, el consejero de la corporación designado por CCOO, tras el escándalo de la censura previa en los informativos, nadie se paró a pensar en qué hacer con su asesor (todos los consejeros cuentan con uno) y su secretaria (también todos cuentan con la suya).
Así que Fernando Redondo, que es como se llama este asesor sin nadie a quien asesorar, lleva cuatro meses y medio cobrando el plus de 1.100 euros por esta función pero con las manos en los bolsillos. Porque esta labor le obliga a una dedicación exclusiva que le impide hacer el trabajo por el que cobra el grueso de su sueldo.
Eso sí, Redondo continúa acudiendo junto al resto del equipo de dirección a recibir al político de turno que visita la cadena siempre que es necesario. En similar situación se encuentra la hasta septiembre secretaria del dimitido Maravall. Cobrando por un trabajo que en realidad no tiene.
Ahora parece que el consejo, tan reticente a los recortes en sus privilegios, se plantea eliminar este asesor. Habrá que esperar para saber cuantas reuniones les lleva llegar a esta conclusión.
Tomado de EL MUNDO
NOTAS de MITXEL
1) Uno puede sonrojarse por muchas cosas pero todo tiene sus límites. La gama de los “rojos” puede llegar a la negrura y, como en las pinturas medievales, sólo puede ser reflejo de la muerte. “Muerto de vergüenza”. Es obvio que lo de menos, en este caso, es la afiliación. Lo denunciable (si es cierto) es el hecho en sí. Quizá sorprende se aplique a un sindicato obrero que, al igual que los partidos políticos, debieran dar ejemplo primario de honradez. Entre unos y otros provocan, con estos asuntos, un mal difícil de subsanar. De muy poco vale (aunque sea imprescindible) la subsanación del hecho por cuanto la sombras de la sospecha no se borran cual pintada mural.
2) Un tema me parece evidente y preocupante. Con él, una serie de interrogantes. ¿Por qué este tipo de cosas aparece en momentos de “vacas flacas”? ¿Todo es consecuencia del preceptivo ahorro? ¿En caso contrario nadie se preocupa de controlar este tipo de situaciones? ¿Es esto únicamente la punta de iceberg? ¿Es un hecho generalizado? ¿Basta con cortar el abuso? ¿Hay alguna obligación de restituir lo mal cobrado? ¿Ninguna autoridad tiene el valor coherente de dimitir? ¿Es la prensa el medio ordinario de denuncia? ¿Para qué están los comités de empresa? ¿Se aplica con más frecuencia de la deseable el principio de “hoy por mí, mañana por ti”?
3) La gravedad y permanencia de la actual crisis económica está sacando a flote no sólo este tipo de inmoralidades sino, lo que a mi modo de ver es más grave, la pérdida de virtudes personales y comunitarias. Cuestión que afecta no sólo a políticos y sindicalistas sino a una amplia gama de la sociedad. Desde el primitivo “que pague el Estado” al “todos lo hacen”. ¿Por qué yo no? De siempre se ha hablado (y loado) de “picaresca”; de siempre se ha descrito España como “un país de pícaros”. ¿Podemos asumir este hecho en el tópico? Craso error sería el hacerlo. Entre el “pícaro” (siempre en el umbral de la pobreza) y el sinvergüenza (aprovechado) hay una notable y denunciable diferencia.
4) Dos palabras acerca de los sindicatos “obreros” españoles (de cualquier pelaje). Refiero la primera a significación pública muy por encima de su representatividad y funciones. Cada manifestación de sus líderes hace mención a los “obreros” cual si con un 10% de afiliación representen a alguien más que a sí mismos. Añado la trasnochada costumbre de hablar sobre lo humano y lo divino; del permanente temor de la clase política a darles cancha en aspectos que no les corresponden. Bien les vendría aplicarse lo que “zapatero a tus zapatos”. Termino la segunda e inútil palabra. ¿Por qué un euro de subvención? Al margen de vivir los “liberados” (en casos que conozco con no más de dos horas de dedicación) ¿realizan alguna función social? ¿Cómo pueden tener la osadía de negar el pan y la sal a organizaciones dedicadas exclusivamente a ello? ¿Cuándo tomarán la decisión de vivir de las cuotas de sus asociados o de la “crucecita” en la declaración de la renta?… En tanto no ocurra, la independencia brillará por su ausencia. Simples beneficiarios de los presupuestos del Estado. ¡Pena!
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Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc…











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